El milagro de Alejandro Hohberg

De bebé, su padre se salvó de una tragedia de un avión; Hohberg hoy es figura en el fútbol peruano

El 10 de junio de 1958 sucedió un milagro por el cual hoy él está vivo. Su padre era un bebé y viajaba con su abuelo en un avión que salió desde Río con problemas y el piloto hizo un aterrizaje de emergencia en el cual hubo varios muertos. Pero su abuelo, el enorme Juan Eduardo Hohberg, salió ileso junto a su familia.

Su cédula uruguaya dice que nació en Lima, pero vivió casi toda su vida en Uruguay ya que se vino a los siete años. Alejandro Hohberg tiene 24 y ya impone su personalidad. Por más que venera lo que fue la figura gigante de su abuelo en el fútbol, también tiene una frase de cabecera: "Trato de no vivir de lo que hizo mi abuelo. No me tomo sus éxitos".

Estuvo varios años en Peñarol, club con el que su abuelo ganó siete Uruguayos y la primera Libertadores que se jugó. Sin embargo, no tuvo suerte. "Llegué hasta Tercera división en la que estuve ocho meses, pero llegó un momento en que no pude esperar más porque no se conseguían títulos en Primera y se contrataba a mucha gente. Me costó tomar la decisión de irme, pero necesitaba cambiar. Tenía los pasajes y viajé a Lima para arreglar con Alianza, pero no pude quedar porque a la hora de firmar contrato, no tenía la cédula peruana. Cuando volví a Montevideo estaban todos los torneos empezados, entonces Álvaro Regueira me llevó a jugar en la ELF de la Liga Universitaria".

Luego defendió un tiempo a Rentistas y cuando tenía todo arreglado con Universitario de Lima, cuyo técnico era Nolberto Solano, lo echaron y se quedó sin nada de nuevo. Allí arregló con Torque y perdieron la final de la B con Miramar Misiones.

Hasta que en 2014 pasó a Melgar de Perú. "Aunque nací acá (en Perú) –dice– cuando llegué (a los 22 años) a Arequipa era como estar en otro país para mí. El primer día no tenía idea de cómo manejarme, qué cocinarme y de a poco te vas acostumbrando a la distancia con tus seres queridos. Pero todo me ayudó a madurar".

"Nunca había jugado en la altura, pero me fui adaptando. Cuando jugamos en Cusco o Huancayo es complicado. Es mucha ventaja para los equipos locales. Allí vivía un piso debajo de Leao Butrón que estaba de arquero en la selección y con él hicimos gran relación. Estando en Arequipa, al principio no jugaba y cuando volvía a casa me sentía muy solo", recuerda.

Con Butrón tomaba mate "porque él había tenido a (el uruguayo) Julio Balerio de compañero y solo lo dejaba entrenar con él obligándolo a tomar mate. Entonces se acostumbró y le gustó".

Alejandro admite que "estar cerca de la selección de Perú es algo que me seduce", porque tiene claro que "es difícil poder llegar al combinado de Uruguay porque el nivel es muy alto". Es que el año pasado con Ricardo Gareca de técnico, estuvo preseleccionado para un amistoso ante Estados Unidos, pero finalmente no quedó.

En la altura de Arequipa vivió un momento insólito. "Estaba durmiendo y hubo un temblor muy fuerte de tierra que me despertó. Toda la gente salió a la puerta de sus casas según me contaron. Porque yo estaba tan cansado que seguí durmiendo. Mi compañero de cuarto bajó corriendo y yo pensé que era un sueño. Después que pasó, él me gastó porque no me levanté".

Luego fue taspasado a Universidad de San Martín de la capital peruana. "En Lima podés hacer más cosas porque es una ciudad muy grande. Pasé mejor que en Arequipa porque jugué más y cambié de estado anímico".

Ese equipo universitario casi no tiene hinchada y en una semifinal de Copa contra Alianza, el estadio estaba lleno de hinchas rivales.

"A los 4 minutos nos expulsaron a un defensor y para poner a otro, el técnico que era el argentino Cristian Díaz, me sacó. ¡Recién empezaba y yo tenía toda la ilusión en esa semifinal! Me dio una mezcla de rabia y vergüenza porque se me vino el estadio encima, me fui a las puteadas y cuando llegué al banco de suplentes, había un par de zapatos míos y los patee con la zurda (yo soy derecho)", cuenta.

Y agrega: "El tema es que rebotaron, pasaron por encima del técnico y se metieron 15 metros en la cancha. El árbitro tuvo que parar el partido y el entrenador no se dio cuenta. Perdimos 2-1 y después fue complicado con la prensa porque fue una mala actitud mía. Decían que yo le había pateado los zapatos a mi técnico, querían sanciones y que no debía jugar más. Cuando fuimos al próximo entrenamiento, el técnico le dijo al resto de los futbolistas que el primer jugador que confirmaba para la revancha era yo, aunque también indicó que me entendía pero que no justificaba lo que hice".

Alejandro vive su presente, piensa en el futuro y se tiene fe.


ESTUDIA PARA SER DT DE JUVENILES
En Perú

"Trujillo –en donde está ahora– es una ciudad bastante desarrollada y moderna, cómoda para vivir. El clima es bastante cálido y por estos días hace calor. Tiene playas del Pacífico a 20 minutos, aunque la arena es oscura. En los ratos libres estoy estudiando en un curso para ser entrenador de juveniles que organiza la Federación Peruana de Fútbol. En el equipo tengo de compañero a Rinaldo Cruzado –exjugador de Nacional–. Tengo una buena relación y es uno de los que se suma a los asados que hacemos. Cuando juegan Uruguay-Perú, hoy hincho más por Perú por mi profesión, estoy en una posición distinta desde que juego acá. Pero en mi círculo íntimo saben que hincho también por Uruguay. Es una posición complicada la mía. Hoy me siento a ver partidos de la selección peruana. Cuando estaba en Uruguay, jamás miraba un encuentro en el que jugara Perú. Puedo representarlo y me siento peruano".

LA NOVIA LE COCINABA
Y eso lo ayudaba

"Mi novia cuando estaba acá me cocinaba y me daba una gran mano. Volvió a Montevideo para estudiar y se extraña".


LA INFRAESTRUCTURA
Es mejor que en Uruguay

"El nivel futbolístico del fútbol peruano es inferior al uruguayo. Sin embargo, en infraestructura, está por encima".


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