El miedo como bandera

Los grandes no quisieron asumir riesgos, jugaron al pelotazo y dieron un pobre espectáculo
Nacional cambió drásticamente sus ideas. Peñarol no jugó a nada y terminó aferrado al empate. La batalla táctica de los entrenadores se sustentó básicamente en el miedo al riesgo.

Es que Nacional había sido hasta el clásico de ayer un equipo de propuesta. Con buenas y malas actuaciones. Pero un equipo con ideas claras: prolija salida del fondo, laterales que se soltaban en ataque y mucha gente de buen pie de mitad de cancha en adelante para generar circuitos de juego y llegadas masivas al área rival.

El domingo no. Fue otra cosa. Un equipo de respuesta que se preocupó desde la conformación de su oncena en maniatar al rival.

Gustavo Munúa pasó del 4-3-1-2 al 4-4-2 juntando por primera vez al Colo Romero, con Eguren y Porras en el mediocampo.

Peñarol no cambió el sistema. Siguió apostando por un 4-3-3 donde Pablo Bengoechea se decidió por Emilio Mac Eachen para darle mayor solidez al lateral izquierdo donde Diogo no ofrecía garantías de marca.

Y si bien eso no implicó cambiar en lo estructural sí lo llevó a resignar salida por abajo, mayor tenencia de atrás hacia adelante y capacidad de sorpresa para atacar por afuera.

La idea primaria de ambos entrenadores fue cuidar su arco antes que mirar el de enfrente.

Miedo a arriesgar, miedo a perder.

En ese contexto salió favorecido Nacional que en el arranque del partido presionó con una intensidad que partió el 4-3-3 de Peñarol divorciando a delanteros de volantes.

Esto llevó a que Forlán comenzara a retrasarse para buscar espacios. Y así llegó lo mejor de Peñarol en el partido. Unos 15 minutos. Tres chances de gol. Fue lo mejor del aurinegro. Muy poco.

El gol hizo que Nacional redoblara su postura cautelosa. Y también hizo variar a Peñarol que colocó a Forlán como enganche.

El cambio no surtió efectos. Eguren y Porras se hicieron dueños del mediocampo y un delantero como Iván Alonso, de 36 años, sembró terror en cada contragolpe.

El revulsivo aurinegro llegó con el ingreso de Martín Luque que le dio otra chispa al ataque, pero fue tanta la falta de claridad que solo a través de una pelota quieta pudo empatar un partido para el olvido.



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