El matrimonio que sueña con Río 2016

Un barco de US$ 26.000, viajes en camioneta por Sudamérica, calculadora para hacer una temporada europea en 2014 y falta de fondos para costear DT; así se arma el proyecto olímpico de Pablo Defazio y Mariana Foglia

En marzo llegó el barco desde Holanda. El primero de la clase Nacra 17 en arribar a Sudamérica. Desde entonces, Pablo Defazio y Mariana Foglia se embarcaron, entre ceñidas y vientos de popa, en su campaña olímpica rumbo a Rio de Janeiro 2016.

La nave costó US$ 26 mil. “Nos llevó una semana armarlo y empezamos a aprender a navegarlo. Fuimos de a poco subiendo el nivel de exigencia de viento. No queríamos romper nada, no hay repuestos en esta zona”, dijo Defazio a El Observador.

Casados desde 2008 y con una hija, Paula, de cuatro años y medio, Defazio y Foglia corrieron juntos por primera vez en 2002 en el Sudamericano de Asunción de la clase snipe. Compitieron el torneo de categoría mixta y fueron campeones.

Desde el año pasado, se convirtieron en pareja estable de esa clase. Pero ahora corren en Nacra 17, que desde 2016 se integrará al programa olímpico del yachting.

Si usted no tiene ni idea de vela, un Nacra 17 es un Fórmula 1 al lado de un snipe.

“El Nacra es extremo, podés ir a 24 nudos (43,2 kilómetros por hora) y además vas colgado. En snipe lo más rápido que se puede ir es 12 nudos (21,6 k/h)”, explicó Defazio, de 32 años.

Además, los barcos son totalmente distintos y por ende cambia la forma de navegarlos.

“Yo soy la tripulante, llevo la vela mayor que es inmensa. Me sigue impresionando cuando veo otro barco navegando. Al navegar, el barco se levanta y queda apoyado sobre uno de los cascos. Son como dos canoas unidas por una tela. A veces volás y el barco es difícil de controlar. Nos dimos golpes salados porque vamos colgados. Un solo milímetro de la colocación de un pie hace la diferencia del control del barco. Son movimientos muy finos”, contó Foglia, hermana del olímpico Alejandro, octavo en laser standard en Londres 2012.

Foglia, de 31 años, acaba de terminar una maestría en Ciencias Biológicas. 

“El Mundial que corrimos nos enseñó mucho. En el Nacra hay que tomar decisiones en el momento, no hay tiempo para consultarlas. No es como el snipe. A veces el barco se te da vuelta y hay que resolverlo cómo sea para seguir”, agregó.

En julio, el matrimonio tuvo su primera experiencia competitiva. Fueron al Mundial de La Haya (Holanda) y terminaron en el puesto 55.

“El objetivo era correr. Fuimos a aprender, a ver cómo navegan los demás”, dijo Defazio.

El lunes, llenaron de nafta la camioneta, cargaron el barco en un trailer y emprendieron viaje rumbo a Porto Alegre donde el jueves comienza el primer Sudamericano de la categoría.

“Queremos estar entre los tres primeros. Por ahora, hay pocos barcos en la región, seremos ocho o nueve”, contó.

Viajar a competir en este torneo cuesta US$ 1.500. “La Dirección Nacional de Deportes nos dijo que este dinero nos lo van a reembolsar”.

Las cifras ayudan a comprender lo oneroso que es realizar esta actividad.

“Para el Mundial nos tuvimos que comprar otro barco que nos va a servir para hacer campaña en Europa el año que viene”, dijo Defazio, dueño de VMG Uruguay, un taller de velas.

“La idea es hacer cinco campeonatos y cerrar la gira con el mundial del año que viene, que es la primera etapa puntuable para la clasificación a los Juegos. Sabemos que no vamos a clasificar ahí, somos realistas. Pero la idea es seguir aprendiendo”, adelantó.

El matrimonio cuenta con el apoyo de la empresa Punta Ballena en esta campaña olímpica. “La gira por Europa saldrá alrededor de US$ 50 mil”, confesó. “Entrenador no tenemos porque no tenemos fondos para costearlo”, agregó. “No tiene por qué ser alguien de afuera que conozca la clase. Tiene que ser alguien que le interese el proyecto, que nos acompañe en los torneos y que quiera crecer con nosotros”, dijo Defazio. Así se va armando una campaña olímpica. Y en Porto Alegre puede llegar el primer éxito.  


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