El mate sagrado

Gargano recordó cómo fue el encuentro con el papa Francisco, al que le convidó un amargo este año. ¿Qué hizo con el mate?

Nueve y media de la mañana. Walter Gargano le pasa un mate a Gabriel Paletta. Cuando el argentino –recientemente nacionalizado para jugar por la selección de Italia– se lo devuelve, el Mota se queja de que le dejó agua abajo. La ronda de los jugadores sudamericanos se armó enseguida.

Es 1º de febrero de 2014, y el plantel de Parma, en el marco de su centenario, fue llevado al Vaticano para visitar al Papa Francisco.

Pero las puertas no se abrieron hasta el mediodía. Razón por la cual varios se congratularon con la idea de que el único uruguayo del plantel llevara el amargo para dejar pasar las horas compartiendo una charla.

De pronto se anunció el turno de ingresar de los jugadores de Parma y allá fue el sanducero con la ilusión del único gesto que veía viable en la ceremonia: darle la mano al Sumo Pontífice.

El protocolo lo inició, como era de esperar, el presidente de Parma que apoyado por sus colaboradores comenzó a surtir de presentes a Francisco: distintivos del club, merchandising y hasta quesos de la zona de Parma.

Ya varios representantes de clubes habían desfilado por la sede del sumo pontífice para ofrendarle camisetas.

Pero ese día ocurrió algo especial e inesperado. Gargano, con el termo debajo del brazo y el mate en una mano, se vio sorprendido.

El Papa rompió el protocolo y lo encaró. El propio futbolista se lo cuenta a El Observador a la salida del entrenamiento: “Resulta que cuando entramos el presidente le estaba entregando los regalos y yo estaba tapado. En eso giro y el Papa me ve de costado. Lo escuché que le dice al presidente ‘No, no, muchas gracias’. Y me encara y me dice ‘Usted no me ofrece el mate’. ¡Pah”! Quedé helado. Estaba con el mate desde las nueve y media de la mañana y lo vimos a las 12.30 del mediodía.¡Me quería morir!”, comienza diciendo Gargano aclarando que “me han llamado de todos lados para hablar de esto pero me da un poco de vergüenza contarlo, porque van a decir que aprovecho para hablar del Papa”.

Claro, el tema era cómo estaba ese mate que estuvieron compartiendo los jugadores desde las 9.30. El Motita se mató para acomodarlo.

“Lo preparé y todo pero estaba medio lavadito, pero se lo tomó igual. Un fenómeno. ¿Qué le dije? Lo que me surgió espontáneamente en ese momento: ‘Usted sí que sabe tomar el mate, no dejó agua abajo como varios argentinos’, contó Gargano entre risas a El Observador. Francisco sonrió y alzó el pulgar.

Mientras Francisco tomaba el mate la charla se extendió un ratito con el Motita como centro de atención del acto.

“Y ahí salió el tema de la gente sudamericana que estaba en el club, se los presenté a todos y cuando termina de tomar y me devuelve el mate la delegación empezó a aplaudir como si fuera algo importantísimo que yo le haya dado el mate al Papa. Y me marcó eso porque son cosas que te quedan para toda la vida”, agregó el sanducero.

Apenas abandonaron el lugar Gargano y sus compañeros, comenzaron las repercusiones del encuentro. El volante de la selección uruguaya describió su felicidad a través de su cuenta de twitter.

“Mate para la historia”, “Inolvidable”, “Felicidad”, tuiteó el Mota junto a fotografías del Papa Francisco bebiendo el mate que le cebó en medio de los nervios para no entregarle un amargo lavado, una especia de pecado imperdonable para los uruguayos.

Enseguida el club Parma subió a su web el video de la visita donde se pudo apreciar el momento en que el Papa Francisco sorprende a Gargano al verlo con termo y mate bajo el brazo.

La imagen deja constancia de que el Papa le expresa al uruguayo: “Solo un uruguayo es capaz de hacer eso”.

Luego de probar la infusión, Francisco recuerda que el presidente uruguayo José Mujica también trajo el mate al Vaticano.

Parma describió el hecho como uno de los más impactantes del encuentro al expresar en un comunicado “que la atmósfera íntima del encuentro se potenció cuando el Papa pidió compartir un mate a Gargano”.

Lo que muchos se preguntarán es ¿qué hizo el Mota con el mate que le pidió el Papa Francisco? ¿Se lo regaló? ¿Lo sigue utilizando? ¿Lo llevó al Complejo de la AUF?

Ni una cosa ni la otra. El mate y la bombilla ya forman parte de su museo personal según contó el volante surgido en Danubio a El Observador: “La bombilla y ese mate no se tocan nunca más. Se quedan para mí en una vitrina y no lo pienso mover”.

Solo un uruguayo podía vivir eso. Por ese signo distintivo de pasear con el mate abajo del brazo. Y la bendición le tocó al Mota. Que ahora guarda ese mate como uno de sus más divinos tesoro. l


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