El marketing pesa más

El astro de la NBA renunció a la selección entre rumores de que UnderArmour, con quien negocia un contrato de $343 millones, presionó para que no se ponga la camiseta de Nike

Al Team USA de básquetbol siempre le costó generar empatía en su país. Sólo los mejores Dream Teams, que reunían a lo mejor de la NBA, lograron que el gran público yanqui –siempre dispuesto a mirarse el ombligo– le prestara atención. La tarea de unificar a los mejores se encontró con obstáculos, entre ellos que no es una prioridad real para las máximas estrellas. Por eso conseguir a Kevin Durant, MVP de la temporada regular 2013/2014, era una gran noticia de cara al próximo mundial de España.

Sin embargo, “Durantula” sorprendió el jueves cuando anunció su renuncia a la selección para el Mundial. Argumentó agotamiento físico y mental tras la temporada de la NBA, un cansancio lógico pero llamativo teniendo en cuenta que el torneo terminó hace dos meses, y que venía entrenando desde junio con el equipo.

Pero muchos hicieron hincapié en el detalle que ocurrió pocas horas antes, cuando se supo que a Durant negocia un contrato casi sin precedentes en la historia del marketing deportivo: 343 millones de dólares por 10 años con UnderArmour, una de las marcas deportivas de mayor crecimiento en el mundo. Ocupa desde el año 2003 un lugar entre las 500 empresas más grandes de EEUU, y viene sumando figuras como para competirle de igual a igual a Nike.

Aunque las partes no lo dijeron públicamente –desde USA Basketball sería suicida pelearse con una de sus mayores figuras- la ecuación es simple: la selección es vestida por Nike, y a su mayor competidor no le haría gracia gastar esa cifra para que su estrella se ponga la pipa en su pecho.

Es cierto que también pesó el miedo a lesiones -la que sufrió Paul George en la espalda congeló a varios- y que su equipo Oklahoma presionó. También que esa decisión difícilmente podría haberse dado en otros países, y de hecho Emanuel Gibnóbili peleó hasta donde pudo para estar en el Mundial, hasta que San Antonio se lo prohibió para evitar una recaída en su lesión. Pero marca el mayor antecedente de una tendencia que empieza a vislumbrarse en el deporte mundial: las empresas pagando más que los equipos y selecciones, y por ende, teniendo mayor autoridad que ellos en las decisiones de las estrellas. l


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