El manual de la perfección

Las razones por las qué el Bayern Múnich de Guardiola es por ahora mejor que el de Jupp Heynckes

El listón estaba muy alto para Pep Guardiola. Bayern Múnich venía, de la mano de Jupp Heynckes, de ser campeón de la Champions tras aplastar a Barcelona en el camino, campeón con mayor antelación en la historia de la Bundesliga e histórica triple corona al adjudicarse también la Copa de Alemania. Mejorar un equipo en crisis puede ser un juego de niños en comparación con mejorar una máquina perfecta. Pero Guardiola está bien encaminado a hacerlo.

Su equipo venció el martes 3-1 a Hertha Berlín por la 27ª fecha de la Bundesliga y se proclamó campeón superando el récord del Bayern del año pasado, que de la mano de Heynckes dio la vuelta en la 28ª jornada, seis etapas antes del final.

Si Guardiola terminó haciendo de la Liga española un torneo aburrido –por la abrumadora forma de superar a los rivales–, la Bundesliga va por el mismo camino.

Entre la era Heynckes y la era Guardiola, Bayern encadena 52 partidos sin conocer la derrota por el torneo local. La última vez que perdió fue el 28 de octubre de 2012 por la novena fecha de la temporada pasada, 2-1 ante Bayer Leverkusen.

Aquel equipo de Heynckes terminó con 91 puntos. Este de Guardiola tiene 77 y puede llegar a 98 si gana lo que le queda.

¿Qué mérito tiene el catalán al tomar un equipo con un funcionamiento aceitado y un equipo ganador?

En primer lugar, mantener el instinto competitivo y las ansias de superación en el plantel.

Después, incorporarle al equipo su impronta sin quitarle la esencia que ya tenía.

El cambio posicional de Philipp Lahm de lateral derecho a volante central (el famoso mediocentro del esquema de Guardiola) fue clave en el rediseño del equipo.

“Es el jugador más inteligente que he entrenado en mi vida”, dijo Pep tras ganarle la final de la Supercopa europea al Chelsea de José Mourinho, en el inicio de su ciclo. Bayern la pasó mal en aquel partido con Toni Kroos jugando como mediocentro. Hasta que Lamm ocupó el puesto y el equipo cambió.

Pero Guardiola, que en Barcelona prescindió de Zlatan Ibrahimovic y que llegó a alinear equipos sin delanteros netos y ser igualmente una máquina ofensiva, no renunció en Bayern a jugar con un centrodelantero grandote, más apto para el juego aéreo que al dribbling en una baldosa.

Y la fórmula también resultó exitosa porque el nueve titular, el croata Mario Mandzukic, lleva 17 goles en la presente temporada y es el máximo anotador del equipo en la era Pep. El que lo sigue más de cerca es Thomas Muller, con 12.

La posesión de pelota que cultivan los equipos de Guardiola se ve complementada en este Bayern Múnich por la variante del bochazo al área para encontrar los 1,87 m del croata.

La rotación del plantel también ha sido clave en este ciclo exitoso. Las lesiones o el hecho de preservar jugadores para partidos de Champions explican muchas veces el constante cambio de piezas. Pero, en otras ocasiones, la rotación obedece a la filosofía de Pep de mantener cierto equilibrio entre la competencia entre los jugadores y la necesidad de hacer sentir a todos, o casi todos, que forman parte importante del equipo.

“En este equipo deberían jugar todos, pero solo puedo alinear a 11”, dijo el DT en algún momento de la temporada.

“La ducha de cerveza llegará”, adelantó el puntero holandés Arjen Robben con relación al baño de cerveza al que los jugadores someten al entrenador como parte del ritual de los festejos del campeonato, y que Guardiola prefería evitar.

El martes se salvó. Tal vez porque la mente del equipo esté enfocada en enfrentar el martes a Manchester United por los cuartos de final de la Champions. El título que más importa.  


Fuente: El Observador

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