El lujo de los cracks

Álvaro Recoba. Desde que volvió a Nacional, el Chino estaba obsesionado con hacer un gol olímpico; muchas veces desperdició oportunidades, pero el sábado entró, justo después de marcar otro tanto brillante

La pausa, el cambio de frente, la asistencia. La pegada intacta. La lectura del juego. Esencia futbolera en un trotecito de 75 minutos. Álvaro Recoba pertenece a esa legión de jugadores en vías de extinción a los que le son aplicables expresiones arcaicas: juega y hace jugar.

El sentido lúdico con el cual el Chino despliega su talento le permite darse ciertos lujos.

Desde que volvió a Nacional, Recoba andaba en busca de un gol olímpico. Como para que todos digan el día de mañana que los hizo de todos los colores: la apilada maradoniana, de globito, de tiro libre, de penal, de media cancha y –por supuesto– en los clásicos.

“Contra Liverpool estuve cerca el año pasado, el otro día contra Loja también y ahora se me dio”, dijo Recoba en la conferencia de prensa tras la victoria ante Fénix.

“Cuando me paré para tirar, Mejía me miró pero cuando se puso a ver el área aproveché y le pegué fuerte porque tenía el sol de frente. Estuvo bien Medina en ir a buscar la pelota y eso creo que distrajo al golero”, agregó. Listo. Gol olímpico y nuevo triunfo tricolor.

El Chino recordó que en su último partido con Inter (29 de abril de 2007) había marcado en la ejecución de un córner. Faltaban entonces cuatro fechas para terminar la temporada, el equipo ya era campeón y Recoba anotaba su primer gol en el torneo tras jugar poco. Por eso dejó el equipo.

Ahora fue el 2-1 ante Fénix. El gol del triunfo y el que se asociará en el recuerdo con el tanto que abrió el camino de la victoria: una perfecta obra de arte. Un chanfle al ángulo opuesto tras sacar corto otro tiro de esquina.

Un periodista le preguntó en la conferencia de prensa si le quiso pegar al arco: “Con todo respeto, no soy un lateral derecho ni izquierdo”, ironizó el Chino.

Estacionado en posición de ocho, lento en el tranco, sin piques ni repliegues, Recoba maneja el fútbol.

El puntero Adrián Luna se sacrifica bajando para defender su zona. El lateral Christian Núñez sube una y otra vez para que el Chino le invente espacios.

Y así Nacional maneja la pelota y los partidos en la escena local mientras los entrenadores rivales se ruborizan con la sola idea de ponerle una marca personal.

¿Es retrógrado? ¿Es demodé? ¿Es sesentoso? Tal vez, ¿pero resiste acaso una comparación el fútbol que se practica en Uruguay  –lento y posicional con equipos largos– con el que se puede ver en el cable, veloz y dinámico en espacios reducidos?

El domingo Rafael García, el doble cinco que trabajó la recuperación en la zona del Chino, lo tomó como una tibia referencia. Nunca lo supo anticipar ni le robó una pelota. Todos llegan tarde porque la velocidad de Recoba se le subió a la cabeza.

Con su juego que explotó la dinámica de Núñez y la velocidad de Luna, erosionó el flanco izquierdo de Fénix donde Mansulino y Rojo hicieron agua toda la tarde.  

Así Nacional marcha derecho en el Apertura.

Libre, inspirado y dándose el lujo de jugar a hacer un gol de córner como si se tratara de una apuesta contra su propio talento, Recoba hizo vibrar al Parque Central.

Cuando dejó la cancha y la cinta de capitán que portó unos minutos su gente lo despidió de pie. En un grito que cicatrizó la herida de la eliminación de la Copa.


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