El Lolo rompió el maleficio

Además de convertir por primera vez en Uruguay tres goles en un mismo partido, Estoyanoff hizo un tanto de tiro libre, algo que Peñarol no lograba desde hacía 561 días o 66 encuentros oficiales

Parece quizá un tema menor, pero no lo es. Y mucho menos si se trata de un equipo grande como Peñarol.

El cambio ya estaba pedido con Siles esperando para entrar a la cancha. Quedaban 5 minutos y se pitó un foul para los aurinegros bastante lejos del arco de la Colombes. Pero más allá de esa variante que indicó el entrenador,  el Lolo Estoyanoff le pidió a Siles que le dijera al Polilla Da Silva si lo dejaba patear el tiro libre. El DT dio el sí y, desde muy lejos, el delantero se preparó. Y eso que no es un especialista ni mucho menos en la materia.

El juez Javier Bentancor –de pobre arbitraje– paró más lejos de lo común a la barrera. Estoyanoff, quien minutos antes había convertido un verdadero golazo y ya llevaba dos en la tarde, le pegó un misil tierra-aire al ángulo superior derecho de Nicola Pérez, que no pudo hacer nada.

No fue un tanto más. Fue el que terminó con el maleficio de tanto tiempo sin que Peñarol anotara un gol de tiro libre.

Pasó más de un año y medio desde aquel sábado 9 de abril de 2011 en el que los manyas le ganaron 1-0 a Danubio con un gol del Tony Pacheco, que el domingo seguramente atinó a patear el televisor con la pierna rota para festejar ese golazo de su compañero.

Exactamente pasaron 561 días desde aquel festejo del por entonces aún capitán del equipo mirasol y, entre ellos, cinco técnicos diferentes: Diego Aguirre, Gregorio Pérez, José Enrique De los Santos, Jorge Goncalves y Jorge Da Silva. ¿Qué tal? Demasiado, ¿no?

Pasaron 66 partidos

Si a cualquier mortal le hubieran  hecho una encuesta de cuánto tiempo pasaría para que Peñarol anotara nuevamente un gol de tiro libre directo, seguramente nadie hubiera embocado.

Porque durante este lapso de tiempo del que se habla, debieron transcurrir exactamente 66 partidos oficiales (más unos cuantos extraoficiales). Un disparate.

Si hará tiempo que no se anotaba un gol de esa forma, que el encuentro siguiente a aquel 9 de abril fue en el que se desplegó la que para los hinchas de Peñarol en ese entonces era la bandera más grande del mundo en el 0-1 ante Independiente, con el equipo ya clasificado a la siguiente fase de la Copa Santander Libertadores. Pero el domingo el maleficio se terminó.

El Lolo la colgó del ángulo y a cobrar. Y fue festejo generalizado en un encuentro en el que el resultado quizá no reflejó la dureza que tuvo, lo que le costó al equipo de Da Silva llevarse los tres puntos.

Para que la tarde de Estoyanoff fuera completa, anotó por primera vez un hat trick en el fútbol uruguayo. Pese a jugar unos cuantos partidos en Uruguay y muchísimos con Peñarol, nunca había podido hacer tres tantos en un mismo encuentro en este suelo.

Para ello tuvo mucho que ver el ingreso del paraguayo Aureliano Torres, quien cambió la pisada del equipo cuando Jorge Zambrana –fundamental en encuentros anteriores– esta vez no había repetido.

Con Torres se abrieron espacios y, sobre todo, cuando le dio el pase a Olivera para el segundo, llegó el desbarranque total de El Tanque Sisley que había realizado un trabajo aceptable, más que nada de mitad de cancha hacia atrás, porque, eso sí, había ofendido muy poco.

Entonces, aunque las miradas de los hinchas por momentos estaban fijadas en Olivera, el goleador del campeonato, comenzaron a desviarse para el lugar en el que se encontraba Estoyanoff.

Y el ingreso de Jonathan Siles por él fue un bálsamo más, una caricia al alma para la figura de la cancha que tuvo su bendición con la frutilla en la torta que fue llevarle a su hijo la pelota por esos tres goles.

Salió el Lolo y el Estadio se vino abajo. No era para menos.


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