El loco mundo del periodismo

La vida en la sala de prensa, un crisol de razas e idiomas donde conviven miles de personas con un mismo objetivo: informar al mundo lo que sucede en la Copa del Mundo

El común denominador de los aficionados escucha hablar del centro de prensa. De las comodidades. De los accesorios que existen para desarrollar la tarea pero no tiene conocimiento real de lo que es convivir adentro de este hormiguero.

Es que el centro de prensa tiene punto de comparación con un hormiguero donde cada hormiga sale con una tarea específica y regresa a traer el material. Así viven los periodistas acá adentro. Van, vienen, se entrecruzan los caminos.

El centro de prensa de San Pablo es un enorme recinto donde conviven razas, idiomas, periodistas, fotógrafos, camarógrafos y hasta curiosos personajes. Entonces es común estar escribiendo y escuchar una voz de un extraño idioma que puede provenir del punto más alejado del mundo. Acá adentro corren uruguayos, chinos, japoneses, argelinos, africanos, todos con el mismo objetivo: mandar la nota.

Cuando usted ingresa hay un mostrador donde lo reciben. Si usted necesita dejar algo le brindarán las llaves de lockers. Muy cerca está la sala donde le entregan las entradas.

Al ingresar se encuentra con una pared donde enormes relojes le brindan la hora de diferentes partes del mundo. Hasta que se mete en el mundo del periodismo. Enormes mesas con televisores en cada punta para ver los partidos. El cambio de los tiempos lo determina el hecho de que antes había computadoras instaladas, hoy solo quedó una mesa con notebook ya que todos viajan con su propio equipo para transmitir el material.

Un detalle a tener en cuenta es que los periodistas no pueden ingresar con comida ni bebida. La idea es que consuman acá adentro. En San Pablo hay un servicio de buffet y un amplio salón para comer.

Y si usted necesita algo habrá a su alrededor cientos de voluntarios dispuestos a ayudarlo. Claro que muchos a veces no comprenden las necesidades y urgencias del periodismo donde los tiempos son distintos a los de todos. Entonces, cuando El Observador se perdió en el Arena de Corinthians, nadie tenía conocimiento de cómo guiarlo a la sala de prensa.

Dos horas antes del partido habilitan el ingreso para ocupar el pupitre en el estadio. Cada pupitre tiene dos monitores. En uno se brindan imágenes del partido, pero con lujo de detalles, hasta los gestos de los jugadores. En la de la derecha tiene las estadísticas en tiempo real. Una necesidad de los tiempos que corren.

La vestimenta es otro tema que permite identificar a los periodistas. Los africanos suelen vestir descontracturados. Con pantalones de hilo y chaqueta al mismo estilo. Los colombianos son sencillos de diferenciar porque andan o con la camiseta de su país o con remeras del medio, con la bandera del país, por supuesto. Los ingleses se sacan por su estilo. Suelen ser rubios o rubias y visten distinto.

Así se pasan las horas en el recinto de la prensa donde se convive con los problemas de cada uno por remitir el material y el fútbol invadiendo todas las charlas.


Fuente: Jorge Señorans, enviado a San Pablo, Brasil

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