El llanero solitario

Ignacio Saavedra es el único uruguayo que practica wakeboard y hace un par de meses pegó un salto al ser segundo en el Nacional de Estados Unidos

Ignacio intenta su primer mortal para atrás. Y se da su primer palo. A alta velocidad, en esquí acuático e impulsado por una moto de agua se parte la nariz contra la rodilla. El hospital está lejos. Sangra mucho. Cuando llega le dan cinco puntos.

“No le tengo miedo, pero sí respeto”, cuenta a El Observador. “Palos siempre te das, pero ese primer golpe me enseñó a poner cuidado, a no hacer más de lo  que puede hacer, a intentarlo de a poco, sin desesperación”.

Ignacio Saavedra, de 21 años, hace wakeboard, una disciplina náutica que se practica sobre esquí acuáticos y donde el deportista debe realizar piruetas sobre el agua impulsado por una lancha o un cable motorizado.

Se entrena y compite en aguas tranquilas, lagos o ríos, y no en océanos ni en lugares con mucho viento. 

“En Uruguay seremos 50 pero el único que hace el deporte soy yo, el resto solo se para en los patines y anda”, explica.

“Lo conocí en Estados Unidos donde viajaba seguido por cuestiones de estudio. Al volver a Uruguay, hace cinco años compramos una moto vieja y nos fuimos al río más cercano, en San José a practicar. Primero hice esquí acuático. Aprendí a pararme y a andar un poco. Solo eso, porque enseguida me pasé al wakeboard”, dice.

“Es un deporte extremo, vas a 50 kilómetros y tirás un mortal invertido de seis o siete metros”, explica Ignacio que estudió para ser piloto comercial de aviones: “Ya tengo fecha para la prueba”.

Los trucos que practica el deportista son evaluados por un jurado, que puede ir de tres a cinco miembros, y que define al ganador de cada prueba.

Vida bohemia
Este deporte no es federado y para llegar a un lugar donde compiten los mejores basta con viajar, presentarse, entrenar, conocer gente, hacer giras y competir.

“Es un deporte familiar. Con mi viejo compartimos la pasión por la náutica y desde que estamos con esto hemos conocido muchos lugares de Uruguay: Mercedes, Colonia, el río Santa Lucía donde vamos seguido, el Río Negro, San Gregorio de Polanco, Paso de los Toros, el arroyo Solís grande en Solís. También se comparte tiempo con los amigos. Es ir, hacer un asado y entrenar un par de horas”, explica. 

La era competitiva comenzó hace dos años para Ignacio: “Estuve en Río de Janeiro, San Pablo y Minas Gerais porque en Brasil hay una interesante movida. Y también en el estado de Florida, en Estados Unidos que es donde está la crema de este deporte”.

También se practica fuerte en Canadá, Australia, Indonesia, Sudáfrica y varios países europeos.

El gran salto
Hace dos mes, Saavedra se presentó en el Nacional de Estados Unidos, que se disputó en Deerfield beach, en Florida, cerca de Fort Lauderdale.

“Desde que empecé esta temporada mejoré muchísimo y como en cada torneo que voy fui a hacer lo mejor. En la primera pasada, me di cuenta que la estaba peleando de verdad y en la segunda me consolidé. Por puntaje me ganó un tipo bastante profesional, con varios años en esto. Tercero quedó un australiano, cuarto un brasileño. Fue el mejor torneo de mi vida”, rememora con emoción.

Eso le permitió a Ignacio acceder a otra dimensión.

“Firmé contrato con una empresa de tablas, Liquid Sports, que  para el año que viene me van a pagar los viáticos y los hoteles para ir a competir. Además, tengo el apoyo de allá de tiendas de ropas y un parque de cable”, explica.

“Para lograr un auspicio, allá no solo se fijan en lo deportivo. También hacen pesar la forma d e ser de uno, el estilo de vida, las actitudes afuera de la  competencia. Yo vengo de un lugar donde hay que cuidar las cosas y allá, como todo es barato, tiran todo. A ellos les gustó eso”, afirma.

Ignacio ya tiene planificado volver a competir en Brasil y luego se quedará entre tres y cuatro meses en Estados Unidos. Australia también lo tienta y es una posibilidad que está evaluando. Tiene mucho por demostrar.


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