El legado de Forlán

Diego fue el fiel reflejo del perfil de futbolista al que apostó Tabárez cuando inició su proceso; se adaptó a las normas, cumplió como profesional, logró la gloria, fue líder de perfil bajo y se fue dejando bien parado al técnico



Diego Forlán deambulaba por la selección en 2004. Era un jugador importante y su imagen ya se codeaba con las grandes estrellas, pero, dos años antes del ciclo que se inició en 2006, el 10 había renunciado a la celeste. No encajaba en una selección llena de caciques y pertenecientes a una cultura del conflicto, donde los choques con dirigentes y entrenadores era moneda corriente.

Hasta que en 2006 desembarcó Óscar Tabárez. Luego de una primera etapa complicada en 1990, donde la selección tuvo muchos de esos vicios que se arrastraron durante años, el Maestro llegó, después de tres años sin trabajar, con una idea bajo el brazo que se planteaba ir más allá de resultados deportivos: eso derivó en su proyecto de “institucionalización de los procesos de selecciones nacionales y de la formación de futbolistas”.

El “modelo” de jugador por el que se inclinó el DT tenía muchos puntos de contacto con las características de Forlán. Así confluyeron proyecto y jugador. Y junto con la explosión futbolística del delantero –nunca se sabrá cuánto influyó uno en lo otro– se transformaron en la mezcla ideal para uno de los períodos más importantes en la historia de la selección.

Tabárez eligió a Forlán como uno de los líderes, más allá de su personalidad reservada. Un futbolista serio, respetado por compañeros y rivales, con determinado nivel cultural, capaz de presentarse en Inglaterra hablando en inglés o preocuparse por estudiar japonés cuando fue a la tierra del sol naciente. Ejemplo de profesional, sin tener jamás una actitud fuera de lugar. Tolerando cuando fue suplente o cuando lo mandaron a la cancha faltando pocos minutos para terminar un partido liquidado, pero también con el liderazgo positivo para reclamar condiciones de trabajo para sus compañeros, sin que trascendiera públicamente.

En su primera conferencia de prensa el entrenador apuntó un tema vital: No había espejos. “La persona en primer lugar. Un joven talento debe entrenar y prepararse para desafíos de la vida. El joven debe estudiar, no debemos entorpecer eso, debemos favorecerlo, eso acrecienta las posibilidades deportivas del talento. Que sepan qué es la selección, que van como privilegiados y que lo devuelvan con ganas y orgullo. Que sepan el porqué de las cosas que hay en el ámbito de los niños. Antes había espejos, pero cambió”.

Diego se convirtió en espejo. Pero lo que nadie podía prever tan fácilmente fue que se transformara en una estrella mundial, tanto en Villarreal y Atlético Madrid como en la selección. La consagración del 10 en el Mundial de Sudáfrica 2010 fue la frutilla de la torta: además de referente para los compañeros, Forlán se convirtió en ídolo de niños y jóvenes. Era el ejemplo a imitar, a pesar de no tener la personalidad más seductora del mundo.

El hecho de ser mirado llevó a Forlán a un liderazgo en el grupo de selección y los eslabones de la cadena se fueron uniendo. Es que ser líder lleva a actuar de determinada manera. Diego adoptó el camino del líder de perfil bajo, silencioso, que, como expresó en alguna oportunidad “se demuestra con hechos”.

El círculo del perfil de jugador se cierra con la forma en que Forlán le puso fin a su carrera con la celeste. Diego sabe que Uruguay no podrá contar con Suárez, y que al margen de que los años pasaron, si a Uruguay le llegara a ir mal en la Copa América, se elevarían voces presionando por su vuelta. Entonces el 10 cortó por lo sano. Se fue sin embretar al entrenador que tanto lo cuidó.  Ante todo, Forlán dejó un legado de cómo debe ser el jugador de selección. Y quizás eso sea tan valioso como su balón de oro en el Mundial.

El inicio
Perfil de jugador
Cuando Tabárez desembarcó en la selección apostó por un perfil de jugador. Profesional, que acepte las normas establecidas, que ocupe sus horas libres con estudio. La idea fue pensar más allá de la pelota.

El elegido
Diego, el ejemplo
Diego Forlán no era uno más. Se adaptaba a las características de jugador que pretendía Tabárez. Al margen de sus condiciones, aportaba desde el lugar al que el DT le quería llegar a las futuras generaciones.

El líder
Con hechos
El 10 se transformó en líder del grupo. Compartió su condición con el capitán Lugano pero desde otro lugar. Forlán no fue líder por ascendencia, ni por imponer su voz. Fue el capitán sin cinta.

Se consagra
El mejor
El futbolista por el que Tabárez se jugó fue consagrado como el mejor del Mundial en 2010. Aquel que había sido discutido por sus compañeros en 2004 ahora obtenía el mejor reconocimiento.

El ejemplo
Lo miran
La consagración de Forlán en el Mundial llevó a que los niños y jóvenes lo miraran con detenimiento. Pasó a formar parte de la galería de los grandes ídolos y ese pedestal requiere actuar de determinada manera.

El final
Dejó bien parado al DT
La forma en que Diego se va de la selección cierra el círculo. El DT apostó a su perfil, se consagró, lo miraron como ejemplo, fue líder, manejó la fama y se alejó dejando bien parado al Maestro. Es el resumen de su legado.


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