El lateral del barrio

De goleador en el baby fútbol a revelación en Cerro, Agustín Sant'Anna trepó a pura humildad
La casita de los Sant'Anna, ubicada en el corazón del Cerro, es humilde. Con cucha de perro al frente y una cortina que permite que en la tarde se viva de puertas abiertas. Ahí vive Agustín, de 18 años, el lateral revelación de Cerro, el equipo que arrancó el Apertura con pesadillas de descenso y lo terminó con sueños de campeonato.

Su padre trabaja en la construcción. Su madre es ama de casa. Tiene cinco hermanos. "Nunca nos faltó nada, salvo cuando tenía tres años que nos tuvimos que ir a Artigas porque acá estaba muy bravo", cuenta a Referí.

El botija tiene la sinceridad a flor de piel: "No me gustan los estudios, hice hasta segundo pero como repetí tres veces dije que me ponía las pilas con el fútbol o esperaba a los 18 para salir a laburar".

Los primeros pasos atrás de la pelota los dio en Nacional de Artigas, el equipo donde jugó su padre, también lateral. Cuando la familia retornó a Montevideo fue a jugar baby fútbol a El Sauce.

"Jugaba suelto en el medio; siempre me gustó correr y andar con la pelota. En un campeonato llegué a hacer 29 goles", recuerda.

Con edad de séptima hizo una prueba de aspirantes en Cerro y quedó. El primer año apenas sumó tres partidos y en sexta el entrenador Néstor "Facha" Martín le cambió el destino.

"Un día estábamos perdiendo 5-0 con Defensor Sporting y me pidió que entrara a jugar de lateral porque yo era el más rápido y podía llegar a marcar al puntero; después me pidió que subiera por mi costado", expresa.

Cuando aprendía los secretos del puesto, un brote de rebeldía adolescente lo llevó a renegar de ser lateral derecho. "En quinta y cuarta no quise jugar más ahí. Volví a jugar de volante. Me acuerdo un partido con Nacional que hice un gol y di una asistencia. Pero duré tres partidos y pedí para volver de lateral", cuenta.

¿Por qué? "Como lateral marco y me gusta arrancar con más potencia de atrás y largarme en velocidad", dice.

Soy celeste y de primera

La convicción fue su trampolín a la selección uruguaya. Hace un par de años fue preseleccionado para la sub 17 y este año jugó dos torneos amistosos con la sub 18 en Corea del Sur y Los Angeles, dirigido por Alejandro Garay.

"Jugué los seis partidos de titular. Antes de irme a Estados Unidos firmé contrato y a la vuelta me subieron a primera", expresa.

"No me imaginaba debutar este mismo año", dice.

Pero el 4 de octubre, por la octava fecha del Apertura, Eduardo Acevedo lo hizo debutar ante Plaza Colonia en el Supicci.

"Marqué a (Nicolás) Dibble que es rapidazo, pero la llevé bien de bien: ganamos 1 a 0", cuenta con una sonrisa.

Para Sant'Anna, la clave de este exitoso presente de Cerro está en su entrenador: "Si jugamos un domingo y el siguiente partido es el sábado entrenamos cinco días con pelota. Hacemos mucho fútbol reducido en cuatro bloques, tres a dos toques y uno libre. Nos achica la cancha y la agranda. Quiere mucha intensidad en el juego, mucha dinámica, juego asociado. Y también nos pide bajar a defender a muerte cuando perdemos la pelota y recuperar metros por el camino más corto de la cancha. Es muy buen entrenador".

Acevedo dijo la semana pasada que Cerro tenía a los mejores laterales del torneo. Elogios para Sant'Anna y Lucas Hernández.

"No quiero hacerme el mejor lateral, quiero mejorar partido a partido", replica con timidez.

La definición con gol

"Tenía unos nervios tremendos", dice sobre el partido del domingo donde Cerro venció a Racing de mañana para quedar con chances de forzar una final.

"Fuimos con la mentalidad de ganar y esperar", asegura. Y así fue. El villero ganó 2 a 0 y el segundo gol fue suyo.

Agustín Sant'Anna y Hugo Silveira
Su primer gol en primera y el festejo con Hugo Silveira
Su primer gol en primera y el festejo con Hugo Silveira

La jugada fue polémica porque el lateral rival, Juan Manuel Díaz, protestó que la pelota se había ido afuera: "Creo que faltaba para que se fuera la pelota. Yo miré atrás y como el línea no levantó la bandera seguí. Después se la iba a pasar a (Hugo) Silveira pero como (Jorge) Contreras se tiró a cortar el pase le pegué de zurda al primer palo".

Sant'Anna no vende humo. Se declara hincha de Nacional aunque dice sentir un cariño muy especial por Cerro. "Me gustaría jugar algún día ahí, pero ahora estoy muy cómodo acá".

En la esquina de su casa todos lo saludan. Vecinos que pasan en autos, en motos o caminando.

Sant'Anna respira barrio. Va al Tróccoli caminando junto a los otros ascendidos a primera. Recuerda los complejos días de entrenamientos en el complejo de Santa Catalina. "Hubo una época brava, a los pibes de séptima y sexta los robaban siempre. A mí por suerte nunca me pasó nada, salvo en el barrio que me hayan afanado alguna gorra desde las motos, pero nunca me quemé, preferible quedarse tranquilo a que te den un tiro".

El botija vuelve a la humilde casa. A mecer nuevos sueños. Los de Cerro y también los de la selección sub 20 uruguaya.


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