El karateka que es oro en estado puro

En 2009 Maximiliano Larrosa sufrió un accidente de moto por el que le dijeron que difícilmente podría volver a competir, sin embargo comenzó a cosechar podios internacionales y el viernes ganó el Panamericano

"Me dijeron que me olvidara de competir. Que no iba a ser lo mismo. Que iba a poder caminar con normalidad recién en enero (de 2010). Pero en noviembre (de 2009) fui campeón nacional”. Así recuerda Maximiliano Larrosa las palabras del médico que lo atendió tras su accidente de moto. Y así define lo tenaz de su personalidad.

Larrosa circulaba por las calles de su natal Maldonado. Iba a adelantar una camioneta justo cuando el conductor dobló a la izquierda en un lugar prohibido. “No venía rápido pero se me trancó el pie y la moto siguió”. Sufrió fracturas expuestas del hueso metatarsiano.

Entonces, su promisoria carrera en el karate se cortó.

Tenía siete años cuando fue a ver a su hermano a una competencia. “¡Qué bueno esto!”, se dijo. Y se anotó en el gimnasio de Pino Píriz, su instructor de siempre, su sensei.

Píriz le vio condiciones. “Me apadrinó”, cuenta Larrosa a El Observador.

“A mí me gusta la parte filosófica del karate pero lo que me atrapa en un 99% es la competencia”, dice.

Cuando tenía 13 años, Carlos Pazos, histórico entrenador del karate uruguayo y hoy director de la Dirección Nacional de Deportes (Dinade), lo incorporó a la selección nacional.

Un año después empezó a representar al país en el exterior sumando combates, alguna derrota y muchos podios en Sudamericanos y Panamericanos.

Entonces llegó el salto de calidad. La victoria con tintes de hazaña. El viernes fue oro en el Campeonato Panamericano de Buenos Aires en -60 kilos.

“Fue un triunfo inesperado por la calidad de rivales a los que tuvo que vencer”, comenta Píriz.

“Le ganó a un chileno que venía de entrenar en Azerbaiyán (una de las potencias mundiales junto a Italia y Francia). Venció en semifinales a un brasileño becado por Itaú y Petrobras que hizo podio en los últimos tres mundiales”, agrega.

Fabio Presa, actual entrenador de la selección nacional, revive el momento de la consagración con emoción: “Fue una de las experiencias que voy a llevar de por vida en el corazón porque no creo que vuelva a vivir algo así”.

Es que Larrosa empató en la final con el otro brasileño y los jueces, que eran todos internacionales, fallaron a favor del uruguayo mientras todo el estadio y el resto de las delegaciones gritaban por “Uruguay”.

Apoyo e inversión
390 Dólares. Fue lo que invirtió Larrosa para ir a competir a Buenos Aires. El pasaje corrió por cuenta de la Dinade, como en varios torneos anteriores (también lo mandaron a entrenar a Brasil y España). “Me compré el karategui, los protectores de pie y canilleras, y los guantes. Ya tenía los  cintos”. Larrosa no tiene ningún auspiciante.

Pazos no duda en calificar a la conquista de Larrosa como “uno de los mayores logros en la historia del karate uruguayo”.

Presa dice que “hace 15 años Leonardo Costa también fue medalla de oro”.

“Yo sabía que un día iba a conseguir esa medalla dorada aunque no pensaba en lograrlo a los 21 años”, explica Larrosa que el año que viene piensa estudiar Educación Física y que da clases de karate en la Escuela Shotokan Karatedo International.

Hasta los 20 años, en karate se compite en juveniles. “En el torneo le tocó enfrentar a muy experiente”, subraya Píriz.

Andrés Barrios, quien planifica la parte física de Larrosa desde hace ocho años, destaca que el competidor “estaba en su mejor momento técnico y físico; la explosión, velocidad, agilidad y resistencia en este deporte son fundamentales”.

“Capaz que la gente no se da cuenta lo importante que es ser campeón panamericano pero yo estoy loco de la vida”, dice Larrosa.

En agosto lo esperan los World Combat Games, una especie de Juegos Olímpicos para todas las artes marciales. Y después un enorme futuro.  


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