El juego limpio de Carrasco a Klose

En tiempos en los que la ventaja o la deshonestidad en el deporte son moneda corriente, casos como los de JR y su gol a defensor en 1997, Millonarios de Colombia o el delantero alemán, dan un aire de frescura

Los hinchas de Nacional lo querían colgar de la Torre de los homenajes, pese a que Juan Ramón Carrasco había hecho lo correcto, lo que mejor sabía hacer: se encontró con la pelota dominada, frente al golero y la mandó a guardar. Nacional le ganó 1-0 a Defensor Sporting por el campeonato Uruguayo de 1997 y con ese triunfo revivió a Peñarol, que luego ganó su segundo quinquenio. Durante años, hinchas y hasta dirigentes tricolores, le recriminaron a Carrasco aquel gol. Tendría que haberlo errado para hundir a Peñarol. Pero el hoy técnico de Danubio actuó de acuerdo a sus convicciones y a las que deberían de regir al deporte siempre.

“Estaba dispuesto a que me criticaran por ir para adelante, jamás por ir para atrás”, dijo años después Carrasco en el libro Un tipo auténtico.

En un mundo en el que sacar ventaja está bien visto y en ocasiones sus protagonistas ascienden al rango de ídolos, genios o semidioses (por ejemplo Diego Maradona y su gol con la mano a los ingleses en el Mundial de 1986), casos como los de Juan Ramón Carrasco, del inglés Robbie Fowler o los más recientes del alemán Miroslav Klose y de Millonarios de Colombia, son dignos de destacar.

En el atletismo abunda el dopaje. En el ciclismo ni hablar. Hace unos días circuló en Internet un vídeo en el que un motociclista se hizo el lesionado para que detuvieran la carrera. Logró el objetivo, pero cuando se conoció la verdad, lo castigaron. Sobran los que buscan el engaño, aunque no son todos.

Días atrás, el presidente de Millonarios, Felipe Gaitán, dijo que la nueva administración del club está discutiendo la posibilidad de devolver los títulos nacionales de 1987 y 1988, los últimos que ganó, conseguidos bajo el supuesto manto del narcotráfico.

En la década de 1980, Gonzalo Rodríguez Gacha, perteneciente al cartel de Medellín, compró a Millonarios para devolverlo al lugar que le correspondía. Pagó las deudas, llevó refuerzos, reconoció salarios antiguos y ofreció opulentos premios. Después de nueve años fue campeón colombiano y repitió al año siguiente. Son las copas que la actual directiva quiere entregar.

Los integrantes de aquellos planteles no están de acuerdo con la medida de devolver los títulos ya que reivindican los triunfos obtenidos dentro de la cancha.

En la última jornada de Italia, el delantero de Lazio, Miroslav Klose, metió la mano y desvió la pelota que entró en el arco de Napoli. El árbitro marcó el gol y mientras los compañeros saludaban al alemán por el tanto, los jugadores de Lazio se querían comer al juez.

Finalmente, Klose reconoció que había marcado el tanto ilícitamente y el juez lo anuló. Todo el estadio lo aplaudió. En ese partido, Edinson Cavani marcó los tres goles para la victoria 3-0 de Napoli.

La actitud de fair play de Klose (nacido en Polonia y nacionalizado alemán) no es nueva. En un partido entre Werder Bremen y Arminia Bielefeld en 2005, el delantero cayó en el área tras un contracto con el golero adversario. El árbitro marcó el penal y amonestó al golero, pero Klose admitió que su rival había llegado primero a la pelota. El juez corrigió la decisión y le retiró la amarilla al golero.

En la década de 1930 el entrenador de football americano, Henry Sanders, dijo “ganar no es todo, es lo único”, una frase que contrasta la otra, bien futbolera, “lo importante es competir”.

A esta última se aferró seguramente el inglés Robbie Fowler cuando en la temporada 1996/1997 jugando para Liverpool simuló un penal contra Arsenal. De inmediato se levantó y dijo que el golero Seaman no lo había tocado, pero el árbitro lo sancionó igual. Fowler remató y el golero lo atajó, pero otro jugador de Liverpool aprovechó el rebote y marcó el gol. Es el mismo Fowler que tiempo después, jugando en Australia, le pegó una patada ninja en la cara a un rival. Ahí se olvidó del juego limpio.

El italiano Paolo Di Canio, reconocido simpatizante de la ideología fascista, recibió en 2001 el premio Fair Play de la FIFA en reconocimiento a que cuando jugaba para West Ham tomó la pelota con sus manos al recibir un centro porque el golero  Paul Gerrard, de Everton, estaba caído producto de una lesión.

Una acción similar protagonizó el galés John Charles, delantero de Juventus entre 1957 y 1962, cuando se iba solo al arco y tiró la pelota afuera al darse cuenta que su marcador se había lesionado.


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