El infierno es argentino

Chile campeón. Por penales y con fallo de Messi, la albiceleste perdió su tercera final en tres años

Argentina cayó a las profundidades de un infierno del que ya pensaba había conocido lo peor. 23 años de sequía. Tres finales, en tres años consecutivos. Y tres derrotas, todos por casi nada. Un Mundial, una Copa América de las tradicionales, otra de las nuevas. Todas derrotas difíciles de explicar a no ser por lo obvio: es fútbol, y una decisión indivudual o un tiro cinco centímetros para un lado o para otro pueden cambiar todo.

La albiceleste sufrió ayer uno de los mayores golpes su orgullo en toda la historia. Y lo peor es que las respuestas a esta altura son casi imposibles de rastrear. ¿Donde está el germen de la maldición? ¿Cuál es la salida del hoyo en el que se metió y del cual no puede salir? ¿Cuál fue el pecado que cometió para ser castigado de esa manera? ¿De qué se está vengando algún Dios para hacerle padecer tanto a la albiceleste?

Y como para demostrar que los dioses están cebados con Argentina, el villano ayer pasó a ser Messi. Justo el 10, el que en la final pidió cada pelota y que metió como nunca, falló el primer penal de la serie para cimentar una histórica derrota.

Y así, Chile fue campeón. Bicampeón, como para ratificar que se ha vuelto un grande de América, mal que le pese al orgullo de muchos uruguayos, que seguirán blandiendo los 15 títulos, pero no podrán negar que esta generación chilena entró en la historia. Aún en una noche que fueron levemente superados, pero que, al final, contaron con la ayuda del algún dios futbolístico que le está haciendo pagar a los argentinos todos los castigos imaginables.

Batalla

El partido fue una batalla futbolística, sobre todo en el primer tiempo. Más por lo que pasó alrededor del partido que en lo estrictamente futbolístico. En ese último departamento, Argentina fue más: porque aplicó una presión ordenada, porque Messi fue solidario con los volantes para marcar -en el arranque tirándose a la punta a cortar a Beauseajour, luego presionando la salida junto a Higuaín- y porque el equipo de Martino fue todo lo vertical que podía en un partido con pocos espacios: siempre la intención del primer pase buscando el espacio, o Messi gambeteando y sacándose rivales de arriba.

Así Argentina generó las más claras: un tiro de afuera del área de Di María tras buena jugada con Messi, y una salida mitad entre la presión argentina y el yerro chileno: pase de Beausejour a Medel, este que no la puede parar y entra Higuaín solo al área. Pero como en 2010, el Pipita falló y la pelota se fue desviada. Otra pista de la maldición.

Luego vino la tangana, el espectáculo emocionante pero que poco tuvo que ver con el fútbol: primero una roja por doble amarilla a Marcelo Díaz -en discusión discutible, que ponía todo a favor de Argentina, pero luego otra roja aún más polémica a Marcos Rojo por una jugada sobre Arturo Vidal que con suerte fue foul. La maldición seguía enhiesta.

El partido se degeneró a partir de ahí. Durante un rato ninguno tuvo la serenidad de buscar. Y en el segundo tiempo, cuando los ánimos se sosegaron, ambos empezaron a dejar mas gente en defensa que en ataque, aún en una cancha que tenía muchos más metros por los dos hombres menos en cancha.

Chile tuvo un poco más la pelota, pero salvo un par de desbordes, no pudo generar mucho peligro, en parte porque Vidal tuvo que bajar a una posición de marca y equilibrio, y los trasandinos se quedaron sin cerebro. Argentina tenía en Banega-Messi un eje aún establecido, aunque ya no brillando como en el primer tiempo. También se resguardó en defensa -con Mascherano pasando de central- y con los minutos le fue dejando a Messi la entera responsabilidad de, en patriadas, llegar al gol. El viejo Argentina, ese que elegía no armar fútbol colectiva sino encomendarse a su referente. El de Barcelona arrancó cuatro ataques propios campo, y hasta generó faltas cuando era uno contra cuatro, pero pedirle un gol arrancando con cuatro marcadores es para un extraterrestre. O para Maradona.

Así ambos fueron viendo los penales como algo inexorable. Pudo ser una de Alexis Sánchez en el final -salvada por Mercado en gran forma- o un pared de Argentina en el cierre, de Messi y Agüero, que se fueron lejos.

Argentina y el gasto

El partido se fue al alargue donde, curiosamente, ambos lo fueron a buscar más que en los minutos finales del partido. Al límite, arriesgando contragolpes rivales cuando la mente y las piernas ya no respondían. Sobre todo Argentina, casi desesperado por evitar los penales y por fin sacarse la maldición de las dos finales perdidas en 2014 y 2015. Porque sabía que el infierno estaba a la vuelta de la esquina.

Argentina siguió yendo al frente. Con una mezcla de obligación histórica y desesperación por ganar de una vez. Messi la pidió, una dos, cuatro veces y apiló gente, pero nunca tuvo un socio para generar algo. Pero no pudo cerrarlo, y al final, con los penales, volvió a confirmar que está en el peor de los infiernos futboleros.