"El golero me dijo: ¿te querés volver a Uruguay en una cajita?'"

Pablo Pereira cautivó a Marcelo Salas en Chile y peleó espalda con espalda en el ascenso de Guatemala

Pablo Pereira vive la vida como si fuera un partido de fútbol. Entrega su máximo esfuerzo hasta el último minuto, obliga a sus adversarios a estar siempre alerta, se aferra a la ilusión del gol y hasta se pelea cuando no queda más remedio.

Fornido centrodelantero de 1,86 m, Pereira debutó con 16 años en Villa Española contra Nacional en 2002 y sedujo por sus características a Gregorio Pérez, que le hizo firmar un contrato de cinco años en Peñarol.

"Después que echaron a Gregorio por teléfono, llegó Gustavo Matosas y limpió un montón de jugadores. Un día discutí con él y llamé a mi representante para decirle que me buscara equipo. A los 40 minutos me presentó una oferta en la B de Chile y me fui a Fernández Vial", contó Pereira, de 30 años, a Referí.

Así empezó su recorrido por América. Jugó en los ascensos de Chile, Brasil, Uruguay y Guatemala. Ahora lo hace en Juventud Unida de Gualegauychú, en el Nacional B argentino.

En la temporada 2009-2010 tuvo su única experiencia en primera división en el extranjero. Fue en Palestino de Chile donde tuvo como preparador físico a Marcelo Giarrusso: "Fue el mejor que tuve, un tipo que estaba en todos los detalles de cada jugador. Todos los profes que tuve trabajan en bloque a nivel grupal, él hacía un trabajo mucho más específico por jugador".

Un buen día le sonó el teléfono y del otro lado de la línea estaba Marcelo Salas ofreciéndole jugar para su equipo Deportes Temuco. "No acepté porque quería seguir jugando en primera, pero en 2013 me volvió a llamar y ahí sí fui. Un tipazo el Matador; era el dueño del equipo pero se sentía jugador. Se mezclaba a jugar fútbol tenis y se preocupaba de darnos todo".

En Brasil compartió equipo con Marcelinho Paraíba en Sport Recife. "Un personaje, viajaba a todos lados con un grupo de siete amigos. Jugadorazo". En Vitória lo hizo con Giovanni, ex Barcelona, y Edú, que jugó años en Betis y Celta.

Pablo Pereira y Marcelinho Paraíba
Con el
Con el "rubio" Marcelinho Paraíba y sus amigos

"Cuando estuve en Salvador de Bahía se decía que era la ciudad más violenta de Brasil. Vivía en un apartamento ubicado en una zona residencial, pero abría una ventana y veía una favela. Nunca me pasó nada; es más, salía a la calle y hasta firmaba autógrafos", recordó.

"Cualquiera de esos equipos tienen mejor infraestructura que los grandes de Uruguay. El año que estuve en Vitória el equipo contrató 71 jugadores. Una locura", explicó.

En Guatemala le tocó vivir situaciones increíbles. "Jugué en Deportivo Carchá, en el ascenso. Lo pensé mil veces antes de ir por la inseguridad que se dice que hay. No tuve vida. Iba del entrenamiento a mi casa; por eso no tuve problemas. Y por eso me fui".

Jugar en el ascenso de ese país no es para cualquiera: "Yo venía haciendo goles y en un partido de visitantes el presidente del club contrario, Chiquimula, quiso entrar al vestuario al grito de 'uruguayo, acá no te vengas a hacer el vivo'. Yo lo quise salir a pelear igual. Pero el golero nuestro me dijo: 'tranquilo, ¿o te querés volver a Uruguay en una cajita?'. A ese nivel el narcotráfico está muy metido en el fútbol". En otro partido de visita, contra Quiriguá, al final del partido el público visitante invadió la cancha. "A mí me dieron de garrón una trompada en el ojo. La mayoría de mis compañeros corrieron, pero con Ariel Longo (entrenador uruguayo) aguantamos espalda con espalda. ¡No sabés cómo bancó el hombre a sus 62 años, un fenómeno!", recordó.

"El golero nuestro me dijo: 'tranquilo, ¿o te querés volver a Uruguay en una cajita?'", Pablo Pereira.

Ahora juega en el Nacional B argentino: "Es un torneo muy lindo de jugar. Y me ilusiona. Sé que no voy a dar el salto a Europa, pero es un mercado para crecer", concluyó.


Baltasar Silva y Pablo Pereira
Con Baltasar Silva con su actual club, Juventud Unida de Gualeguaychú
Con Baltasar Silva con su actual club, Juventud Unida de Gualeguaychú

"El objetivo es mantenerse en el Nacional B porque es la primera vez en la historia que el equipo lo juega. Viene de dos ascensos consecutivos, tenemos que hacer colchón de puntos para mantenernos. Es una institución muy seria, no paga fortunas, pero es ordenada. Cada partido es divino, vas a Chacharita All Boys y todas las canchas se llenan. Tenemos una cancha para 5.000 personas en una ciudad muy tranquila, de gente muy servicial, hay mucha seguridad, es como una ciudad del interior de Uruguay, un lugar muy lindo para vivir".

Peñarol: Una frustración

En 2004 cuando Villa Española fue desafiliado por no pagar sus deudas, Tito Goncálvez lo llevó a la Tercera de Peñarol. Cuando Gregorio Pérez asumió en el primer equipo lo promovió y le dio minutos en tres partidos. Cuando llegó Matosas salió a préstamo a Fernández Vial en 2007, a Puerto Montt en 2008 y a Progreso en 2009. "Siempre me fue bien en esos pasajes a préstamo; hice goles y me ilusioné con volver y que me dieran la oportunidad. Pero nunca me la dieron. En 2009 firmé la rescisión y les regalé los dos años que me quedaban del contrato; no les cobré nada".

Pablo Pereira
En 2007, en una pretemporada con Peñarol
En 2007, en una pretemporada con Peñarol

La trayectoria: Nunca estuvo parado en 14 años

Debutó en Villa Española (2002-2004, Peñarol (2004-2007), Fernández Vial (2007-2008), Puerto Montt (2008), Progreso (2009), Palestino (2009-2010), Sport Recife (2011), Vitória (2011), El Tanque Sisley (2012), Atenas (2012), Unión Temuco (2013), Deportes La Serena (2013), Central Español (2014), Deportivo Carchá (2014-2015), Rampla Juniors (2015) y Juventud Unida de Gualeguaychú (desde 2016). "En El Tanque no cobré ni uno de los seis meses que estuve. Recién agarré toda la plata junta tras el reclamo a la Mutual. La experiencia de Rampla del año pasado fue penuria y gloria", contó.

La decepción: Afuera de la sub 17

Tres días antes del Sudamericano sub 17 de Bolivia, Jorge Da Silva lo dejó afuera del plantel. "Fue un golpe durísimo", confesó.

La gloria: Un gol determinante

El año pasado jugó en Rampla con el que ganó el torneo. Hizo el 4-4 del 5-4 en la final a Cerro Largo: "Fue muy raro, pero lo supimos aprovechar. Me llamó (Gustavo) Añón (el entrenador) directamente, yo no lo conocía, y me habló de una realidad que después fue otra porque el grupo gerenciador nunca llegó. Había arreglado un buen sueldo para Segunda, pero dos días antes nos bajamos los pantalones para firmar por el mínimo. De 30 jugadores pasamos a 22, quedaron pila de compañeros sin laburo. Fue todo rebeldía, vivimos tanta cosa negativa, fue todo una cagada, que nos hicimos muy fuertes, hicimos una trinchera. Fue mano a mano con el que viniera. Lo único que nos quedaba era lo deportivo. La final con Cerro Largo reflejó toda la campaña. Perdíamos 4 a 1, al minuto 92 hago el 4 a 4 y mando el partido al alargue, no tenía fuerza ni para gritar el gol, estábamos con nueve jugadores y se quebró Mauricio Felipe...", recordó. "Lo más básico que puede tener un equipo nos faltaba: problemas de médico, el Olímpico en pésimas condiciones, un solo juego de ropa para entrenador...", contó.

Pablo Pereira
Pablo Pereira, el autor del 4 a 4
Pablo Pereira, el autor del 4 a 4



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