El gesto de Lugano

El capitán Diego Lugano adoptó por costumbre arrimarse a todos aquellos que están parados al borde de una valla desafiando a la autoridad


Cada vez que Forlán se baja del ómnibus se escuchan los histéricos gritos de las adolescentes que mueren por el rubio. Otro tanto ocurre con Luis Suárez. Hay muestras de idilio con el Loco Abreu y aplausos para la seriedad de un Tabárez que se limita a levantar la mano.

Pero hay gestos que no se olvidan. El capitán Diego Lugano adoptó por costumbre arrimarse a todos aquellos que, parados al borde de una valla y desafiando a la autoridad, buscan una mirada, una sonrisa, un saludo y, lo que es más importante para ellos, el autógrafo. Ese que se sueña de chico y que es una búsqueda constante.

El retraso en el arribo de la delegación de Uruguay modificó los planes. El equipo de Tabárez, que tenía previsto reconocer el estadio Malvinas no asistió y partió derecho al hotel. Eran cerca de las 9 de la noche, las 22 en Uruguay cuando se abrió la puerta del bus y ocurrió lo de siempre.

Hasta que Lugano bajó, dejó la valija a un lado y se arrimó a la valla. La gente no lo podía creer. El capitán de Uruguay atendiendo el requerimiento de los anónimos que también hacen esta historia. Arrancó por la parte de atrás del bus. Una y decenas de firmas, una y decenas de fotos, camisetas, banderas y hasta pelotas. Los policías que custodiaban el bus no lo podían creer. El referente del plantel era poco menos que tomado del cuello por la gente. “Acá esto no pasa, a los jugadores de Argentina los vemos en los diarios o por la tele. Pero esto no lo hacen nunca. Lo de este tipo es increíble”, decía uno.

Por el otro sector apareció también el minuano Sebastián Abreu. El hecho es que el Loco se fue al primer llamado y a Lugano, con todos los jugadores ya alojados en sus habitaciones, lo tuvo que venir a buscar el jefe de prensa Matías Faral para sacarlo de las garras de los aficionados. Un gesto que para los que vivieron esa noche de Mendoza será difícil de olvidar.


Fuente: Jorge Señorans, enviado especial a Mendoza

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