El futuro de la celeste ilusiona

Uruguay culminó la gira con la ilusión de mostrar caras y aire fresco y las mismas carencias de gestación de juego del pasado

Allá por 2010, el DT de Uruguay Óscar Tabárez se molestó por el quiebre en el proceso de selecciones. Fueron tiempos de confusión donde se pretendía una nueva estructura.

Tabárez no tenía contrato y poco podía hacer más allá de recomendar la contratación de algún entrenador para la Sub 20 que no fue escuchada. ¿Qué podía generar el quiebre? Que el técnico dejara de tener el control de todas las selecciones. Que se perdiera el monitoreo que tiene Tabárez de todos los jóvenes debido a su participación en los entrenamientos. La continuidad le permitió no recurrir al manotón de ahogado cuando el barco transitó por aguas turbulentas. Mantener la calma ante los innumerables pedidos de cambios de jugadores. Se llegó a decir que algunos jugadores estaban para cebar mate.

Pero el DT respondió: “me parece injusto. Sería fácil citar jóvenes. ¿Pero quién se hace responsable de lo que pueda pasar? ¿Y si los quemamos?”. Era cuestión de tiempo y espacio. Los pasos se fueron dando paulatinamente.

La renovación
Aquel denominado grupo cerrado de la selección pasó a formar parte de un mito. Tabárez brindó monitoreó y demostró que conoce el material del que se dispone en las selecciones juveniles. Y la nueva era arrancó con aires de cambio, pero dejando en claro que el plan recambio es real.

Uruguay venció a Corea del Sur 1 a 0 ratificando la renovación. Es que dos de las caras nuevas le brindaron el triunfo. Un centro de Giorgian De Arrascaeta fue conectado por José María Giménez para la victoria de la celeste en Seúl.

Uruguay se paró con la misma defensa que Tabárez colocó en el Mundial y en el amistoso ante Japón. Una clara muestra de que comenzó a consolidar a Maxi Pereira, Giménez, Godín y Cáceres.

En el arco se le brindó la oportunidad a Martín Silva, en el medio debutó Camilo Mayada. Arriba fue turno de Abel Hernández.

A lo largo del juego el equipo mostró diferentes esquemas tácticos. La línea de cuatro final se mantuvo siempre. Pero en el centro del campo Lodeiro fue como doble cinco y por momentos se paró delante de los volantes que fueron Mayada por derecha y el Cebolla por izquierda. Arriba los dos puntas fueron por el centro.

La lesión del Cebolla Rodríguez a los 23’ determinó el ingreso de Palito Pereira. Y hubo movimientos: Lodeiro a la banda y Palito de volante interno. Esto le sacó protagonismo a Lodeiro que venía siendo el mejor y sobre los 40’ invirtieron las posiciones.

El juego fue agresivo pero con escasas llegadas. Uruguay tuvo una a los 13 con un remate desviado de Abel.

El juego regaló detalles que no cambian: a los 22 Egidio salió a presionar la salida rival, no tenía nadie por detrás y el equipo quedó expuesto. ¿Saben quién llegó a defender? Cavani.

A los pocos minutos de iniciado el segundo tiempo entró Stuani por Cavani y se paró de volante por derecha. Ahí se modificó el esquema. Abel solo arriba con Lodeiro un poco más atrás, mientras que Mayada pasó más al medio.

Futbolísticamente el equipo adoleció las históricas carencias de juego elaborado. No fue un gran partido, justo es decirlo. Pero Uruguay mantiene su característica de ser duro para cualquiera y directo en ataque. Las escasas chances que tiene, las aprovecha.

Acaso las principales virtudes del equipo fueron la solvencia defensiva, la presión sobre el rival y la bocanada de aire fresco que significó el ingreso de Giorgian. Apenas piso la cancha presionó, robó y terminó metiendo una pelota de gol a Abel que evitó el golero coreano Lee. Enseguida tomó contacto con otro balón y asistió al propio Hernández que marcó pero estaba en posición fuera de juego. El 10 violeta dejó en claro que puede dar una mano y aportar desde un lugar donde la selección tiene carencias: la generación de juego.

Las preocupaciones pasaron por algunas pelotas frontales metidas entre los centrales que permitieron un mano a mano de Son con Silva y algún centro que no se resolvió bien por la defensa celeste.

Pero estos partidos tenían otro sentido. Al margen del resultado y de seguir consolidando la marca Uruguay, sirvieron para ver nuevas caras. Esas son las principales conclusiones que deben haberle quedado al entrenador. Que el proceso sigue en marcha. Rolan, Mayada, De Arrascaeta, Giménez y Corujo lo confirmaron. A ninguno le quedó grande el traje.


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