¿El fútbol es para los vivos?

El gesto de Godín avisando a sus compañeros que Messi estaba lesionado generó polémica en España, pero el deporte está plagado de avivadas como el gol de Maradona con la mano a los ingleses en el mundial de 1986

En 1968, Vélez Sarsfield fue campeón argentino tras ganarle una final a River Plate. La estrella del conjunto de Liniers era el cordobés Daniel Willington. Imparable pero muy temperamental, entraba no bien le hicieran la mínima cosa. Por eso River había planificado buscarlo para que lo expulsaran. ¿Y a quién mandaron? Al fenómeno de Luis Cubilla. En una incidencia Luis cayó junto a Willington y con la clásica picardía que el negro tenía adentro de la cancha, cuando se estaba reincorporando, lo mordió bien fuerte en la espalda. Cuando estuvieron de pie, Willington se dio vuelta y Cubilla pensó: “lo hice entrar, me va a pegar una trompada”. Pero el jugador de Vélez, con el clásico tonito cordobés de alargar las sílabas lo miró fijo y le dijo: “que hacé Neeegro, ahora que le digo a mi muuujer”.

¿A qué viene el cuento? A que España está escandalizada por el gesto que captaron las cámaras de televisión que le hizo Diego Godín a sus compañeros para marcar a Lionel Messi en el partido de ida de la final de la Supercopa. Lio sintió una molestia muscular y mientras él se tomaba el sector del dolor, la televisación de Al Jazeera captó unas imágenes que levantaron polémica. En las mismas se muestra a Diego Godín, en las espaldas de Messi, hablándole a Miranda, su compañero de zaga. Sí bien no se escucha que le dice, el uruguayo realiza dos gestos claros: primero, se toma el mismo sector que Messi y lo señala; posteriormente, cierra su puño y hace un gesto de golpe. Las imágenes se trasladaron a las redes sociales con la pregunta: ¿Godín mandó a pegarle a Messi? La red social Twitter estalló.

El zaguero desmintió toda posibilidad de querer hacerle daño a su colega (ver nota aparte), pero la polémica quedó instaurada. Y con ella una gran pregunta: ¿el fútbol es para los vivos?

El ambiente del fútbol está plagado de hechos donde primero está la viveza, en procura del resultado, ante la honestidad. Forma parte del deporte. Como el gol de Maradona con la mano a los ingleses.  Los gritos de Bilardo en la Copa América para que “mataran” al imparable Ruben Sosa, o el agua de dudosa procedencia que le dio de beber a los brasileños en el Mundial de 1990. Y la memorable mano de Suárez ante Ghana.

El 5 de agosto de 1997, en el Estadio Olímpico de Münich, el equipo local Münich 1860 derrotaba 2-1 a Karlsruher. Sobre el minuto 76 los visitantes se lanzaron en contragolpe y los locales corrieron a provocar un fuera de juego. Se escuchó un pito y los del Münich se detuvieron, pero los del Karlsruher continuaron y lograron el empate. Tras el debate, la conclusión: el gol es válido porque el pito no era del árbitro. El caso llegó al Tribunal Supremo de la Federación Alemana, que dispuso que el encuentro debía  repetirse. Las quejas continuaron y el debate llegó a la FIFA, cuyas directivas no compartían el curioso fallo.

En el marco de esta historia también se puede incluir el partido que Uruguay jugó con Argentina en el Centenario el 13 de noviembre de 2001. Los argentinos, para permitir que Uruguay llegara al repechaje, terminaron tocando para los costados. El estadio despidió a los argentinos aplaudiendo y de pie. Víctor Hugo Morales escribió en su columna en La Nación: “Hubo acuerdo, es cierto. Tácito, bien futbolero y entendible, sin demasiado conocimiento de la psicología”.

A fines de marzo de 1997, Robbie Fowler jugaba para Liverpool y fue a buscar un pelotazo y se encontró con el golero de Arsenal, David Seaman. La pelota siguió de largo, Fowler intentó saltarlo por arriba pero cayó. El árbitro Gerald Sabih cobró penal. Seaman protestó, a su lado Fowler movía la cabeza y los brazos en señal de enojo. “No fue penal, no fue penal”, gesticulaba con la boca despacio y en silencio. El público y sus compañeros lo miraban incrédulos. Antes de ejecutar el penal el delantero se acercó al golero y le pidió disculpas por tener que ejecutar la injusticia. Remató, atajó Seaman pero en el rebote anotó otro compañero. Fowler no festejó. Su actitud fue criticada por algunos de sus compañeros que “solo querían sacar ventaja del penal y hacer  el gol”, dijo Fowler.


Populares de la sección

Acerca del autor

Comentarios