El fútbol del pueblo

Los hinchas de Nacional, más allá de su condición (socio, palquista o simple simpatizante), le brindaron otra muestra de amor incondicional al club

España podrá reunir en su liga a las mejores estrellas del fútbol mundial. Francia intenta armar campeonatos contratando megaestrellas al influjo de los petrodólares. Italia no pierde su encanto de ser una de las ligas más competitivas. Inglaterra se metió en la pelea y el mundo mira expectante las andanzas de Luis Suárez.

El mundo del fútbol se rige por el dinero. Y los mercados poderosos se llevan a los mejores jugadores. Se expandió tanto el poder que hoy las estrellas del futuro, las que aún no llegaron a consolidarse, son las más codiciadas.

Los estadios son cada vez más sofisticados. Los espectadores están todos sentados en su butaca. Europa se encargó de inventar el fútbol exclusivo para los socios. Se compra el boleto para la temporada y al hincha común se le hace complejo asistir a la cancha. 

Pero esto es América. Y dentro del continente está el más pequeño de los países con sus extrañas particularidades. En Uruguay el fútbol se rige al ritmo del pueblo. Y al margen de que se buscan imitar cosas de otros mercados, por estas tierras aún reina el sentimiento más puro que pueda reunir un club: el del hincha.

El domingo la gente de Nacional volvió a brindar una nueva muestra de lo que significa el fútbol para este pedacito del mundo escondido entre Brasil y Argentina.

En un partido amistoso. En un torneo que convocó escasa cantidad de público en otros países de América como Argentina, Colombia o Perú. Nacional fue capaz de llenar el Estadio Centenario para decirle al mundo de que se trata esta historia.

Las hazañas deportivas de los uruguayos son bien conocidas, pero por razones obvias los equipos poderosos no vienen a estos mercados. Por eso, cuando se conoció la noticia de que Atlético de Madrid desembarcaba en Uruguay, el pueblo tricolor se mostró decidido a hacerles saber lo que significaba el amor por un club.

Cuando por altoparlantes anunciaron el momento de desplegar la bandera gigante, la más grande del mundo, los jugadores del equipo español miraban atónitos a las tribunas. Jamás habían vivido una prueba de amor más incondicional, jamás entenderán lo que significa para esta gente una camiseta. El domingo no fueron solo los socios, tampoco los palquistas ni butaquistas, fue el pueblo de Nacional el que brindó otra muestra de amor. 


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