¿El fin de Tiger Woods?

A los 39 años, Tiger woods parece haber perdido la magia y da pena sobre los campos de golf


Tiger Woods cambió la historia del golf. Fue el hombre que lo transformó en un deporte atractivo para las masas, pero además el que cambió el paradigma del golfista. Básicamente, el que obligó a los golfistas a transformarse en verdaderos atletas.

Hoy el golf mundial asiste al final de Tiger Woods. Así de radical como suena. Porque el otrora dominador absoluto de la PGA sufre al extremo tan solo por salir a los campos del circuito. El viernes se retiró en el hoyo 12 del Farmers Insurance Open, y una semana antes había cosechado la mayor humillación en meses, al no superar siquiera el corte de clasificación. El lunes cayó al puesto 62, el peor desde que saltó a la fama. Su espalda, operada a mediados de 2014, lo hace sufrir al límite, y postrarse ante una historia que le está pasando por el costado.

Patético
Las imágenes son patéticas: a Tiger le cuesta hacer golpes fáciles, que en otro momento hubiese conseguido con los ojos cerrados. “Mi espalda se ha bloqueado y cuando empecé a competir fue peor. Es frustrante que todo esto vuelva a empezar. Estaba listo para jugar, he calentado bien, y me enfrié antes del golpe de salida del hoyo 12”, expresó el viernes, luego de su abandono por lesión.

Es cierto que se ha levantado en otros momentos. Ya tuvo una operación por líquido en la rodilla izquierda en 2002. Ya ganó jugando al límite de su físico, como cuando sufrió una artroscopía en la misma rodilla en 2008 y se quedó con el British Open tras jugar literalmente en una sola pierna. Ya sufrió lesiones en el cuello en 2011, en el codo en 2013. Hasta atravesó un escándalo personal que derivó en una internación para superar una adicción al sexo.  Y de todas esas caídas, Tiger se levantó al ganar torneos, y hasta recuperando el número 1.

Ahora la situación es radicalmente diferente. Tiene 39 años, por lo que cada día en el circuito se le vuelve más cuesta arriba. La espalda solo le permitió jugar ocho torneos en 2014, de los cuales no ganó ninguno. Entre lesiones y descalificaciones, no juega un torneo entero desde julio.

Perdió la pasión
¿Por qué la caída? Para muchos va más allá del físico, y tiene que ver mucho con lo mental. “Woods no ha caído por sobre analizar su swing, o porque su cuerpo se haya dado por vencido. La razón de la caída, como su ascenso, no se encuentra mirando estadísticas. A Tiger lo condena su eterna búsqueda por la perfección”, opinó Brandel Chamblee, ex golfista y comentarista del Golf Channel, que sin embargo vuelve al tema del swing para una sutil referencia sobre el cambio de estilo que inició la última saga de lesiones: “Tiger quería el swing perfecto. Quería el cuerpo perfecto, para intimidar tanto con su presencia como con su swing. Quería el récord perfecto para superar la leyenda de Nickalus. Pero el problema es que el golf no es así. No es lineal sino abstracto. No es lindo; es complicado. Por eso no lo logró. Y en el proceso destrozó su cuerpo y reemplazó su confianza por timidez. La alegría del juego se le ha escapado”, agregó lapidario.

“En 1997 era un atleta fuerte y poderoso. Se mostraba dominante, se sentía dominante. Era dominante. Ahora, en el año en que cumple 40, está roto, y no hay evidencia de que alguna vez se arregle”, añade Barry Svrluga, del Washington Post.

Para peor, Tiger tiene que soportar ver cómo la nueva camada lo está reduciendo al olvido. Rory McIlroy domina el circuito en el juego. Pero aún más allá, es la baza de supervivencia para la PGA. Ya no es la situación de 2013, cuando la ausencia de Tiger provocaba desbarrancos en los ratings. Ahora hay un golfista enorme, que sabe cómo moverse con la prensa y que hasta atrae al showbussiness, luego de su casamiento frustrado con la tenista Caroline Wozniaki.

En medio de esta crisis, una cifra hace ruido: hace siete años que Tiger no gana un Major (US Open 2008). En ese entonces llegó a 14 grandes, y los 18 de Jack Nicklaus, su último obstáculo antes de convertirse en el mejor de todos los tiempos, parecían a un paso. Hoy parece casi imposible. Más que nada, el hombre que cambió la historia del golf pretende que, al menos, su final sea digno.


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