El fin justificó los medios

Uruguay no repitió lo bueno que había mostrado antes de local pero ganó igual ante Ecuador y se cortó en la tabla

Sin la solidez exhibida ante Colombia y Chile, sin el brillo desplegado contra Paraguay y sin la contundencia que tuvo frente a Venezuela. Uruguay no repitió como local ante Ecuador todo lo bueno que había mostrado antes en el Centenario. Pero ganó igual y se cortó en la tabla de las Eliminatorias dando otro paso decisivo rumbo a Rusia 2018.

¿Por qué no jugó bien Uruguay? Porque resignó la propuesta con la que se plantó ante Paraguay y Venezuela, porque extrañó a Edinson Cavani –suspendido por acumulación de amarillas– y porque tuvo enfrente a uno de los equipos más sólidos del certamen.

A Ecuador le faltaron nueve jugadores, pero su estilo de juego no se resintió. El equipo de Gustavo Quinteros tiene una identidad bien definida –despliegue por las bandas, posesión y transiciones ultra veloces para pasar de defensa a ataque– y así plantó bandera en el Centenario.

Por eso y por los defensivamente sufridos primeros 45 minutos ante Venezuela el mes pasado, Tabárez resignó la propuesta a la que apeló en los dos últimos partidos y optó como premisa por el control del rival para intentar generar daño a partir de dicho control. Fue lo que hizo –con solidez y contundencia– ante Colombia y Chile en las primeras fechas.

Así, la estructura 4-3-1-2 con la figura de enganche, pasó a ser un 4-4-1-1 con doble cinco y Cristhian Stuani jugando detrás de Suárez.

La idea primaria fue tener a raya al volante central Christian Noboa a quien en la conferencia de prensa del lunes Tabárez tildó como "el cerebro del equipo". También fortalecer las bandas e impedir que el despliegue de los laterales rivales generara superioridad numérica por afuera.

A partir de ese control, Uruguay tuvo a raya a Ecuador en los 30' iniciales. Esperó que el rival soltara su bloque para posicionarse en campo enemigo y en el momento justo sofocó a Noboa en un mar de piernas, para recuperar rápido y lanzar de inmediato en largo donde Suárez le hincó el diente de su potencia a la lentitud de Gabriel Achilier y Frickson Erazo, los centrales rivales.

Una asistencia del 9 puso de cara al gol a Stuani a los nueve minutos, pero el remate, cruzado, se fue afuera.

Y tres minutos después, otra jugada orquestada por el atacante de Barcelona derivó en el córner que Sebastián Coates terminó metiendo de a prepo ratificando el eterno poderío de la pelota quieta celeste, servida en este caso con la maestría del Señor Asistencia: Carlos Sánchez.

Recién a los 30 minutos, Ecuador se adueñó de la pelota. Con Noboa, por adentro y así comenzó a ensanchar sus ataques para llevar peligro por afuera hasta el arco de Muslera.

Sin embargo, la celeste se mostraba sólida en la extrema retaguardia. Maximiliano Pereira llegó a tiempo a un cierre defensivo, Fernando Muslera se quedó con un tibio intento de Miler Bolaños y tanto Coates, como Diego Godín y Gastón Silva resolvieron impecablemente las acciones en que tuvieron intervención.

Errático Diego Rolan por la banda izquierda, Uruguay se fue quedando sin generación de contraataques. Y si en los primeros 30' el reloj del equipo había sido Matías Vecino por presencia y pase al pie, ahora era Ecuador el que disponía de la pelota.

Es cierto que la visita había sido inofensiva a la hora de plasmar en situaciones su dominio en el juego. Pero a los 44 minutos, Ecuador demostró ser un equipo letal a la hora de pasar de defensa a ataque a la velocidad de la luz.

Lo que sufrió Argentina en octubre del año pasado en el Monumental de Núñez, lo padecía la celeste cuando Rolan volvió a discernir mal en ataque y Ecuador realizó una transición perfecta que tomó a toda la estructura uruguaya desacomodada. Noboa, sin oposición en el mediocampo, filtró un pase entre líneas, Felipe Caicedo quedó solo y contra su imponente zurda no pudo llegar Godín en un intento de cierre ni Muslera con un vuelo estéril.

Así caía una marca de 494 minutos sin recibir goles en el Centenario en la presente Eliminatoria.

Pero este equipo uruguayo es rebeldía y es reacción. Por eso, antes de que se abriera el compás de la incertidumbre para el segundo tiempo, Gastón Silva abanderó un ataque, rompió líneas como un soldado de primera fila y sacó un remate cruzado imposible de controlar para Esteban Dreer. Sánchez la cruzó al medio y Rolan hizo olvidar su pobre primer tiempo con un posteo magistral en el que definió de taco, con el instinto del potrero.

De esa forma, la celeste se fue arriba 2-1 al entretiempo. Tuvo dos opciones de gol e hizo una, tiró un córner solo y fue gol, no concedió tiros de esquina y se llevó aprendida la lección de que si le daba ventajas al rival era boleta.

Así y todo, el complemento, fue un suplicio. De principio a fin.

No porque Ecuador sometiera a la celeste a un sinfín de opciones de gol y erigiera a Muslera en figura. Sino porque los de Quinteros fueron dueños absolutos de la pelota, del campo y así terminaron sitiando al equipo de Tabárez en la recta final del cotejo.

Cuando la cancha se inclinaba en contra, el Maestro apeló al buen pie de Gastón Ramírez. Stuani pasó al sacrificio de la banda y salió Rolan.

Pero la jugada no resultó, porque el equipo estaba atorado y se veía una y otra vez obligado a jugar en largo. Si Stuani era el foco de recepción para peinarle alguna pelota a Suárez para que este hiciera magia en el mano a mano –y por algunos lapsos lo hizo–, Ramírez necesitaba otra limpieza para poder ejercer influencia en las acciones. Y nunca le llegó una redonda.

Bolaños giró en el área a los 62' y puso un zurdazo alto, en la única acción de riesgo clara donde Ecuador merodeó el empate.

Con esa escenografía, a Uruguay no le quedó otra que apretar los dientes, defender el área y jugar en largo. La pelota le volvió siempre rápido porque le faltó aplomo para jugarla por abajo y consumir minutos con tenencia.

Marcos Caicedo, Juan Cazares y Jaime Ayoví entraron para avivar el ataque de Ecuador, pero entre la solvencia de Coates y Godín, y la firmeza de los laterales, Uruguay se sostuvo a pesar de terminar defendiendo tres córners en los últimos minutos.

Jugó mal, pero volver a ganar en casa y despegarse como segundo en las Eliminatorias justificaron los pobres medios empleados para llevarse un valioso triunfo.

Embed



Acerca del autor