El fenómeno Wanderers

El bohemio acuna un sueño cimentado en su fútbol, el desparpajo de su juventud, la relación con el técnico, las palabras de la casera Ivonne y el utilero Cani más los mensajes motivadores

"El peor de todos es el Gastón. Es fatal. El otro día en la concentración andaban tirando cohetes y me dejaron todo sucio. Los voy a matar”, decía Ivonne Gallardo. La Flaca, como se la conoce, no es otra que la hija de Doña Gloria. Heredó su legado de casera y ya lleva 37 años en el Viera. Wanderers forma parte de su vida.

La Flaca, que se niega a salir en las fotos, abre las puertas del club a El Observador. Y mientras allá en la cancha los jugadores terminan de entrenar, Ivonne le dice al fotógrafo: “Pará, dejame tender la cama de una habitación que está todo tirado”. Al rato viene: “Dale, tenés pronta la del Chapa (Blanco) que es el más prolijo. ¡Pero mirá lo que hicieron!”, dice en tono de protesta mientras mira como le juntaron la basura con una pala.

Wanderers respira aire fresco. Y acaso ese sea el éxito de su fenómeno. “Flaco, sacale una foto con esta remera al Rodri Pastorini”, dice Gastón Rodríguez mientras muestra una remera con la cara del técnico Alfredo Arias, cuando era joven, y la inscripción “¡Papi!”. Las bromas no paran.

Una pared del vestuario es muda testigo de las frustraciones. Ahí, colgados, los mensajes apuntan a derrumbar el mito: “Intentar significa arriesgar, arriesgar significa probablemente perder, perder significa aprender siempre a ganar”. Wanderers tiene un sueño acunado a lo largo de sus 100 años de vida y nunca estuvo tan cerca como esta vez.

¿Cómo llegó hasta acá? Al margen de los aspectos futbolísticos existen otros elementos que hacen al fenómeno Wanderers.

La convivencia
“Nene, a ver si aparecés porque hace cuatro partidos que no venís”, le dice el utilero Cani a Gastón Rodríguez en clara alusión a que no convierte goles. Gastón responde “ahora el domingo, no vengas a abrazarme. ¡Alfredo! si meto un gol paga el asado!”, le grita con total desparpajo al técnico.

“Esta relación se fue dando sola, de pronto por el carácter de ellos y el mío. Desde el primer día vengo repitiendo lo mismo, para mí lo importante es el futbolista y se que tengo que mantener un lugar por la autoridad que tengo que ejercer pero yo creo en la autoridad por convencimiento y no por poder”, comienza diciendo el técnico Arias a El Observador.

Para que tengan una idea de su perfil bajo, cuando se lo encara para la nota responde: “No, pero recién hablé con otro medio. Hablen con los jugadores, en serio, me da vergüenza. ¿Con quién querés hablar?”, pregunta y se mete en el vestuario. Pasa por la utilería donde hay una virgen que quedó como legado del pasaje del argentino Salvador Capitano.

Y Arias sigue revelando secretos: “El punto de quiebre lo marca el otro. El otro tiene que saber que el respeto llega hasta donde quiere que lo respeten”.

Consejeros
El plantel de Wanderers, por convenio con la Rural, concentra en el local de ARU. Las camas lucen el detalle de sábanas, almohada y colchas con el escudo del club.

Pero claro, tiene pequeños defectos: no hay sala de esparcimiento. Entonces las horas se pasan jugando al play en las habitaciones o compartiendo un mate.

El más veterano del plantel es Sergio Blanco. El capitán reveló un secreto que marca la condición de Wanderers como club.

“Cuando se me escapa algún detalle tengo al Cani (utilero) atrás que lo ve, o la Flaca (casera del Viera) que te lo hace recordar. Es un plus. Tienen más experiencia que todos nosotros. El Cani nos aporta cosas adentro y fuera de la cancha, y de pronto alguna puteada de la Flaca te hace caer en la realidad. Wanderers es así”.

El técnico Arias lo tiene claro desde que se formó en el club: “Solo hay gloria cuando hay dignidad y ética. Nosotros por estar en el club que estamos tenemos una historia de actuar así siempre. Nosotros respetamos a los rivales, las normas, y sabemos cuando nos vemos perjudicados, pero no somos llorones. El fútbol pide eso. No hay gloria sin dignidad. No es ganar de cualquier manera. Uno llega a la gloria si hay atrás un camino de dignidad”.

Un cartel en el vestuario avala sus palabras: “Los momentos de mi vida en los que yo he crecido tienen que ver con los fracasos. Los momentos de mi vida en los que yo he empeorado tienen que ver con el éxito. El éxito es deformante, relaja, engaña, nos vuelve peor, nos ayuda a enamorarnos excesivamente de nosotros mismos. El fracaso es todo lo contrario, es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones, nos vuelve coherentes”.

En la cancha
El fenómeno Wanderers, que se construyó desde la intimidad y la convivencia de su joven grupo, tiene reglas claras desde el punto de vista futbolístico. Consolidado desde las manos de su golero Cristóforo, la convicción marca el camino de un equipo que presenta la mejor propuesta.

“En la cancha todo el talento tiene que estar al servicio del equipo. La esencia de nuestro juego se basa en que primero está el equipo y luego la individualidad, en que el equipo hace potenciar la individualidad y no al revés”.

Wanderers llega al cierre del campeonato trepado a un sueño. Nunca estuvo tan cerca.

“No podemos quedarnos a cuidar la casa, tenemos que salir a buscar. La chance de ganar el campeonato está si la salimos a buscar”, dijo Arias.

En el vestuario el mensaje está claro: “Un plantel ganador no es el que nunca pierde, es el que cuando pierde no tira la toalla”.


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