El fenómeno de la fidelidad de Jauri

El entrenador que lleva once años en Sporting, con un solo contrato firmado, metió al equipo en las finales de la liga

El día siguiente a su nacimiento el padre lo hizo socio del club. Entre aquellos primeros pasos debe haber quedado alguna huella en la vieja cancha de Sporting. Con 9 años lo ficharon y la fidelidad se hizo a prueba de balas. Caminaron juntos. Compartieron historias. Sufrieron en las derrotas y se alegraron en las victorias.

Pero lo que Gerardo Jauri jamás imaginó fue que se convertiría en el verdadero constructor de un fenómeno inédito en la historia del básquetbol uruguayo.

Lleva once años al frente del plantel de su viejo Sporting, hoy llamado Defensor Sporting.

La relación tiene extrañas particularidades. En once años de unión solo una vez se firmó  contrato. Siempre fue de palabra.

Y el constructor de esta historia, contra todos los pronósticos y con un presupuesto cuyos números no daban, metió a su equipo en las finales de la Liga Uruguaya.

¿Cuáles son los secretos y las bases del fenómeno de Sporting?

El propio Jauri se encarga de revelarlos.

Once años en el club

“Hay una conjunción de cosas para permanecer 11 años en el club. La parte directiva, que apuesta a que un profesional trabaje en el cargo, y a procesos, no de 11 años, pero sí con la idea de estar de acuerdo en buscar estructuras, jugadores, una identidad que permanezca en el tiempo. Y después están los objetivos que pueden ser intermedios o finales y que son un aliciente porque es difícil mantenerlos sin resultados. También está la alimentación del club con sus propios jugadores. Mantener un referente como Diego Castrillón y luego jugadores con contratos a dos o tres años y perfiles de jugadores que van de acuerdo con la concepción de juego”.

No caer en la rutina

“Este año hubo momentos duros donde uno se cuestiona si no hay un desgaste después de tantos años. A veces lo hay. Pero la clave es que en los distintos años  se consideran metas cortas. Eso no es malo. De pronto, fomentar dos o tres jugadores que se proyecten y se consoliden. Hay metas intermedias que generan un aliciente. Me ha pasado que tuve equipos con jugadores calificados y otros en formación. Entonces me dan ganas de trabajar y uno no se aburguesa. Todos los años me sentí con ganas de hacer cosas”.

El presupuesto

“Se tienen vaivenes en los temas presupuestales. Este año no éramos candidatos y si se hace una escala por inversión no deberíamos estar en la final. Yo no manejo las decisiones de las inversiones”.

Jugar básquetbol

“Tuvimos momentos duros. Estuvimos a punto de no entrar en la ronda final y nos sentamos con el grupo y charlamos. La conclusión era que para lograr objetivos grandes era imprescindible jugar bien”.

Relación con dirigentes

“Mi relación es un poco peculiar: le doy importancia a la palabra. No se si una vez firmé el contrato. Las charlas son naturales sin necesidad de algo escrito por cuatro años. Sí en cuanto a la idea. Me siento privilegiado porque se respetó siempre la palabra del entrenador en aspectos técnicos y en la elección de los jugadores. Me dieron la derecha y eso es una ventaja que tengo ante otros colegas y además la memoria deportiva que te la brinda la continuidad”.

Las finales, el nuevo desafío

“Llegar a las finales es la etapa más exigente, nos plantea un nuevo desafío. Esto nos pone con otro compromiso que está muy bueno tomarlo. Los dos rivales son duros pero la vamos a ir a pelear tratando de que el equipo esté tocando el techo de sus posibilidades y después el resultado lo marca la cancha. Aún no tocamos el techo. Creo que, entre paréntesis, no hicimos una gran serie contra Bohemios pero si mejoramos y tenemos los pies sobre la tierra estamos en condiciones de pelear”.

El club

“Mi padre vino a estudiar a los 18 años y se vinculó con Sporting. Yo considero al club parte de mi familia. Me formó como persona, me ayudó a crecer. Soy un agradecido al deporte que me enseñó los valores”. 


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