El extraño embrujo de River

América habla del equipo del Prado que pierde jugadores todos los años, recurre a su cantera, y eliminó a Católica, donde un solo jugador gana lo mismo que todo el cuerpo técnico darsenero

Hay una larga formación de jugadores pegando saltitos como esperando el momento de comerse al rival. Todos miran al frente. Y de pronto, un vozarrón que los sacude. “Nadie nos va a robar lo que tenemos adentro, ¡la c… de tu madre! ¡Tanto sacrificio, tanta lluvia, tanto barro, tanta agua fría, tantos salarios que no venían, ahí está papá, ahí está, está mañana, no está dentro de un año, está mañana, la c… de tu madre!”.

Es River. En un entrenamiento más. Su preparador físico grita desaforado.

“Buena vibra, ganamos todos los rebotes mañana, todas las segundas bolas, todas, y le vamos a meter intensidad, y vamos a ganar todos los tranques, y vamos a llegar 500 veces y los vamos a meter con pelota y todo para adentro, así va a pasar”.

Así se fue construyendo el sueño de River. Con los gritos de su expreparador físico Marcelo Tulbovitz y con la insistencia de su técnico Guillermo Almada para inculcar una idea futbolística.

Hoy, que River seduce a América, pocos recuerdan lo que vivieron. River fue, como lo decía su preparador físico en aquel entrenamiento: agua fría, barro, salarios impagos.

Pocos recordarán que hace una temporada atrás el plantel inició los trabajos bajo protesta. No entrenaban con la ropa del club. La deuda se acumulaba. Pero las soluciones llegaron desde la cancha.



La sangría
2012-2013
Taborda (Nacional), Prieto (S. Wanderers), M. Sosa (Nacional), Icart, Gaglianone, Rodrigo Cabrera (Juventud), Baltasar Silva (Peñarol), Rizzoto (Jose Terán), N. Pereira (José Gálvez), Jhon Varela, B. Lugo (Brasil), Maxi Córdoba (Danubio) y Dadomo (Cerro).
2013-2014
Pablo Olivera (Carabobo), Leyes (Peñarol), Avenatti (Italia), Porras (Danubio), Argachá (IASA), M. Prieto (S. Wanderers), Olaza (Paranaense), Carrera (IASA), Sergio Bica (Marathon).
2014-2015
Sebastián Taborda (Nacional), Frascarelli (Ñublense), Janderson (Azogues), Hamilton Pereira (Morelia), Alaniz (Morelia) y Esnal.



De la mano de un entrenador como Guillermo Almada, que no gana más de US$ 11 mil mensuales, más los aportes que corren por cuenta del club. River tiene una maquinaria bien aceitada que le permite renovarse y no resentirse cuando, torneo a torneo, pierde a sus principales figuras.

¿Que implica ello? Que el club invierte US$ 60 mil para mantener la maquinaria en formativas. Eso incluye a los cuerpos técnicos, que son los que producen la materia prima para que Almada pueda recurrir a las formativas. Pero no son solo entrenadores los que trabajan: hay médicos, entrenadores de goleros, utileros, funcionarios, y hasta dos psicólogos.

La realidad de River contrasta con la de Universidad Católica de Chile, equipo al que los darseneros acaban de eliminar de la Copa Sudamericana. San Carlos de Apoquindo es una ciudad deportiva que asombra. Para que tengan una idea de la magnitud de La Católica, compite en natación, tenis, rugby y hasta en polo. Tiene un estadio enclavado en las montañas que es una joya.

Pero no es todo. Las diferencias que River marcó en la cancha con el elenco chileno fueron tan abismales como los salarios de los entrenadores. Mientras Almada gana US$ 11 mil, el cuerpo técnico del argentino Julio Falcioni figura entre los más elevados de Chile.

El costo mayor del presupuesto de los cruzados recae en su cuerpo técnico. Falcioni, su ayudante, Javier Sanguinetti; el preparador físico Gustavo Otero, y el preparador de arqueros, Néstor Lo Tártaro, recibirán US$ 900 mil anuales. River los dejó en la cuerda floja. Y justamente pagar el despido es lo que hace dudar a los dirigentes de dar el paso de echar a Falcioni.

A nivel de jugadores, la UC tiene a tres entre los mejores pagados del fútbol chileno con salarios de 12 millones de pesos chilenos, que equivalen a US$ 20.512. Según la prensa transandina, hasta el pasado torneo Clausura, el sueldo más alto era Milovan Mirosevic, con $ 14 millones mensuales (US$ 24.137). Pero al volante no le renovaron contrato, y ahora los jugadores que más ganan son los argentinos Tomás Costa y Darío Bottinelli, ambos con $ 12 millones (US$ 20.512) cada 30 días.

En River Plate los sueldos no son muy elevados. Según revelaron a El Observador, los jugadores que más ganan deben estar en el entorno de los US$ 6 mil a US$ 7 mil; el resto cobra un poco más del salario mínimo que está establecido en $ 27 mil. El plantel de la Católica tiene una tasación global de US$ 17 millones, contra los pocos más de US$ 10 millones de River Plate, según la página Transfermarkt.

Pero no son las únicas diferencias. Hay otros detalles como la infraestructura, el dinero que se invierte en juveniles, los ingresos y hasta la cantidad de socios. En la cancha, sin embargo, en River nada de eso importó porque, como inculcaba el profe: “Nadie nos va a robar lo que tenemos adentro. ¡Tanto sacrificio, tanta lluvia, tanto barro, tanta agua fría, tantos salarios que no venían, ahí está papá, ahí está, está mañana, no está dentro de un año, está mañana...”. l


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