El equipo de las dos caras

En los últimos dos partidos el aurinegro anotó nueve goles pero sigue sufriendo mucho en defensa
El silencio habitual de Los Aromos se interrumpe por las indicaciones en voz alta de Fernando Curutchet. El entrenador interino, a esta altura entrenador hasta el final del certamen, está disconforme con su línea final y se lo hace saber a sus dirigidos.

Es que Peñarol, desde la llegada del coordinador de juveniles, mostró una cara renovada en la ofensiva pero sigue con los mismos fantasmas en defensa, que lo hace un equipo inestable y vulnerable.

Desbalanceado en el mercado

En la pretemporada Peñarol perdió seis jugadores en su zona defensiva. A saber, Matías Aguirregaray, Fabrizio Buschiazzo, Emilio MacEachen, Guillermo Rodríguez, Diogo Silvestre, Maximiliano Olivera y Gianni Rodríguez aunque luego volvió al club que lo había dejado libre a expreso pedido de su representante.

Del plantel anterior solo se mantuvieron Andrés Rodales, Carlos Valdez y Hernán Petryk.
Peñarol incorporó en ese sector a tres jugadores. Llegaron Maximiliano Perg, Matheus Bressan y Alex Silva mientras que Mathías Rodríguez volvió de Real Madrid y se quedó con el puesto del lateral izquierdo. Además se ascendió al juvenil Yefferson Quintana de escasa participación en el certamen.

A juzgar por el balance la línea defensiva tuvo menos jugadores elegibles por el entrenador de turno, con la salvedad de que en el seno del cuerpo técnico anterior se interpretaba que Nicolás Freitas podía también jugar de zaguero.

Entre cesiones a préstamo y contratos libres que no se renovaron, Peñarol perdió peso en su zona defensiva y en un punto clave del equipo como es su zaga central tuvo que armarse desde cero. Con Valdez mermado por lesiones, los entrenadores tuvieron que quemar la etapa de adaptación de Bressan, Perg y el juvenil Quintana, sin experiencia en la Primera División de un equipo grande.

Además, sin descollar, los laterales de Peñarol estaban asentados y Aguirregaray junto con Olivera conocían el funcionamiento del equipo de memoria. Por los extremos, Silva y Rodríguez también tuvieron que adaptarse.

Esa línea de cuatro improvisada le genera a Peñarol dolores de cabeza permanentemente, que no se han podido solucionar a lo largo de las fechas y que preocupan de cara al clásico.

El domingo pasado, ante Racing, el equipo sufrió esa fragilidad defensiva pero logró festejar gracias a un poderío en ataque que comienza a pagar acorde a la inversión realizada.


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