El ejemplo del rugby para todo el deporte

Dividido y estancado hace cuatro años,el rugby se unió y comenzó un histórico proyecto de alto rendimiento que lo llevó al Mundial

Durante años, la historia del rugby uruguayo era un reflejo claro de la idiosincrasia del deporte nacional: gran potencial, pero peleas internas que se convertían en su peor enemigo. A veces eran fuera de la cancha, otras, dentro: la mayoría de las veces se cruzaban ambas, y el resultado significó que, durante dos mundiales seguidos, Los Teros se quedaran en la puerta de la clasificación, en este mismo último repechaje que el sábado permitió un grito de desahogo que se escuchó en el mundo entero.

En el camino hubo un cambio gigante. De un deporte que luchaba en la “chacrita” a otro que se convenció que para competir en el mundo había que cambiar de raíz. Dejar gran parte de los preconceptos usados hasta el momento, e iniciar un plan de desarrollo que pocos años antes solo hubiese sido un chiste y que hoy es modelo en el país.

En 2007 las peleas internas del plantel terminaron de explotar en la previa al último partido. ¿Resultado? Eliminación por un punto ante un Portugal. En 2011 un cisma político dividió las aguas y terminó en la ausencia de varios de los jugadores más importantes.

El cambio
Pero entonces, el rugby uruguayo empezó a tejer. Y en esta clasificación mucho habrá que agradecerle a Marcello Calandra. El hombre que llegó en 2012 con un objetivo: unir al rugby y ponerlo en condiciones de dar un salto.

Calandra, sin el perfil político de sus antecesores, llamó a todos los últimos presidentes de la URU y hombres fuertes del rugby a que lo acompañaran en la directiva. Aún aquellos que se habían enfrentado al límite. A esa directiva se sumaron Antonio Vizintín, Andrés Betingo Sanguinetti, Pablo Ferrari, Sebastián Piñeyrúa, entre otros. Quedó afuera Gustavo Zerbino, que venía desgastado tras cuatro años de presidencia, aunque siguió dando una mano invisible en situaciones importantes. La última fue mover contactos para que Uruguay entrenara en el Centro de Alto Rendimiento de la Federación Francesa, a la ida y a la vuelta del viaje a Rusia.

La URU necesitaba paz para construir lo siguiente: la clasificación al Mundial y, de la mano con ello, el inicio de un proceso tan ambicioso como arriesgado: conseguir el Estadio Charrúa para construir un Centro de Alto Rendimiento. La idea, en la cabeza de Calandra desde hace tiempo, también rondaba la de Pablo Lemoine, quien por aquellos tiempos se hacía cargo de la selección y empezaba a plantear sus ideas, las cuales muchas parecían de otro planeta.

Lentamente Calandra plantó la semilla en el resto de sus compañeros, que tuvieron un rol clave en las gestiones con la AUF y la Intendencia de Montevideo. Y finalmente, a fines de 2012, se firmó el acuerdo: la concesión conjunta del Estadio Charrúa, por 10 años, a la URU y la AUF. Por el acuerdo. La URU se estableció en el estadio –casi en ruinas–, se hizo cargo de toda la refacción, y la AUF pasó a colaborar con un canon y a utilizarlo ocasionalmente.

Entonces todo empezó a rodar. El rugby, con un proyecto serio y bajo la presidencia de Sebastián Piñeyrúa que tomó la posta tras ser secretario general en la directiva anterior, se asoció a la agencia de publicidad Ginko, que la ayudó a delinear el “producto Teros”. Todo eso permitió empezar a recibir apoyos estatales y de empresas, lo que a su vez permitió elevar de US$ 130 mil a 180 mil anuales el apoyo de la IRB, que siempre estableció una exigencia de una “mesa de tres patas” para el parte económica, entre lo suyo, lo privado y lo público.

Así la URU triplicó su presupuesto hasta superar en varios meses los US$ 100 mil, sumando a Antel, Uruguay Natural o Volkswagen como principales espónsors, e incluso otros como el Ministerio de Transporte y Obras Públicas para techar el gimnasio del Charrúa, más recursos inéditos, como el contrato con Nuevo Siglo para ceder los derechos de TV y con ese dinero cumplir un largo anhelo: pagarle a un viático a los jugadores, para que el esfuerzo de entrenar como profesionales siendo amateurs les permitiera al menos no pagar por entrenar.

Todo eso llevó al proyecto en el que hoy está el rugby uruguayo, y a la construcción de un Centro de Alto Rendimiento solo superado por el de la AUF, donde la URU estableció su sede, local de concentración (que utilizan varios clubes de fútbol), un gimnasio  (utilizado por la selección de hándbol), y un centro médico utilizado por deportistas de todos los sectores.

Nada se hubiese logrado sin el esfuerzo de los jugadores, los grandes hacedores de esta historia. Pero fue cuando el rugby uruguayo se unió, y cuando pensó en grande, que logró el objetivo de volver a un Mundial. Y a transformarse en un ejemplo para el resto del deporte uruguayo.


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