El ego dejó afuera a Carlos Tévez

El delantero suma 19 títulos en su carrera como profesional y fue ídolo por todos los clubes que pasó. Sin embargo, carga con el lastre de ser un “villero 100%”, condición que lo marginará de la próxima Copa del Mundo

"La selección, la selección, se va a la p… que lo parió”, cantaba Carlos Tevez en la cancha de Racing de Avellaneda, en 2003, cuando con Boca Juniors se consagró campeón del Torneo Apertura. El joven delantero de 19 años tomaba partido en una polémica entre su club y la selección sub 20, que habían pulseado por tenerlo.

Once años después, Tevéz no ha pulido ni un poco su personalidad explosiva, por más que las marcas que lo representan quieran sostener esa imagen de tipo canchero, con aire barrial, inmune a las críticas.

Pero también ha ido agrandando su figura futbolística, hasta transformarse en una de los máximos artilleros de una liga como la italiana, históricamente acostumbrada a defensas cerradas. Su ausencia, entonces, refleja la mayor polémica de un Mundial que está en las gateras.

No es como el colombiano Falcao, que puede quedarse afuera por lesión, o como Ibrahimović, el sueco que no estará en Brasil por fallas de su equipo. Tevez era elegible y está en un gran nivel, pero sus actitudes fuera de la cancha lo marginaron de una cita mundialista a pesar de condición autoproclamada –y alimentada- de “jugador del pueblo”.

Su historia
“Si no fuera por el fútbol, yo hubiera terminado como muchos chicos de mi barrio. Estaría muerto, en cana, o tirado en la calle por ahí, drogado”, se sinceró el Apache en diálogo con la revista Garganta Poderosa, editada por un colectivo de personas que viven en la periferia problemática de Buenos Aires.

Su pasado humilde, sumado a un carácter irascible dentro de la cancha, la habilidad para ser contestatario ante la prensa y a la efusividad de sus festejos, forjó en Tevez una marca registrada que rápidamente se comparó, a ingenio de un público hambriento de nuevas victorias, con la estampa gloriosa de Diego Maradona.

Pese a que el idilio popular parece ser a prueba de balas en ambos casos, el futbolista de Juventus cometió errores tan gruesos como la adicción del mítico mago.

Ambos conocieron el negocio del elogio a la perfección y retroalimentaron esa relación con frases que rozaron lo desproporcionado.

“Tevez es el ídolo del pueblo. Está por encima de Messi y de mí”, dijo Diego cuando le tocó defenderse por una decisión técnica que incluía a su sucesor, mandando al demonio la brújula de los perdidos hinchas argentinos.

Un año más tarde, el propio Tevez se encargó de enterrar su condición de intocable. “Jugar en la selección argentina te quita prestigio”, dijo luego de que Fernando Muslera le tapó el penal que sentenció la suerte del equipo de Sergio Batista en la Copa América.

Sus compañeros, en algunos casos jugadores tan consagrados en Europa como él, no toleraron esa falta de respeto y el quiebre en la relación estaba a la vuelta de la esquina.

El propio Batista había dudado sobre su convocatoria y cedió ante las presiones que exigían la inclusión del atacante. “Es un jugador de selección, de eso no hay duda, pero había otras cosas también sobre su adaptación con el grupo que yo no supe manejar”, sentenció Batista, en la comodidad de su casa, ya cesado de su cargo.

Aunque su reciente consagración en la Serie A de Italia con Juventus lo volvió a poner el tapete, el ojo clínico de Alejandro Sabella, quien ya manifestó querer construir un proyecto de selecciones similar al de Uruguay y España, fue el encargado de bajarle el pulgar, aunque los números de Tevez son asombrosos. Jugó en cinco equipos distintos y salvo en West Ham (un equipo menor al que salvó del descenso en Inglaterra), logró títulos con Boca Juniors, Corinthians, Manchester United, Manchester City y Juventus.

Hasta con la camiseta de la selección Argentina se dio el lujo de colgarse una medalla, como en los Juegos Olímpicos de Grecia, cuando un gol suyo en la final ante Paraguay le valió el oro al equipo de Marcelo Bielsa.

Sin embargo su palmarés no fue mérito suficiente para integrar el grupo definitivo. El peso de su conducta y sus polémicas declaraciones inclinaron la balanza de forma negativa en el menú del entrenador.

Con la llegada de Sabella, la selección argentina hizo gala de los Cuatro Fantásticos (Lionel Messi, Sergio Agüero, Gonzalo Higuaín y Ángel Dí María) con el genio de Barcelona como capitán y referente. Sin la sombra de Tevez, Messi se sintió a sus anchas para hacerse cargo del equipo e imponer la misma fórmula que lo llevó al éxito en el club catalán.

Los rumores de una pelea personal entre los dos delanteros se multiplicaron, aunque nunca hubo una incidencia puntual. “Me hicieron pelear con Riquelme, con Carlitos y con Maradona. Yo no tengo problemas con nadie”, se excusó Leo ante la interrogante planteada por la prensa de su país.

El hincha argentino está dividido. Por un lado están los que le perdonan sus desplantes y quieren el carisma de Carlitos. Por otro, los fundamentalistas de la renovación y fieles seguidores del nuevo rey.

Hábil, con el mismo olfato popular que tiene dentro del área, Tevez se desentendió del Mundial y dijo, como reivindicando su estilo: “Se ve que Sabella no tiene cable para ver fútbol italiano”.


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