El drama de un técnico uruguayo: Amenazaban con granadas y tiraban pichí

Silvio Fernández recordó su pasaje por equipos de zonas conflictivas en Guatemala y México

"Es ese” le dijo a los guardaespaldas el muchacho que esperaba recostado contra una pared. Con el dedo índice señaló a Silvio Fernández que salía del vestuario después de un partido y los guardias enfilaron hacia él. El futbolista temió lo peor. Recordó en ese instante a Julio González, un técnico uruguayo al que unos años antes le habían martillado un revólver en la cabeza delante de la prensa.

Sucedió en Guatemala y es una de las tantas anécdotas que atesora Cuchillo Fernández, delantero que en 1996 llegó desde Melo para jugar en Nacional y luego pasó por Defensor Sporting y Villa Española, antes de comenzar un periplo que lo llevó a ser ídolo de Santiago Wanderers de Chile y a convertir goles en equipos de México, Guatemala y Honduras. Hoy, a los 40 años, vive en Chile, tiene una escuela de fútbol para niños y adultos, y espera la oportunidad de dirigir a un equipo profesional.

Aquel día del susto en Guatemala lo salvaron sus compañeros, que intercedieron entre él y los guardaespaldas. Fernández era futbolista del Deportivo Xinabajul y todo comenzó la noche anterior: “Nos hospedamos en el hotel del dueño del equipo contra el que íbamos a jugar. Creo que me pusieron algo en la comida porque esa noche no dormí; pasé en el baño. Al otro día fui suplente porque habíamos viajado solo 18 jugadores. El banco estaba pegado al alambrado y desde la tribuna nos tiraban pichí, lo juntaban en un vaso y lo arrojaban contra nosotros, nos insultaban. Yo me empecé a pelear con un muchacho y resulta que era el hijo del dueño del equipo. A la salida del vestuario me esperó con sus guardaespaldas”.

Fernández también defendió a Jaguares de Chiapas, en México, pero dice que no sintió tanto miedo como en Guatemala, donde vivió en Huehuetenango: “Es una ciudad que está en la frontera con Chiapas. Es un punto estratégico para la droga y ahí está la verdadera violencia, con el narcotráfico. Había partidos que uno sabía que era imposible ganarlos porque el dueño del otro club era un narco. Una vez entraron al vestuario para amenazarnos unos guardias con fusiles AK-47 y granadas colgando en los cinturones; teníamos que perder, y perdimos. No había posibilidades de ganar, porque hasta los árbitros son presionados”.

Durante su estadía en Chiapas hubo momentos que entrenaron custodiados por la guardia militar por las amenazas de secuestros que recibieron de parte de allegados al subcomandante Marcos (uno de los principales líderes del Ejército Zapatista de Liberación Nacional). “Llegué a Jaguares al segundo año de su fundación. El gobernador de la ciudad puso US$ 10 millones para el estadio y otros US$ 10 millones para contratar jugadores. Pero la gente de Marcos no quería un equipo profesional. Chiapas es el estado más pobre de México y pedían ese dinero para los indígenas”.

En esos países Fernández sintió miedo. De todas formas reconoce que nunca le pasó nada y que incluso se casó en segundas nupcias con una guatemalteca y se recibió de técnico en ese país.

De la primera salida de Uruguay, el recuerdo es menos violento. Dejó Montevideo para jugar en Provincial Osorno de Chile y ahí tuvo que aprender a hablar “como chileno” para que no lo confundieran con un argentino: “Yo decía ‘poyo’, ‘cabayo’ y todos me molestaban. En una farmacia siempre me atendían mal. Un día estaba ahí y llegó un hincha del Osorno y me dijo ‘uruguayo, como andas’. Desde ese día el de la farmacia me empezó a atender bien; es que pensaba que yo era argentino”, recordó el exdelantero.

Desde hace tres meses vive en Concón, en la Quinta región chilena: “Acá me siento como en Melo. Fui campeón con Santiago Wanderers y la gente recuerda eso”. Atiende una escuela de fútbol para niños y adultos: “Aquí se da mucho que haya escuelas para mayores de 18 años. Les gusta trabajar con entrenadores profesionales y la mayoría de los que van a mi escuela son hinchas de Wanderers y lo hacen más por mí”, expresó el ídolo wanderista.


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