El drama de Canobbio y su tendón de aquiles: “No me voy a bajar”

La eterna lucha del 10 contra un tendón de aquiles del que fue operado dos veces, que lo hizo pensar en el retiro y que el domingo se volvió a romper para ponerlo ante el nuevo desafío de volver a una cancha

Fabián Canobbio se cambió en el vestuario del Santiago Bernabéu. Sintió la adrenalina de vivir un partido en una de las catedrales del fútbol mundial. Ahí estaba. Alejado de aquellos tiempos donde veía zapatos viejos. De las tardes de agua fría en el Paladino y la cancha pelada y plagada de barro donde entrenaban.

El talento de Canobbio había llegado a un lugar soñado pero poco imaginado. Corría el año 2003 cuando lo contrató Valencia para reemplazar al argentino Kily González, que se iba a Inter. El recibimiento no pudo haber sido peor: “Pido una mesa y me traen una lámpara”, dijo el técnico Rafa Benítez. Y Fabián cargó para siempre con el apodo de “lámpara”. Sumó pocos minutos pero fue campeón de Liga.

Al año siguiente llegó el italiano Claudio Ranieri y lo dejó al margen. Se fue a Celta de Vigo para pelear por el ascenso y fue el mejor jugador del equipo que compró su ficha por un millón y medio de euros.

Pasó por Celta tres temporadas, por Valladolid dos y en 2010 fichó por Larisa de Grecia. Y en 2011, después de casi una década en Europa decidió que era tiempo de volver. Se fue a Progreso que militaba en la B. Esperó por Peñarol pero el llamado nunca llegó. Y saltó de lujosas canchas con vestuarios de última generación a un campo pelado.  “A mí no se me cae ningún anillo por venir a entrenar acá”, le decía Canobbio a El Observador mirando la pelada cancha donde corría detrás de la pelota allá por agosto de 2011.

Que le iban a contar a Fabián que lo sorprendiera si lo había vivido: “No perdería lo que soy como persona por estar acá”. Jugó el torneo del ascenso y Leo Ramos lo llevó a Danubio, a principios de 2013, donde fue pieza importante aunque ya arrastraba problemas crónicos del tendón.

Pero en octubre, el destino le tendría deparada la trampa más ingrata de su carrera: una rotura parcial de tendón de aquiles. Una lesión que lo amargó al extremo de llegar a decir basta, hasta acá llegué. Pero la sanidad de Danubio, que por entonces comandaba Gustavo Chiara (hoy médico consultante), lo alentó a la recuperación y a pasar por el quirófano.

“El año pasado estaba en Emiratos con Fossati y me entero que Canobbio ya tenía un sufrimiento crónico de ese tendón que se lesiona. Cuando vuelvo lo miro por primera vez de su tendinitis. En octubre del año pasado decidimos operarlo, hacerle un entretejido del tendón de Aquiles”, narró Chiara a El Observador.

La ilusión volvía al cuerpo de Fabián. Pero los contratiempos ganaron la batalla. Chiara contó: “Fue 95% exitosa la intervención. No es que no quedó bien, pero para entretejer un tendón hay que hacer que se fibrose y el 5% que no se fibrosa le dejó una molestia”.

Fabián inició el proceso de recuperación pero no había caso. El dolor y la inflamación persistían. “Lo cual no le permite entrenar  de forma normal”, acotó el médico.

Horas de incertidumbre
El tiempo pasaba y Fabián perdía el encanto con el fútbol. Convivía con un dolor que le impedía entrenar con normalidad. Pasó un año sin jugar. Pensó en abandonar.

En determinado momento se analizó y se pidió hasta fecha para una nueva intervención. Ahora en Finlandia, en la misma clínica donde operaron a David Beckham.

“Se pensó e hicimos la consulta con Finlandia y teníamos todo pronto para irnos pero el tema fue que nos dieron fecha dos meses para adelante. En esos dos meses le pido una consulta al Profesor Barquet de La Española y me propone reintervenirlo. Cancelamos la ida a Finlandia”, contó Chiara.

La segunda intervención se hizo en marzo y duró menos que la primera. La recuperación volvió a ser larga y progresiva. Requiere mucha paciencia.

“La recuperación demandó tiempo, dos o tres meses. Es un reintegro progresivo. Pero Fabián es un profesional de verdad, cumplió todo lo que se le mandó. Me sorprendió por su tenacidad”, comentó el médico.

Otra vez el diablo
Por fin pudo volver en agosto y volver a sumar minutos. Pero el domingo, cuando Danubio perdía 1 a 0 con Rentistas, Fabián tomó la pelota en la medialuna. La gente se paró en la tribuna palpitando el empate. Pero cayó fulminado. Otra vez el tendón decía basta.

“Sentí un golpe, pensé que me habían pegado un puntazo”, reveló Canobbio a El Observador. El primer diagnosticó no es alentador. “Lo que se percibe es que se hizo como un hueco en la zona. Es más abajo, en una zona que está donde termina la cicatriz de la operación y el talón. Una distancia muy corta. El primer diagnóstico es rotura parcial del tendón”, agregó, lo que le demandaría otros cinco meses de recuperación.

La primera sensación es de impotencia, de querer largar todo. “Lo primero que se te cruza por la mente es rebeldía. Pero tenés dos opciones: o te hundís y pensás por qué todo esto te pasa a vos, o sacas fuerzas de donde sea”.

Y Fabián optó por el segundo camino. “No me voy a bajar. Es algo que llevo en mi personalidad. Soy una persona que no le escapo a los problemas y afrontaré esto con la seriedad que corresponde. Voy a afrontarlo con toda la fuerza que tengo para salir adelante”.

Diagnóstico final

El lunes de tarde Fabián Canobbio fue sometido a una serie de estudios que confirmaron que el jugador sufrió la rotura parcial del tendón de aquiles. La sanidad de Danubio recomendó en primera instancia no operar al jugador. Se le colocó una bota de yeso que deberá tener por tres semanas. Luego se analizarán los pasos a seguir para la recuperación.


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