El Diego que desafió el profesionalismo

Desde que en 1999 Cordón le dio de baja, el sanducero construyó en Defensor Sporting una historia inédita de fidelidad, que ya lleva 14 años, en un básquetbol en el que los jugadores no se identifican con los clubes

El básquetbol uruguayo, que transita al ritmo de un profesionalismo voraz y en el que poco importa la enseña que se defiende sino los pesos que cobran, tiene todavía extraños casos de fidelidad. De fidelidad extrema. De decir que no a mejores propuestas, aunque el club no las iguale. De aferrarse a una forma de sentir el deporte. En eso, a los 38 años y a punto de retirarse, anda Diego Castrillón, el sanducero que con 17 años llegó a Montevideo para jugar en Malvín, que fue promesa olímpica, que defendió a la selección y que un día, en su mejor momento, increíblemente Cordón lo dejó libre y llegó a Defensor Sporting, donde en esta Liga está disputando su 14ª temporada consecutiva.

“A Montevideo llegué cuando tenía 17 años recién cumplidos. Fue para jugar en Malvín. En un Malvín en el que era todo diferente, porque no era el de ahora, el que pelea todos los títulos. Tenía un equipo de mitad de tabla para abajo, que peleaba descensos. Así fue mi vida basquetbolística hasta 1997, cuando pasé a Cordón y comencé a jugar en equipos que peleaban los títulos”, recuerda Castrillón.

“En ese primer año en Malvín, jugué en el plantel principal y descendimos a Segunda, pero al año siguiente integré un equipo bárbaro y volvimos a Primera”, recuerda. En el Federal de Segunda de 1993, compartió equipo (foto) con los veteranos Carlos Peinado, Sergio Somma y, un poco más joven pero con recorrido en Primera, Juan Serrés. Había llegado Gerardo Niquichenco desde Verdirrojo y el resto eran todos juveniles del club, que se destacaban por el trabajo en formativas: Juliano Rivera, Horacio “Chato” Martínez, Horacio “Tato” Martínez, Rodrigo Riera, Santiago Lacasa y Guzmán Arregui.

“A esa edad, disfrutás cada momento y no mirás más allá de lo que sucede cada día. Jamás me imaginé que iba a vivir del básquetbol, que iba a jugar siete finales”, agrega. “Tampoco en ese momento el básquetbol era un trabajo, porque me pagan un viático, los boletos y me daban la comida en el club. En el viejo club, el de la cantina, no el actual. Vivía en un apartamento que tenía mi prima, en 18 de Julio y Pablo de María. En realidad, aunque quería seguir jugando al básquetbol y no sabía hasta dónde podía llegar, la aspiración era terminar sexto año de economía para hacer administración de empresas. Finalmente, las vueltas del básquetbol me llevaron a dedicarme al deporte”.

El cambio de chip lo hizo en 1997, cuando tenía 22 años. “Pasé a jugar en un equipo que disputaba finales, con Núñez, Acosta, Medrick, Rostán. Ahí me hice hombre, porque sin darme cuenta esos jugadores me hicieron madurar. Jugué dos finales contra Welcome, y las perdimos”.

Sorpresivamente un día, Julio César Zito, el presidente de Cordón, recortó el presupuesto, y pese a que Castrillón estaba en gran nivel, quedó en la lista de prescindibles. “Mi llegada a Defensor Sporting fue tan increíble como mi permanencia en el club, porque me fui de rebote de Cordón. Jorge Cabrera (otro sanducero, basquetbolista, que jugó en Olimpia y Aguada) un día se encontró con Renzo (Cianciarullo, en ese momento jugador de Defensor Sporting) y le preguntó por mí. Jorge le dijo que no iba a seguir en Cordón. Renzo no lo podía creer, e inmediatamente se lo comentó a Ciechannovveci (entrenador de Defensor Sporting). Nadie creía que me pudiera ir de Cordón. Al final firmé por un año con Defensor Sporting, pero a mitad de temporada ya había renovado por tres. Este año estoy jugando la 14ª”, expresa con orgullo el sanducero.

Diego se dio el gusto de jugar con su hermano, Nicolás, en los fusionados y ganaron un Federal y la primera Liga Uruguaya.

“Desde que llegué a Defensor Sporting nunca más me fui porque el dinero no paga todo y en el club cada vez me sentía más afincado. Incluso cuando las propuestas que recibí de otros equipos fueron más tentadoras. Mirá en 2005 me vinieron a buscar de Salto Uruguay y en 2006 de Biguá. Los dos dieron con el precio, porque era más de lo que ganaba en el club, pero no me quería ir. Y ya está. Capaz que sorprende, pero como te dije, el dinero no es todo a veces”.

Castrillón aprobó el curso de entrenadores, y desde hace cuatro temporadas trabaja con los juveniles de Defensor Sporting. En las tres primeras con los sub 14 y actualmente con los sub 16. “Tomé el camino de la dirección técnica porque me gusta y creo que puedo aportar algo”, subrayó.

Le falta la zanahoria

“Quiero seguir jugando, porque aún tengo ganas de armar el bolso. Es verdad que este año me faltaron motivaciones en algún partido, porque no tuve ganas de jugar alguno de los que íbamos 20 puntos arriba. Era como que me faltaba la zanahoria adelante. Pero por ahora no tengo plan de retiro, y no planifico más allá del próximo partido. Después de las finales, veremos”, subrayó.

El básquetbol le dio al capitán de los fusionados estabilidad económica, la misma que él al club en lo deportivo. “El básquetbol me dio tranquilidad, pero tampoco es que dejo de jugar y me voy a acostar a tomar sol. El día que abandone el deporte voy a tener que trabajar como cualquier hijo de vecino”.

Sobre la polémica final que Defensor Sporting le ganó a Paysandú en el Palacio Peñarol en 2004, en el que errores arbitrales perjudicaron notoriamente a los sanducero en el cierre del partido, dijo: “No creo que nos hayan beneficiado, pero sí admito que hubo errores humanos. Tengo el video de aquel partido, pero no lo vi nunca más. Porque por como se dio el partido, fuimos justos vencedores. Todos se acuerdan de los segundos finales, pero no que estábamos 1-2 en el playoffs final, que ganamos el cuarto partido en Paysandú y luego en Montevideo”. Hoy, el Diego del Parque Rodó, jugará otra final. 


Populares de la sección

Acerca del autor

Comentarios