El día que durmió con Luis Suárez y el miedo de lastimar al crack

El defensa Emiliano Velázquez reveló su temor de no lesionar al 9 celeste en la práctica, que concentró con él y que vio el partido con Forlán y Lugano en el vestuario

La noche fue cayendo en el Complejo. Emiliano, que había llegado con su bolsito plagado de sueños, no preguntó nada. Acaso, encandilado por la magnitud de las figuras que tenía a su alrededor, decidió que esperar con paciencia era la opción más atinada. Imaginó, de pronto por cuestiones de edad, que le podía tocar con Gastón Ramírez. Por eso, cuando le dijeron que tenía que ir a dormir con Luis Suárez no lo creyó. “Pensé que me estaba jodiendo porque soy chico. Pero cuando me tocó compartir la habitación con Luis me pasé todo el tiempo mirándolo. Después le pregunté como era Inglaterra, como se sentía y sobre la responsabilidad que tenía acá en Uruguay”.

Emiliano Velázquez, capitán de todas las selecciones juveniles de Uruguay narró a El Observador las 48 horas de vivencias con el combinado mayor. Compartir la habitación con el ídolo máximo de la afición, tener que marcar a Suárez con el temor de lesionarlo, entrar a un camarín plagado de estrellas, vivir el viaje en ómnibus, llegar al Estadio y mirar el partido en el vestuario con Diego Lugano y Diego Forlán.

Las inolvidables horas de la vida del jugador de Danubio comenzaron cuando se sumó al plantel el lunes 8 de setiembre.

“Me recibieron como uno más, nunca nos sumaron a los juveniles, entramos como uno más del grupo. En todo momento jodían conmigo, jugamos al pool y me llamaban por mi nombre salvo algunos, como Nico Lodeiro que me decía Indio”, contó Velázquez.

El defensa vivió su primer entrenamiento y no ocultó que una daga lo perturbaba en la cancha: no quería ni arrimarse a Suárez para que no se lesionara.

“A Luis lo marcaba en los entrenamientos y lo hacia con miedo porque no lo quería ni tocar. Tenía temor porque si lo lastimaba, ¿qué iban a decir? Con el paso de los minutos entré más en confianza. ¿Cómo es para marcarlo? Complicado. Es un bicho, te mantiene a distancia colocando el cuerpo, si vas a pelear una pelota por arriba, te toca antes de saltar. Además se te mete adelante y te espera. Anticiparlo es imposible”, comentó.

Después de terminar el primer movimiento de ese lunes llegó la hora de compartir el vestuario.

“Cuando me fui a bañar el primer día esperé que fueran cuatro o cinco para meterme. Para el segundo día ya estaba más canchero pero siempre quietito en mi lugar”, comenzó diciendo el zaguero.

Hasta que se generó el primer detalle: la ropa que le dieron le quedaba grande…


“El vestuario es el mismo que utilizamos en la Sub 20, pero con mis compañeros entraba cantando, acá esperé antes de mandarme. El funcionamiento es similar porque la gente de la utilería te tiene todo pronto, pero la selección mayor es otra cosa. A nosotros no jodían porque en la Sub 20 no pedís otro talle de ropa pero acá me la cambiaron enseguida cuando vieron que me quedaba grande. Igual me ponía lo que me dieran”.

Con la indumentaria a medida, Velázquez se dispuso a tomar la merienda. Otra vez el comedor compartido. Y más detalles de su experiencia: “Los horarios los cumplen todos. Si pasa algo y se avisó, no hay problemas, de lo contrario hay multas. Pero yo estaba antes en todo”, contó entre risas.

Y el día del partido llegó… Emiliano ascendió al ómnibus y ya se percató de que viviría otra situación poco habitual. “Había gente en la puerta del Complejo esperando la salida del ómnibus. No lo podía creer.  Nosotros jugamos amistosos y nunca pasó esto de ver tanta gente por el camino. Cuando llegas es impresionante, todo el mundo te mira y te alienta mientras los muchachos cantaban. Para mi era un sueño”.

Velázquez agregó: “¿Qué se cantaba? Las canciones de Uruguay. Yo me senté con el Mono Pereira al que le pregunté por Gianni (Rodríguez) que está con él en Benfica. Entonces la banda de los que estaban sentados en el fondo empezó a cantar y me puse a compartir ese momento”.

El destino le tenía deparada otra sorpresa al capitán de las selecciones juveniles.  Los jugadores celestes se cambiaron. Se calzaron la camiseta y Velázquez vivió otro momento que jamás olvidará: la arenga y las palabras antes de que se abriera la puerta del vestuario. Son cosas que marcan.

“Después que el equipo salió a la cancha vino el profesor Urrutia y me dijo si quería venir a ver el partido al Palco, entonces Lugano le dijo que no, que lo miraba desde la ventana del vestuario y por televisión. Le pregunté a Forlán y me dijo que también se quedaba, entonces me quedé. Imagínate lo que fue para mí estar mirando el partido de Uruguay con dos monstruos y en el entretiempo verlos a todos cuando volvieron. Fijate que el viernes anterior (cuando Uruguay jugó contra Perú en Lima) yo los miraba por la tele y ahora los tenía a todos ahí, al lado mío”.

Los nervios del partido, la adrenalina, la locura de la gente. Todo lo vivió encerrado en el camarín observando como los nervios invadían a Lugano y Forlán.

“Yo no festejo los goles, no soy de gritarlos pero cuando Uruguay anotó el primer contra Colombia me salió de adentro. En el segundo Lugano me abrazó y casi me rompe una costilla y me dijo ‘así se festejan los goles en la mayor’.

Velázquez finalizó diciendo que: “Me quedó una experiencia riquísima porque son jugadores que tienen un nombre tremendo entonces uno no puede creer que Forlán y Lugano vivan esto con tanta intensidad. Después el festejo cuando volvieron de la cancha, el vestuario, la humildad, el compañerismo. Esto fue inolvidable para mí. Aunque me citen y quede afuera quiero estar de vuelta”.


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