El día del golero

Como es tradicional, el arquero de la selección deberá romperla hoy para que Uruguay saque un buen resultado

Muchas cosas se podrán decir antes del partido que la selección uruguaya jugará ante Bolivia. Es evidente que se habla de la altura y de las dificultades físicas que planteará para el esfuerzo físico de los jugadores. Conocido es que se juega en condiciones de extremo sufrimiento. Es algo así como el boxeador al que le falta el aire y debe apelar al recurso de tirar el bucal para abrir la boca grande y recibir la bocanada que lo refresque y lo saque de la situación.

También está el hecho de que esta selección boliviana a la que se enfrentarán los conducidos por Óscar Tabárez dista mucho de aquellas que contaban con jugadores de categoría y que sabían pegarle a la pelota aprovechando que acá arriba, como alguna vez inventó Passarella, “no dobla”.

Que este tipo de partidos se disputan con aquellos jugadores que son privilegiados y no sienten los efectos de los 3.600 metros sobre el nivel del mar forma parte de los recursos a los que se apelan. El caso más claro es el de Cebolla Rodríguez.

Pero al margen de todas las especulaciones los ojos estarán centrados en un solo lugar. Lo dice la historia contemporánea: en los últimos cuatro procesos todos los goleros que fueron a La Paz fueron figuras. Y llega el turno de Fernando Muslera.

Para tranquilidad de los uruguayos uno de los partidos más complejos de la Eliminatoria aparece en uno de los mejores momentos del meta celeste que, el pasado viernes ante Argentina, fue la figura del equipo ante los mejores delanteros del mundo.

Muslera tiene claro que no es un juego más. “Estuve mirando el partido de Bolivia contra Perú y te das cuenta de que el arma son los remates de afuera. Pasan la mitad de la cancha y le pegan al arco. Por eso en este partido necesito estar más atento que en cualquier otro”, comentó Muslera a El Observador.

Claro, los bolivianos conocen el negocio. Saben perfectamente que acá arriba, el balón toma una velocidad inusual y muchas veces la dirección que lleva engaña. Es todo un tema. Por eso, para los goleros que jamás jugaron en La Paz, se recomienda salir a calentar con anticipación para medir justamente velocidad y dirección de los remates.

La pelota es otro aspecto a considerar. Muslera comentó en Uruguay que el balón con el que se va a jugar en Bolivia es “bastante malo”. Y acotó: “Es como la Jabulani, peligrosa para los goleros”.

Esta medida de que cada país pone su pelota para jugar las Eliminatorias es algo así como a poner la piedra adentro del zapato. Claro que existe la obligación del local de enviar una cantidad de balones al visitante una semana antes de los partidos para que los jugadores se adapten al mismo.

Pero lejos de lo que usted pueda imaginar no es sencilla esta historia del golero. Mire el caso de Muslera. De lunes a jueves entrenó con la Adidas con la que se jugó el viernes ante los argentinos. El sábado de mañana no salió a cancha porque Tabárez dejó descansar a los titulares entonces en el arco estuvieron Martín Silva y Rodrígo Muñoz. Recién el domingo comenzó a tomar contacto con una pelota que fue discutida en el pasado Mundial de Sudáfrica. Con la salvedad de que de pronto en alguno de los movimientos realizados a puertas cerradas pudo haber trabajado con el balón para ir familiarizándose.

Otro aspecto a tener en cuenta es que Muslera jamás jugó en una altura como la de La Paz. Y pese a que su debut con la celeste se produjo en condiciones complejas por la posición en la tabla y fue en los 2.800 metros de Quito, la capital boliviana está a 3.600 metros sobre el nivel del mar. Y que no es lo mismo, no lo dude. “Ya me comentaron los que jugaron ahí, algo me estuvieron diciendo”, resaltó el uno celeste.

Esta es la vida del golero. Debe estar partido a partido tapando agujeros y siempre, pero siempre, tendrá prohibido equivocarse. Los antecesores de Muslera decretaron el juego en La Paz como el del día del golero. Puesto ingrato si los hay.


Fuente: Enviado

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