El crack del clásico costó US$ 7.000 y un juego de pelotas

Jonathan Rodríguez tuvo su tarde soñada este domingo y se fue sin dar declaraciones, como cuando jugaba en el fútbol de Florida. Conocé su historia

Jonathan Rodríguez, quien con sus dos goles y una asistencia en el clásico de este domingo terminó de recibirse de crack en Peñarol, se fue del estadio sin dar declaraciones, como ha hecho siempre desde que jugaba al fútbol juvenil en Florida, en Atlético, el club donde se crió, o en la selecciones juveniles de ese departamento.

El jugador siempre le huyó a los micrófonos y las cámaras. “No era de agrandado, era de tímido. Siempre fue así, humilde y callado. Se escapaba de la prensa”, indicó a El Observador un floridense que compartió cancha, vestuario y charlas con el goleador carbonero, y que prefirió no ser citado por el “acá nos conocemos todos” de las ciudades del interior.

En el club de la Piedra Alta fue donde “el Cabecita”, como lo apodan, prácticamente se crió. Hijo de una familia muy humilde, con padre militar y varios hermanos, de chiquilín pasaba sus días en el complejo de los albicelestes, a una cuadra de su casa. Entrenaba en el baby fútbol  y luego se quedaba con las divisiones juveniles y la Primera.

“Es de la misma generación de Facundo Barcelo, actual delantero de Liverpool, y en el baby fútbol siempre salían campeones y goleadores. Se aburrían de hacer goles”, dijo por su parte a El Observador, Sergio Pardo, exjugador y entrenador de Atlético, y ex futbolista de las selecciones juveniles de Uruguay que dirigía Víctor Púa, quien señaló haber tenido la “suerte” de tener en sus filas a Jonathan en infantiles y en Sub 15.

Todas las tardes estaba con sus compañeros de categorías y luego con los jugadores más grandes. Iba a las charlas, a la sede y a los viajes. “Era como una mascotita, muy querido por todos. La vida de él fue siempre en la cancha de Atlético, todo el día”, recuerdan. A los 13 o 14 años, estaba siempre con la pelota, dominándola, o alcanzándola si se iba lejos. Y cuando faltaba uno en los entrenamientos de la Primera, le daban un chaleco y entraba. Así se fue curtiendo con jugadores más grandes, hasta que comenzó a dar los primeros indicios que lo acercarían a Peñarol.

En 2008 tuvo la primera oportunidad de llegar al club aurinegro. Pablo Bentancur lo llevó, pero el Cabecita no pudo aguantar. Extrañaba mucho a la familia y se volvió a Florida. Siguió su carrera en Atlético, club en el que debutó en Primera en 2010, con 16 años. “Ya demostraba su nivel y estaba por explotar. Estaba un poco más delgado que en la actualidad, pero sus condiciones saltaban a la vista, con su velocidad y potencia”, indicaron.

El salto a Peñarol

Al año siguiente, en 2011, ya hacía la diferencia en las canchas de Florida, donde su nivel rompía los ojos. Jugó el campeonato de OFI en la selección sub 18 y realizó una brillante actuación, y disputó la dura Copa de Clubes de OFI con 17 años (en la foto inferior parado arriba a la izquierda). Luego, llegó el definitivo pase a Peñarol.

Pardo lo llevó a entrenar cuando Víctor Púa estaba a cargo de las inferiores aurinegras. Quedó en Cuarta y desde ahí comenzó su periplo hasta la Primera división, dándose a conocer en la última gira mirasol por Europa, donde bajó las órdenes de Diego Alonso se presentó en sociedad con varios goles.

“Lo venían a buscar por sus condiciones y sus buenos rendimientos y él no se sentía capacitado para irse. Le costó despegarse de Florida. Llegó el momento, hablé con él y le hice entender que ese podía ser su futuro”, expresó Pardo.

“Y me contó que quería ir a Peñarol. Justo coincidió que yo tenía una amistad con Víctor de cuando estuve en la selección en el Sudamericano juvenil de 1995 y lo llamé. “Le dije, quedate tranquilo que con este no fallás”, y de esa manera fue cómo él llegó. Si no hubiese estado Víctor no sé si hoy en día estaría jugando. Él hasta el día de hoy está agradecido a Púa porque lo ayudó mucho”, comentó el exfutbolista floridense.

El pase fue por US$ 7.000 y un juego de pelotas. El club de Florida –que tiene un porcentaje por una futura transferencia- no quiso truncar la carrera del futbolista y prefirió bajar un poco el monto pedido a los aurinegros, que querían al futbolista pero no estaban dispuestos a pagar más de eso.

“Primero estuvo un año a préstamo por unas pelotas y la opción de la compra fueron US$ 7.000. Debe ser el jugador más barato que le ha salido a Peñarol. Son las cosas que tiene el fútbol del interior”, indicó Pardo.

Hoy el delantero estrella de Peñarol vive en pareja con una chica de Florida. Y no se olvida del pago: casi todos los fines de semana viaja para visitar a su familia y amigos. “La única forma de salvarse era el fútbol y por suerte le está yendo bien”, dicen en Florida.

La prensa y sus agradecimientos

“Va a cambiar algún día”, dice Pardo al ser consultado por el relacionamiento de Rodríguez con los medios.  “Yo habló con él dos veces a la semana y le digo que va a tener que cambiar y hablar con la prensa, dar notas, porque es para el bien de él. Acá en Florida fue figura, goleador, jugó finales en la selección, fue campeón, pero terminaba el partido y se iba corriendo porque no le gustaba hablar. Y hoy siendo figura en el clásico no le pueden hacer notas”, comentó.

Pardo, quien es como un consejero del Cabecita, reconoció que él jugador siempre manifiesta su agradecimiento para dos personas que lo ayudaron mucho en su arribo a Peñarol y Montevideo.

“Él está agradecido a Facundo Guichón porque le abrió las puertas de su casa cuando llegó a Peñarol y le permitió quedarse. Gracias a Facundo, que es de Florida, se pudo acostumbrar a la vida en Montevideo. A Jonathan no le gustaba quedarse en otros lugares”, comentó su ex entrenador.

Y el otro a quien Rodríguez agradecerá es a Púa. “Él lo acobijó, le dio buenos consejos y cuando no tenía plata para el pasaje, él le daba de sus bolsillos sin ninguna devolución. Si no era por él no sé si estaba ahí. Él siempre me lo dice a mí y cuando hable se lo va a agradecer”, señaló Pardo.


Populares de la sección

Acerca del autor

Comentarios