El corazón dice basta

Juan Pablo Rodríguez analiza dejar el club harto de las presiones; historia de un futuro ingeniero que cumplió el sueño y las vivió todas
"Perfecto, quedamos así, venite a casa y charlamos de lo que quieras", reza el último mensaje de WhatsApp de la conversación.

No hacían falta más palabras ya que la cita tenía una locación definida, el Parque Roberto, donde Juan Pablo Rodríguez debutó en primera hace 16 años y donde hace pocos días experimentó la nostalgia en carne propia: "Cada vez que terminaba una temporada yo dejaba todas las cosas porque sabía que volvía a mi casa. Esta vez fue diferente; hasta le saqué el cartel con mi nombre al casillero y me despedí", dice con esfuerzo para que la voz no se quiebre.

En su casa por adopción y legado familiar, Rodríguez recibió a Referí para hablar de amor, broncas, ilusiones y frustración de una carrera que lo llevó a gritar goles en Uruguay, Argentina, México y Arabia Saudita.

La familia y un llanto infantil

Rodríguez habla y se le iluminan los ojos, hasta se permite el placer mundano de reírse, algo cotidiano para el resto de los mortales, pero no para él, hasta que la salvación fue real y el fantasma del descenso cambió de barrio.

"Desde que volví a Racing me pasaron muchas cosas, desde pelear por un título a pelear por no descender. Además tengo a toda mi familia atrás del club, todos tenemos un sentimiento muy fuerte y haber tenido que jugar el partido contra Cerro con el sentimiento de que era el partido más importante fue clave", dice.

Racing es una familia y los hinchas genuinos lo sienten como tal. Por eso, la tarde del Cerro fue un mar de lágrimas que borró las fronteras de la tribuna y la cancha: "Después del partido con Cerro nos abrazamos con mi viejo y nos pusimos a llorar como niños. Nunca lo vi llorar así a mi padre".
La carga emotiva de ese partido puede significar lo último de Rodríguez con esa camiseta.
"Me tocó llorar de la frustración y la presión de no ganar, llegar a casa y ver mal a mis hijas, no disfrutar de mi mujer embarazada. Eso está muy mal pero no podía controlarlo".

Es que la locura enfermiza del fútbol transformó el juego en violencia, hizo de lo hermoso un padecimiento y los momentos de crisis hacen perder la cordura: "Este semestre nos tocó perder la mayoría de los partidos y mi señora y mis hijas tuvieron que dejar de venir a la cancha, porque la tribuna se había puesto bastante pesada. Sé que son la minoría y eso me duele porque las minorías en momentos complicados arrastran a gente tranquila. Yo tengo la satisfacción del deber cumplido, decidí cuando volver, tenía posibilidades de otros clubes y quise volver a mi club. Lo único que me da frustración es que no voy a poder estar en el centenario del club", se resigna el padre de dos niñas y un varón que viene en camino.

"Al hincha genuino del club le duele mi salida porque sé que hay un cariño especial que va más allá de perder o ganar. Ellos saben lo que significa para mí. Así como me puse a llorar una vez también tuve ganas de pegar un portazo e irme a la mierda. No me fui porque soy el capitán y soy muy hincha".

Pero la catarsis no se frena: "Soy socio vitalicio del club, jugador, capitán e hincha. Lo más lindo que viví fue salir con mis hijas a la cancha y si me tengo que privar de eso, mi vida como jugador de Racing llegó a su final. En un momento buscamos que las nenas se sentaran del lado contrario al ataque, pero después las identificaron y lamentablemente vivimos en una sociedad que viene al fútbol a desahogar un montón de cosas. La nena grande tiene 7 años, entiende todo, le encanta salir conmigo a la cancha pero ya comprende todos los insultos y sabe cuando los padres se ponen nerviosos. Fue durísimo decirle que no viniera más a la cancha. Disfruto del día a día, el club está en el mejor momento institucional de su historia y perderme las charlas de vestuario con estos compañeros me duele mucho, pero tengo que poner en la balanza".
Juan Pablo Rodriguez
El puño apretado en el grito de gol de Racing
El puño apretado en el grito de gol de Racing

Rodríguez reconoce que recibió insultos por ser el hijo del presidente, algo que nunca le había pasado en toda su carrera: "Sentí que no se estaba juzgando al Juan Pablo jugador, sino que empezaron a ver cosas políticas o extradeportivas y eso no lo quiero vivir más. El club creció mucho en los últimos años y viene gente a la cancha que no conoce la historia. Con mi viejo hablo muy poco porque somos muy pasionales y no nos metemos en el trabajo del otro. El día del partido con Cerro tuve a un tipo pegado al alambrado que todo el partido me gritaba que ponga huevo. ¿Se piensan que no quiero ganar con Racing? Soy hincha, capitán, socio vitalicio del club y tengo a toda mi familia atrás de este club. De mis abuelos a mis hijas. En un momento cambió los gritos y dijo 'vos y tu viejo la puta que los parió'. ¿Qué tiene que ver mi viejo en el partido? Mi viejo fue el presidente del campeón invicto de la B, lo dirigió peleando un título en la A y en la Libertadores. Cuando mi viejo no era presidente un día se llevaron los arcos del Parque Roberto y al club lo llevaron a un juicio que casi desaparece. Mi viejo puso la cara y lo levantó. Hace cuatro años le dijeron a los jugadores que vinieran a cobrar los sueldos un 23 de diciembre a las tres de la tarde y en la sede pusieron un candado y no había nadie. Yo no puedo andar contestándole a todo el mundo, pero de ahí a insultar con mala leche no lo acepto. Al gordo Líber (Quiñones) lo putearon todo y tuvo los huevos para ir y patear un penal decisivo en la hora, además de ser el goleador histórico del club, y al loco Contreras le decían que estaba viejo y no sé qué historia, pero se atajó todo en el Cerro, hace ocho años está en el club y es el mismo que se eludió a Ronaldo en el área por Copa Libertadores. Son la minoría y lo tengo claro. Ojalá esos mismos agarren el club en un futuro y lo hagan pelear títulos".
Juan Pablo Rodriguez
Darío Larrosa y Juan Pablo Rodríguez, dos símbolos cerveceros
Darío Larrosa y Juan Pablo Rodríguez, dos símbolos cerveceros
Lejos de disfrutar, Rodríguez padeció un semestre donde los resultados no se dieron: "Me tocó llorar de la frustración y la presión de no ganar, llegar a casa y ver mal a mis hijas, no disfrutar de mi mujer embarazada. Eso está muy mal pero no podía controlarlo. No estaban acostumbrados los más jóvenes a ver llorar al capitán. Uno tiene que estar fuerte y arengar cuando las cosas no salen, pero después del partido con Liverpool me quebré porque no lo perdimos por fútbol, no fue 11 contra 11: hubo señales que demostraron dónde nos estábamos metiendo. Cuando nos salvamos me saqué un contenedor de la espalda".

Balazos, fidelidad y dinero

La carrera de Rodríguez lo llevó a jugar en Estudiantes y Gimnasia de La Plata, All Boys, Indios de Ciudad Juárez, San Luis, Pumas y Al-Ittihad en el exterior, aunque su peor experiencia la vivió en tierras aztecas.

"En Juárez me tocó vivir un tiroteo entre narcos y sicarios, tirado en un auto esperando que me entrara un tiro en un pulmón. Igual en Racing este semestre la pasé peor. El tiroteo fueron segundos, esto fueron cuatro meses".

En Argentina vivió un romance con la hinchada de All Boys y tuvo malas experiencias en La Plata, donde reconoce que tomó una decisión apresurada: "La peor decisión la tomé con Walter Audifred de representante. En Estudiantes cobré mucho menos de salario que lo que cobró él de préstamo. Encima yo había estado citado a la selección uruguaya de Juan Ramón Carrasco contra Perú y cuando le comenté a Juan la propuesta me dijo que no me fuera, que él me iba a llevar a los Panamericanos. Se lo dije a Audifred y me dijo que nos íbamos igual a La Plata. Si sabés que tengo 20 años, soy un pibe y vos sos mi representante, aconsejame, no busques la tuya".
Juan Pablo Rodriguez
Juan Pablo Rodríguez le protesta por una amarilla a Darío Ubriaco en el túnel del Parque Saroldi.
Juan Pablo Rodríguez le protesta por una amarilla a Darío Ubriaco en el túnel del Parque Saroldi.

El cariño del abuelo y la relación con Larriera

Pese a que falleció en diciembre del año pasado, Rodríguez habla en tiempo presente de su abuelo, como si el recuerdo le ganara la pulseada al paso del tiempo: "Mi abuelo y mi familia se desesperarían si Racing deja de existir, si por ejemplo le pasa lo mismo que a Bella Vista. ¿A quién vamos a ir a ver? A nadie, porque nosotros somos hinchas de Racing y punto".

Con Mauricio Larriera tuvo un cortocircuito luego de declarar molesto por la partida del entrenador hacia Defensor Sporting, pero mantiene cada una de sus palabras y dice que está convencido de lo que dijo: "No guardo ningún rencor por Mauricio, jugué con él y también tengo una gran relación con Alejandro Martínez, que es su preparador físico. Yo me enojé como hincha porque él declaró que Racing era su última bala como entrenador en jefe, ya que si le iba mal en Racing se le terminaba todo. Hizo 24 puntos y salvó a Racing del descenso. Cuando yo llegué el equipo hizo una gran campaña y a Mauricio lo querían de Catar, de Peñarol y de Nacional. Yo salté porque se fue a Defensor, que estaba abajo en la tabla que Racing. ¿Para qué? Para jugar una Copa Sudamericana. ¿Y por qué no se quedó y la dirigió en Racing? ¿Cuál era el apuro de ir a un cuadro chico del medio cuando terminó su contrato, más allá de que él me dijo que no iría a dirigir a Defensor? Yo dije que quedábamos desnudos cuando él se fue y a las pruebas me remito. Se fue y quedamos en bolas. No pudimos cerrar el año y darle a los muchachos la posibilidad de jugar una copa internacional. Yo no me enojaba si se iba a Catar desde Racing y ojo que no tengo nada en contra de Defensor. Me molestó que nos dejara cuando los jugadores los defendieron y él se pasó declarando que esta era su última oportunidad. Mi temperamento no me jugó una mala pasada porque lo sentí así y estoy convencido. Me encanta que hayan hecho plata los dos y que les vaya bien. El hijo del profe juega en Racing, en la tercera y es un pibe bárbaro. Ni siquiera fue una discusión mediática porque no la tuvimos mano a mano. Si me pasa de nuevo, lo volvería a hacer, porque estaba seguro. Si le dolió a algún hincha, lo lamento porque dije lo que siento".

Todo un barrio hace fuerza para retener a un ídolo que, a sus 34 años y a dos materias de recibirse de Ingeniero Civil, quiere disfrutar de la vida.

Ojalá que sea con una pelota en la zurda.

Cuatro frases de su paso por el exterior

"A All Boys lo recuerdo con mucha cariño, es un club humilde, de barrio y sus hinchas están siempre pendientes de mi carrera. Me pedían que vuelva y me puso contento. All Boys es un club muy similar a Racing, es una familia y tuve la suerte de convertirle a River Plate las dos veces y el gol contra Carrizo fue increíble porque corrí con la pelota como 70 metros. River después no volvió a ganar y se fue a la B, entonces ese partido significó mucho"

"En Estudiantes de La Plata no llegué a jugar nunca en primera. Fue la peor experiencia de mi carrera. Estuve seis meses trabajando doble horario con Juan Manuel Ortiz y a veces Carlos Bilardo, que era el DT, completaba el plantel con chicas del plantel femenino. A mí me ponía de enganche y de los dos delanteros una era mujer"

"La de Gimnasia de La Pata fue una mala experiencia también así que con La Plata no quiero nada. Pedro Troglio me llamó personalmente, pero me fui porque jugaba muy poco, igual aprendí mucho con él".

"Arabia Saudita es un país subsidiado, nadie trabaja, a la gente le pagan por ir a rezar y armaron un fútbol de mucha plata. Fue, lejos, el mejor contrato de mi carrera y en el que menos duré por decisión propia. Extrañaba mucho a mi familia".


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