El clásico que me marcó: Rúben Paz

El exquisito volante mirasol recordó los clásicos de 1978 y 1982, donde fue figura clave para los triunfos de Peñarol ante Nacional

Los clásicos que me marcaron fueron dos. Uno fue el clásico de mi debut allá por el año 1978.

Aquel partido lo ganamos 1 a 0 con un gol mío. Y el segundo partido del que no me puedo olvidar fue el de la despedida cuando me vendieron. Aquel día ganamos 2 a 1, salimos campeones, clasificamos a la Libertadores pero además anoté un gol y el otro tanto fue en base a una jugada mía que terminó con de Morena en la hora.

El primer partido lo viví con mucha intensidad. No era para menos. Significó el debut y estaba nervioso. Pero lo bueno era que teníamos la confianza de los entrenadores y de gente grande que estaba en el plantel. Jugadores importantes que había y nosotros éramos parte de ese grupo. Ya llevábamos casi un año en Montevideo y si bien habíamos jugado el Sudamericano juvenil, nunca nos había tocado sentir la intensidad de un clásico. Además el Estadio se llenaba de verdad porque no existía esto de los pulmones.

Era una fiesta. Se vivía así, la gente iba junta con la camiseta de su cuadro y al final se iban realizando los comentarios de quien jugó bien o mal, las risas, las cargadas no eran tantas. Se respetaba más.

Una vez que no me tocó jugar me fui a la tribuna y me llamó la atención que andaban unos de blanco y otros de amarillo y negro y no había dramas, ni problemas. Dicen que es un tema social, pero bueno hay que volver a las raíces. Viene mucho del barrio, de la casa. Se puede, como no se va a poder.

Hay que buscar la simpleza, volver a los que éramos antes.
El segundo clásico que me marcó fue el de la despedida. Y si bien anoté un gol y serví el otro, y fue en la hora, y salimos campeones, me fui con una extraña sensación de tristeza porque me iba a Inter de Porto Alegre.


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