El círculo virtuoso del rugby uruguayo

Con armonía política, URU acertó un pleno al poder darle actividad a Los Teros y clubes
El que pasó no fue un fin de semana más para el rugby uruguayo. En la vorágine de eventos, de noticias, de resultados, puede quedar escondido el panorama general, que es lo más importante de una sucesión de eventos que marcaron historia.

Fue un fin de semana pletórico de rugby, con actividad de Los Teros por el Sudamericano , de Christians y Old Boys en el Torneo Argentino del Interior y de Los Teritos en el Mundial juvenil, pero también hubo rugby de Primera División, Intermedia, Pre Intermedia, Torneo del Interior, Torneo Femenino, M19, M17 y un amistoso de la selección M17.

Es muchísimo rugby que, además, derribó mitos y preconceptos. Porque el campeón y vicecampeón uruguayos pudieron jugar por una instancia decisiva de un torneo internacional, con todo su potencial. Para eso fue clave un acuerdo con la Unión de Rugby del Uruguay, y el compromiso del cuerpo técnico del seleccionado, que no citó a jugadores de ambos clubes para las dos primeras fechas del Sudamericano –en la primera solo usó a Federico Favaro, en acuerdo con el club– para que estos pudieran afrontar al máximo de sus posibilidades este enorme desafío de entrar a las competencias UAR, que hasta ahora lo están cumpliendo de gran manera y con Christians metiéndose entre los mejores cuatro.

Un mundo de diferencia
La situación marca un mundo de diferencia con no hace mucho tiempo atrás. En 2008, el rugby uruguayo vivía una crisis política a raíz de los choques entre la URU y los clubes por la cesión de jugadores. En ese momento, Old Christians y Carrasco Polo disputaban el Torneo Regional del Centro, que crearon las uniones del interior argentino cuando la UAR atravesaba serias dificultades financieras y no podía organizar competencias.

Al mismo tiempo, Uruguay comenzaba un proceso de selección a la orden del argentino Guillermo García Porcel. Los recursos rugbísticos eran limitados, y el tira y afloje permanente: el DT decía que los necesitaba para una serie de partidos internacionales, y los clubes –en especial Carrasco Polo– argumentaban que no podían jugar un torneo de ese calibre con sus reservas.

La cuenta era simple: no había suficientes jugadores de nivel internacional en el rugby uruguayo, y eso terminaba causando una crisis política.

El resultado de ese entonces fue que Christians tuvo que pedir jugadores prestados de otros clubes, y Carrasco Polo no se presentó a jugar uno de los partidos. Ambos fueron excluidos del torneo, y la posibilidad de entrar a competencias argentinas quedó severamente cuestionada. ¿Para que pedían entrar si después no podían estar a la altura? era el razonamiento lógico desde la vecina orilla. Costó siete años volver.

El círculo virtuoso
Hoy aquello parece de otro siglo. Y no solo porque políticamente el rugby uruguayo vive una estabilidad política histórica. Eso es importante, sí, pero lo clave es que el rugby goza de muy buena salud. Hay más de 40 jugadores trabajando en la selección mayor durante todo el año –en períodos fuera de competencia se trabajan destrezas y el plan de juego–, y además, las selecciones juveniles trabajan con el mismo sistema y una misma filosofía de juego, lo que hace el paso a la mayor algo natural. No es casualidad entonces que el sábado hayan jugado ante Paraguay 14 jugadores menores de 23 años, que seguramente si se jugaran hoy las Eliminatorias no serían titulares, pero suman argumentos para pelear un puesto el año que viene. Se suma por todos lados: se genera competencia, se amplía la base de jugadores –que luego volverán a los clubes y ayudarán con el crecimiento interno– y se facilita tomar decisiones como las de estas semanas, lo que genera un círculo virtuoso.

Tras el Mundial, la decisión de la directiva del presidente Sebastián Piñeyrúa fue bien clara: en los dos años anteriores, Los Teros necesariamente se habían llevado el protagonismo en el uso de los principales jugadores. La instancia era altísima y había que estar a la altura. Pero pasado eso, había que volver a darle el protagonismo a los clubes, que en última instancia son los que forman la Unión y de donde salen Los Teros (además los jugadores sentían la necesidad de volver a estar en sus clubes). Así se hizo, aún con el costo en verano de una mala temporada de Los Teros VII. Y ahora empiezan a verse los frutos: se ayuda a consustanciar a las instituciones y a los jugadores con el proceso, mientras que la selección aprovecha el fruto del trabajo en el Charrúa. Mirando el pasado hay un abismo del cual hay que tomar nota para no volver atrás, y mirando hacia el futuro, el balance solo puede ser de esperanza

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