El campeón fue humillado

Wanderers dominó todos los aspectos de un partido que sentenció en los primeros 12 minutos y donde terminó bailando y lastimando seriamente al campeón uruguayo al que goleó 4 a 1

El grito rebelde venía desde lo más profundo del sentimiento. “Dale campeón, dale campeón...”. La tribuna de Danubio se levantaba sin dar crédito a lo que sucedía en la cancha. Su equipo era humillado por Wanderers. No había forma de revertir el oscuro panorama. El toqueteo lastimaba los ojos.

Atrás había quedado la intención de tapar la salida de Wanderers con Nacho González por izquierda, Farías por el centro y González por izquierda. Por detrás de ellos también tomaron al hombre. La idea fue impedir que el bohemio saliera claro. Perturbarlo, cortarle la idea de jugar desde su propia gestación. Por eso los primeros minutos fueron imprecisos. Se perdía el balón, no había claridad.

Pero bastó que la pelota fuera al área de Danubio para terminar con todo. Corrían 9 minutos cuando los bohemios tomaron una falta. El balón viajó al segundo palo donde Maxi Olivera lo bajó para el ingreso de Quagliotti que le rompió el arco a Ichazo. Empezaba otro partido.

El de la tranquilidad de Wanderers y el del descontrol del campeón uruguayo.

Danubio no lograba salir del shock que le generó comerse un gol así cuando volvía a buscar la pelota al fondo de su arco.

Otro error: pelota perdida por Farias en el medio y corrida de Riolfo con el arco de frente. Habilitó a Albarracín, se cayó Formiliano, y el pase al segundo palo del 10 encontró a Gularte para definir. Terminaba el partido.

Así de sencillo. Por más que apenas se llevaran jugados 12 minutos, a partir de ese momento Danubio fue un tembladeral en el fondo.

Alfredo Arias colocó a Albarracín por derecha y Ricca lo padeció. Cada ataque era un suplicio. Además nadie podía controlar a Riolfo que se movia con total libertad para generar juego.

Por si fuera poco, cada intento de Danubio moría en la impresionante marca de Paiva y el dominio de la zona central de un Colombino que creció como jugador.

El juego entró en un bajón. Wanderers se sintió cómodo y el campeón uruguayo fue un lágrima. Como será la cosa que apenas remató una sola vez al arco y no generó una sola chance de gol.

Partió mal la temporada para la franja. La insólita situación vivida con Mayada es prueba de ello. Los representantes le recomendaron no jugar porque se iba. El pase se demoró. Y Danubio no tocó pito. Ahora, bastó que lo citaran a la selección para que le recomendaran jugar. Y volvió. Todo muy desprolijo en un fútbol donde el orden parece estar invertido.

A nueve minutos del final del primer tiempo Wanderers llegó al tercero. Otra pelota quieta, un despeje a medias y Alex Silva tomó el rebote de aire para el 3 a 0.

El segundo tiempo fue un deleite para los hinchas bohemios y un sufrimiento para los danubianos.

Los cambios introducidos por Ramos (Nacho González por Zunino y Silvera en lugar de Milesi) le permitieron al equipo tener otra postura. Pero fue una brisa.

Wanderers se mostró siempre bien parado con su línea de tres final y los del medio recuperaron para jugar, no para lanzar pelotazos. El paseo y la humillación a la que sometió Wanderers a Danubio fue cruel.

El cuarto gol dejó en evidencia nuevamente las serias deficiencias del sector defensivo de Danubio. Le peinaron la pelota en un tiro de esquina y Bueno quedó solo en el segundo palo para definir. El gol de Castro para la franja fue una anécdota. El daño no tenía reparación.

Wanderers humilló a la franja. A los hinchas de Danubio les queda el consuelo de ser campeones. En la cancha, el equipo les genera dolor de cabeza.


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