El campeón del olvido

En Munich 1972, un desconocido ugandés llamado John Akii-Bua criado en una granja ganó los 400 vallas con récord mundial, pero la sangrienta dictadura de Idi Amin lo hizo caer en desgracia: murió a los 47 años

Una medalla de oro olímpica suele venir acompañada de fama y reconocimiento. De homenajes y ganancias económicas. De puro porvenir. Sin embargo, la historia del atleta ugandés John Akii-Bua siguió el camino opuesto: pobreza y olvido; tragedia y oscuridad.

Hace 40 años, su delgada figura brilló con luz propia en los 400 vallas en los Juegos Olímpicos de Munich donde el nadador estadounidense Mark Spitz fue la gran figura ganando siete oros.

Desde el desventajoso primer carril –donde el control de la carrera se hace imposible–, Akii-Bua venció el 2 de setiembre de 1972 al estadounidense Ralph Mann por seis metros.

Y lo hizo mejorando el récord mundial: 47.82. Fue la primera vez que un corredor bajaba los 48 segundos y la primera vez que un africano ganaba un oro en una prueba por debajo de los 800 m.

Akii-Bua había nacido un 3 de diciembre de 1949 al norte de Uganda.

Su padre, un granjero semi nómade y polígamo, tuvo ocho esposas y 44 hijos.

“En la adolescencia levantarme a trabajar la granja a las 5 de mañana fue demasiado para mí, no tenía zapatos para protegerme contra las serpientes”, dice su voz en el excelente documental que la BBC produjo en 2008: The John Akii Bua Story, An African Tragedy.

El ugandés había muerto en 1997 a los 47 años. El documental se basa en la historia que él mismo escribió a lápiz en unos blocs que le entregó a su entrenador, el inglés Malcolm Arnold.

“Ordeñaba las vacas, araba con ellas. En 1956, cuando era muy joven los leones tomaron ovejas y cabras de nuestra granja y también vacas. Vi de cerca varias pitones grandes y teníamos monos salvajes que podían molestar, arrojarte cosas y hacerte salir corriendo”, le dijo en una entrevista a Sports Illustrated después de su consagración en Munich.

Su padre murió en 1964 y fue su madre quien lo instó a irse a la ciudad para progresar.

Así llegó a la capital, Kampala, y después de un par de trabajos irregulares, se enroló en las filas de la policía que reclutaba jóvenes fuertes y atléticos en sus primeros años de vida como nación independiente (hasta 1962 estuvo bajo el dominio de Gran Bretaña).

En 1967 ganó el campeonato policial y el inglés Arnold pasó a entrenar a la selección de Uganda.

Pero para correr en Munich, solo contaba con el antecedente de un cuarto puesto en los Juegos de la Mancomunidad de Edimburgo 1970 con un 51.14.

En Munich el favorito era el británico David Hemery, campeón en México 1968 quien quedó relegado al tercer lugar.

En su retorno lo llenaron de honores. Desde 1971 se vivía bajo el poder del dictador Idi Amin.

Fue promovido a inspector de policía, le compraron una casa y una avenida de la capital pasó a tener su nombre.

Al poco tiempo, la dictadura de Amin comenzó a matar a quienes pertenecían a la etnia tribal de Akii-Bua. Una de las víctimas fue su hermano.

Esto lo derrumbó psicológicamente. Su carrera como atleta terminó materialmente en 1976 cuando a pocos días del comienzo de los Juegos de Montreal, Amin plegó a Uganda al boicot al certamen que admitió la presencia de Nueva Zelanda cuyo equipo de rugby había jugado ante Sudáfrica, condenada por su política de segregación racial (apartheid).

Lo volvió a intentar sin éxito en Moscú 1980 donde quedó afuera en semifinales.

En 1979, tras la caída de Amin, logró dejar su país y se refugió en Kenia. En la frontera estuvieron a punto de dispararles. Su esposa estaba embarazada, dio a luz días después y el bebé, prematuro, murió. Sus padres no tenían dinero para pagar el funeral.

Estuvo un mes en un campo de refugiados y cuando volvió a Kampala vio que su casa había sido arrasada. Se instaló en Nuremberg.

Recién volvió a su país en 1987 y en 1990 se enroló nuevamente en la policía. Olvidado se entregó al alcohol.

Murió de cirrosis en 1997. Tenía 47 años.


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