El camino celeste se llenó de espinas

A Uruguay le costó una enormidad llegar al gol y cuando lo consiguió no supo asegurar el triunfo; solo ganó dos de los últimos 15 puntos

Es de no creer. Las Eliminatorias para el Mundial otra vez quedan torcidas para los celestes, y justo en el momento en el que Uruguay necesitaba encontrarse con un triunfo que reafirmara su aspiración de encarar el final del clasificatorio para Brasil 2014 con otro talante, el que transmite cuando se suma de a tres puntos. Pero otra vez  se encontró espinas. Otra vez la mala fortuna, un error de la defensa –esta vez de Diego Lugano–, un grosero penal sobre Cavani que no cobró el árbitro y una selección rival que defendió como solo lo saben hacer los mejores equipos paraguayos, para dejar a los dirigidos por Óscar Washington Tabárez en un lugar incómodo.

Incómodo por el lugar en la tabla. Incómodo porque ganó solo dos de los últimos 15 puntos que disputó por Eliminatorias. Incómodo porque empató tres de los seis partidos que jugó de local en el Estadio Centenario. Incómodo porque cuando arrancaron las Eliminatorias, los celestes prometían otro recorrido.

Por esa razón, no fue fácil para el hincha entender cómo el partido, que fue muy difícil encaminar porque el técnico Óscar Washington Tabárez no se aparta de su estilo de arriesgar solo cuando ya no le queda otra alternativa, que estaba ganado con el gol que conquistó Luis Suárez a los 81 minutos se transformó en un empate poco después.

Para analizar el rendimiento de Uruguay en el partido ante los paraguayos, hay que empezar por tomar distancia del pasado reciente de la selección. El de los triunfos y el de las derrotas. Es necesario borrar lo que hizo hasta ahora la selección, para entender el presente. Aunque la primera reacción tiende a comparar con las campañas en el Mundial de Sudáfrica y en la Copa América, que son el ideal futbolístico de los celestes, o con el último semestre de 2012, uno de los peores de la era Tabárez. Hay que analizar a Uruguay a partir del momento que vive en la actualidad a nivel colectivo e individual. Y en ese contexto: jugó un correcto partido, reconfirmó que Nicolás Lodeiro tiene mucho para aportar al combinado como generador de fútbol, Luis Suárez se encendió y volvió al gol y que Diego Forlán puede brindar minutos de calidad como segundo delantero. Así quedó demostrado en las ocho ocasiones de gol que generó el conjunto celeste.

Un partido raro
Uruguay empezó el partido sin apuro, con una estructura táctica conformada por cuatro defensas, un volante tapón, tres por delante (Tata González, Lodeiro y Suárez) y dos puntas (Suárez y Forlán). Esa pasmosa lentitud con la que se desarrolló el fútbol de los celestes llevó a la desesperación de la tribuna, que veía cómo pasaban los minutos sin que Paraguay sufriera por las virtudes ofensivas de los dirigidos por Tabárez.

Sin un Uruguay agresivo en la cancha del rival y un Paraguay que llegó a defender con hasta 10 futbolistas durante la primera parte, los visitantes hacían su negocio. No tenían apuro para jugar y el reloj corría.

Uruguay tuvo que esperar hasta los 10 minutos para que una jugada en la que participaron Lodeiro, Forlán y Suárez, la mejor del partido por el vértigo que le pusieron y la precisión en los movimientos, derivó en un tiro libre que el delantero de Inter lo estrelló en la barrera. Y hasta los 15 minutos para que los hinchas se tomaran la cabeza por la primera acción de riesgo generada en el arco de Barreto, cuando un cabezazo de Álvaro “Palito” Pereira no se transformó en gol por poco.

Lejos de encenderse, a pesar de que Lodeiro le inyectaba fútbol permanentemente, Uruguay se encontraba con una defensa de Paraguay que ganaba siempre en los duelos ante los delanteros. Y ahí estuvo el gran mérito de Paraguay.
En el final del primer tiempo, en un remate de Lodeiro –que desvió el golero– y en una intervención de Suárez, Uruguay estuvo cerca de lograr las diferencias en el marcador.

Se jugó todo
En el complemento, Tabárez tuvo que sustituir a Diego Pérez lesionado y mandó a Egidio Arévalo Ríos, y a Edinson Cavani por Cristian Rodríguez, que no había gravitado en los primeros 45 minutos. A partir de allí cambió la disposición de Uruguay en la cancha. Con una propuesta más ofensiva, se plantó para ganar el partido con un mediocampo con marca (González y Arévalo Ríos), pero muy ofensivo (Cavani, Lodeiro, además de los delanteros Suárez y Forlán). Combativo, Uruguay fue por el triunfo. A los 52 minutos el árbitro no sancionó un claro penal sobre Cavani. La tribuna empezó a empujar y Uruguay salió a arriesgar, con lo que implicaba un planteamiento de esas características. Porque los celestes iban por el triunfo desordenados, desalineados y desprotegidos. Un contragolpe paraguayo podía ser letal para Uruguay.

Así Uruguay generó varias situaciones para convertir, hasta que a los 81 minutos Suárez logró lo que tanto le costó a Uruguay: el gol. Con la ventaja en el tanteador solo quedaba esperar que los celestes cerraran el partido, pero no supieron hacerlo y con toda la mala fortuna concentrada en una cabezazo para atrás de Lugano, Paraguay encontró la igualdad.

De ahí para adelante ya no quedaba tiempo para más nada. La suerte, o mala suerte, estaba echada. Uruguay va a tener que seguir sufriendo en el camino de las Eliminatorias, que está lleno de espinas.


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