El buscavidas del Villa

Salud pública, modelaje, deudas y el sueño de la casa propia: Pablo Silva y la esencia misma del fútbol uruguayo

Crisis del 2002. Cansada de que sus trabajos haciendo limpiezas no dieran para llegar a fin de mes, la madre de Pablo Silva decide irse a España. "Yo me quedo. El domingo debuto en Primera", responde el hijo. Villa Española, ya descendido, se enfrenta con Nacional en el Campus de Maldonado por la última fecha del Clausura 2003 y empata 0 a 0.

Así empezó a escribirse la historia de un futbolista que no responde al patrón que gobierna los sueños de los chiquilines uruguayos que corren atrás de la pelota.

Silva tiene 31 años, forjó la mayoría de su carrera en el ascenso uruguayo, trabajó en diferentes rubros, va a entrenar en ómnibus y después de cada práctica con Villa Española –el club de sus amores– le dedica varias horas a la construcción de su vivienda propia.

"A los cuatro años nos mudamos con mi madre de Villa Española a Montes de Solymar y siempre viví acá. Hice séptima en River Plate cuando estaban en La Paz, pero me quedaba tan lejos que dejé", cuenta en su futuro hogar. Con el piso terminado, el yeso de las paredes sin pintar y dos improvisadas banquetas que construyó con tablas.

"Con los pesitos que está dejando el fútbol le voy metiendo. Empecé hace dos años", dice.

Cuando tenía 16 jugó en la primera de Quilmes de Florida: "Era un pichón, me levantaban a patadas y me metían la pesada: 'Venís a robar la plata', me decían".

Después pasó a la cuarta de Basañez y a la tercera del Villa.

En 2005, Enrique Espert lo colocó en Rentistas. "En las pruebas físicas tenía los mejores resultados, entonces Carlos Manta decía: 'Ustedes jueguen y aguanten que para el segundo tiempo tenemos a la Perla Negra para liquidar los partidos'". Así le quedó el apodo para siempre: Perla.

Colgado por Julio Balerio, Silva recaló en la tercera de Danubio: "Llegué sin hacer ruido y quería meterme por la ventana. Pero me quebré el quinto metatarsiano. Me atendí en salud pública y al tiempo, como se venía el período de pases, me saqué el yeso para apurar la recuperación. Salí a correr por los canteros de Giannatasio hasta que un día pisé una piedra y me quebré el mismo hueso. Le tuve pedir a un amigo que me levantara en moto".

Sin equipo y fuera de forma buscó un viejo contacto: Enrique Peña, quien le dio una gran mano y lo llevó a Huracán Buceo en 2008-2009. "Nunca me pagaron, me deben como 70 palos porque esa fue la última temporada que jugó el club".

"De ahí me fui a Paraguay. Arreglé por dos pesos y jugué en Nikkei Bellmare, en la segunda división. Es similar a la nuestra pero con peores canchas", cuenta.

Sus siguientes pasajes por la Segunda División fueron más ordenados en lo económico y deportivo: Boston River (2010-2011), Deportivo Maldonado (2011-2012) y Sud América (2012-2013).

"Julio Ribas me marcó mucho en el Depor. Era suplente pero hice 10 goles. Cuando jugaba de titular no anotaba. Me hizo entender cuál era mi rol en el equipo. Era un fenómeno para motivar al jugador. Entrabas a comerte la cancha, pero como yo soy medio loco a veces levantaba a uno de una patada o en los amistosos que hacíamos con equipos de Maldonado más de una vez terminé a los roscazos", recuerda a las risas.

Un llamado de su amigo Bigote López lo llevó nuevamente al Villa para la temporada 2013-2014, a la Segunda División Amateur. Le ganaron a Oriental de La Paz y volvieron a la Segunda División Profesional. Pero como el dinero era escaso tuvo que dejar y se puso a trabajar. Primero en la construcción en una empresa dedicada a instalaciones eléctricas y cuando esta dio quiebra, a los tres meses, manejó el camión de un reparto.

Un día, cuando esperaba estacionado en un supermercado recibió el llamado de Julio Gargiulo para volver al Villa para la temporada 2015-2016. No lo pensó dos veces. Ascendió y ahora lucha con la fuerza de sus goles –cuatro en los últimos cuatro partidos– por la permanencia. Y también por terminarle la casita a los mellizos Maite y Tadeo que vienen en camino.

Los goles

Pablo Silva, Villa Española
Pablo Silva, gol a Peñarol
Pablo Silva, gol a Peñarol

Silva le anotó a Racing, a Peñarol a puertas cerradas en el Campeón del Siglo en partidos que arrancó como suplente y también a Cerro y Juventud ya como titular. Suma cuatro goles en sus últimos cuatro partidos.

Las cifras

10 Goles. Hizo en la temporada 2011-2012 con Deportivo Maldonado dirigido por Julio Ribas. "A mí me hacía la cabeza, entraba para comerme la cancha".
1 Gol. En el Uruguayo Especial de 2005 había anotado su único tanto en Primera, con Rentistas en un 4-0 a Deportivo Colonia.
3 Ascensos. Subió a Primera con Sud América en la temporada 2012-2013 y Villa Española en 2015-2016. Con este último también había subido a Segunda División Profesional desde la ex C en 2013-2014.

La frase

"El fútbol son resultados. Por merecimientos tendríamos que tener algún puntito más, pero no hemos ligado. Pero la vamos a pelear hasta que quede la última lucecita".

También fue modelo

"Trabajé desde siempre porque solo del fútbol siendo jugador de Segunda no se puede subsistir. Hice jardinería y changas de todo tipo hasta que enganché con una agencia de publicidad para trabajar como modelo. Me dejé el pelo alto porque no me crece para abajo y vendía el look afro y como hace unos años no se usaba hacía la diferencia (risas). En el Mundial de Brasil a Coca Cola le rendía para Uruguay, Brasil y Costa Rica. Después trabajé como fotógrafo para una agencia. También tuve una banda en la que tocaba la viola. Esto es Uruguay, hay que rebuscársela, pero seguro que de hambre no me voy a morir", cuenta.


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