El boceto del Profe

El 4-4-2 con el que pretende jugar Bengoechea necesitará de un volante central de buen pie

Peñarol tuvo su estreno ante Nacional en la Copa Bandes y, más allá del anecdótico resultado veraniego, sirvió para ver las intenciones tácticas que tuvo el flamante equipo de Pablo Bengoechea en su primer partido del año.

Fueron dos capítulos de 45 minutos muy distintos, ya que la particularidad que tienen estos torneos, donde se permite hacer la anormal cifra de hasta cinco modificaciones, rompen cualquier planilla y fisonomía de equipo que se pueda pretender.

Sin embargo, hay apuntes que quedaron en el tintero y vale la pena analizar.

Peñarol ya desterró la idea táctica de Jorge Fossati de jugar con un 3-3-2-2 y se adapta mucho más al modelo 4-4-2 que implementó Paolo Montero en su corta estadía.

La idea de Bengoechea es armar un equipo compacto, sin distancias entre líneas, con un doble cinco impenetrable en la medular y con predisposición para atacar por las bandas.
Pedirle todo eso a una formación alternativa y con apenas cinco días de trabajo era una utopía.

Aún así, la idea básica es contar con dos zagueros de buen juego áereo, dos laterales logren soltarse –Diogo lo logró en el clásico aunque no siente la marca y perdió a De Pena en el gol tricolor– y cuatro hombres en la mitad de la cancha que abran el juego.

Ahí estuvo el primer gran problema, ya que Bengoechea juntó a Marcel Novick y Sebastián Píriz en el doble cinco.

Ambos son buenos recuperadores de pelota, pero no se destacan por ser buenos pasadores, lo que generó un problema en la zona más crítica del campo cuando Nacional taponeaba a Hernán Novick y Jorge Rodríguez.

Peñarol se asfixió desde la mitad de la cancha y para oxigenar el juego, es imprescindible tener un volante central que sea, además, un pasador correcto.

Julio Ribas utilizó al propio Bengoechea como lanzador en el doble cinco, al lado de un marcador de raza como Nicolás Rotundo, en 1999, y Jorge Da Silva buscó en Carlos Grossmüller lo mismo al lado de Marcel Novick en 2013.

¿El resultado? Ambos planteles tenían un cinco posicional, que ocupaba espacios e imponía su físico y al lado un jugador que alimentaba los circuitos de juego.

Tanto en 1999 como en 2013, Peñarol fue campeón con luz sobre sus rivales.

Un equipo de Bengoechea, con la impronta de juego que mostró en Perú, no puede darse el lujo de tener dos volantes centrales que no se destacan por el pase.

En la cabeza del entrenador ronda el ideal del 4-3-3 como sistema táctico, imposible de aplicar en este plantel de Peñarol según sus propias palabras. Sin embargo, el 4-4-2 no parece una sentencia.

Luego del gol mal anulado a Hernán Novick, Peñarol cambió el ritmo y el dibujo. Pasó a un 4-3-1-2 con el menor de los Novick suelto para asistir a Leyes y Silva. 

Por detrás quedaron el otro Novick por derecha, Píriz como tapón y Rodríguez por la izquierda.

Bajo esa configuración nació el segundo problema. El equipo quedó rengo y se limitó a atacar por la izquierda aprovechando la velocidad del tándem Japo-Diogo.

Para Nacional, preocuparse por una franja sola de la cancha fue el regalo del verano. En el complemento los cambios y el cansancio dilapidaron el trámite.

“Perdimos un clásico, pero nos falta trabajo”, dijo Bengoechea en la conferencia post-clásico. El Profesor ajusta su boceto.


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