El bajón del final

El equipo de Jorge Da Silva debe mejorar ostensiblemente su juego en los dos partidos que le quedan en los que se juega gran parte del trabajo del año; luego del clásico, no encontró el libreto

En voz baja hay gente en Peñarol que dice que el equipo no funciona. Y es cierto. Cuando apenas quedan dos fechas para terminar el Clausura y luego se vendrá la definición por el Campeonato Uruguayo, el planteamiento futbolístico aurinegro no se ve plasmado en la cancha.

Luego de un gran repunte anímico y también con la pelota ante Nacional, Peñarol volvió a caer en cierto pozo en el que sí se rescata mucho la actitud de sus hombres, las variantes inteligentes de su técnico Jorge Da Silva, pero muy poco más.

Las lesiones y suspensiones han conspirado contra lo que el entrenador intenta plasmar. Pero hay varias individualidades que han mostrado una irregularidad manifiesta en los encuentros ante Progreso y Wanderers.

“Tenemos que volver a levantar el nivel porque son dos partidos determinantes”, dijo una fuente aurinegra a El Observador.

Es que luego del clásico, tanto ante los gauchos del Pantanoso, como contra los bohemios, a Peñarol le costó muchísimo encontrar el arco de enfrente y cuando lo hizo, marró situaciones propicias que no se pueden errar a esta altura del campeonato. Fue como si se hubiera olvidado del libreto que tan bien aplicó ante Nacional.

En estos encuentros, contra Progreso lo salvó la gran jugada de Pacheco y el gol de Olivera, pero ante Wanderers, un rival que jugó y marcó muy bien y que también le pudo ganar de contragolpe, careció de sorpresa pese a los cambios de táctica y de jugar otra vez con tres hombres arriba.

Algunas causas
El arco de enfrente parece cerrado. En los últimos 180 minutos apenas pudo hacer un gol.

En ese rubro, quien parece más peleado con la red –más allá de que anotó en el clásico– es Marcelo Zalayeta a quien no le están saliendo las cosas claras. Se sabe que es un hombre fundamental y si él no anda, el equipo lo siente muchísimo.

Antonio Pacheco ha sido fundamental tanto ante Nacional como contra Progreso por la jugada que se mandó en el gol, pero es obvio que no está para jugar los 90 minutos. El interrogante para Da Silva es a quién pone si lo saca en pleno encuentro.

La falta de regularidad también ha sido el común denominador. ¿Cómo puede el mismo jugador (Mauro Fernández) mostrarse tan bien ante Progreso y ocho días después casi ni tocar la pelota?

Asimismo, la desprolijidad táctica que muestra encuentro tras encuentro Matías Aguirregaray, es alarmante. Parece enchufado a mil voltios, no baja las revoluciones y complica todo.

Uno de los problemas endémicos del fútbol uruguayo y del que Peñarol no está exento, es la falta de fundamentos. En ese sentido, Cristóforo tocó varias pelotas ante Wanderers y casi siempre se las entregó a sus rivales. Así, todo se hace más cuesta arriba. Alejandro González cada vez encuentra más hinchas molestos por su producción en el lateral derecho.

Parecen temas triviales, pero puede ser un fuerte dolor de cabeza para el Polilla Da Silva en esta definición del campeonato, porque en estos dos encuentros, se juegan gran parte del año.

En el primer partido ante Juventud, enfrentará a un rival que viene en franco ascenso luego de que asumiera Mario Saralegui la dirección técnica, y que cuenta con el goleador del Clausura: Matías Alonso con 10 goles.

Luego será el turno de Liverpool, un adversario que últimamente siempre lo complicó. Con ese panorama, por más que el equipo se ubique en la punta de la Tabla Anual, seguramente es un tema de preocupación para Da Silva.

Peñarol tiene que mejorar. Si el bajón del final lo arrastra puede ser fatídico.


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