El arte marcial les cambió la vida

Dos adolescentes representarán a Uruguay en los Juegos Mundiales de Cali en este deporte; aseguran que si esta disciplina no hubiese aparecido en sus vidas, sus destinos podrían ser otros

Un competidor de jiu-jitsu y un profesor de geografía se conocieron de casualidad. Gregory Vallarino, campeón del mundo en esta arte marcial por Uruguay, conoció en un gimnasio de Pocitos, donde aún enseña a niños, adolescentes y mayores, a Gastón Bentos, un docente de ciclo básico del liceo 55 de La Blanqueada, quien aprendió la disciplina. En 2009, se les ocurrió coordinar sus talentos para explotarlos más: que en el centro educativo donde Gastón daba clases se enseñara esta milenaria práctica para mejorarle la calidad de vida a los adolescentes.

“Vio que era una buena posibilidad de llegarle a los muchachos”, cuenta a El Observador Vallarino, quien se consagró como el mejor del planeta en 2002.

La práctica empezó en el patio y en los pasillos del liceo. Los adolescentes empezaron a entusiasmarse. Cada vez había más curiosos que se involucraban en el deporte. A tal punto creció, que Bentos le planteó a la directora edificar un salón para practicar jiu-jitsu. Hoy, allí, se realizan clases de canto y teatro.

Llegaron los resultados

Para llevarlo a cabo se requiere de mucho esfuerzo y disciplina, valores que transmiten ambos profesores. Y, eso, además de mejorarlos en el deporte, los beneficia en el relacionamiento entre estudiantes y el profesor y entre los mismos alumnos con sus pares. Pero en algo aún superior: los beneficia en la vida.

Esto fue aprovechado, especialmente, por dos alumnos: Romina López (17) y Fabricio Quintas (15). Ambos vienen de contextos críticos, de barrios con problemas con las drogas, donde sus pares no son la mejor compañía.

Al principio, Fabricio no sabía pronunciar la palabra del deporte. Y Romina no tenía idea de su existencia. “Un compañero vino y me dijo que se estaba haciendo jiu jitsu, ‘¿¡jiu qué!?’, recuerda que dijo la joven.

Ambos empezaron a enamorarse de la práctica. Bajo la supervisión de Bentos y Vallarino, clasificaron a los Juegos Mundiales de Cali, una competencia donde se disputan deportes que no se desarrollan en los Juegos Olímpicos.  Allí iniciarán mañana su participación, cita en la que, admiten, tienen grandes expectativas.

Y para Romina no solo por el desafío deportivo: “Son muchas expectativas: la de la competencia, la del avión, la de pisar una tierra que no es la nuestra. Vamos con las ansias y ver qué resultado podemos llegar a tener. Tenemos (expectativas) porque entrenamos duro. Merecemos tener un buen resultado y, si no, contentos porque sabemos que trabajamos”.

Correr. Hacer pesas y gimnasia. El jiu-jitsu requiere de una rigurosa disciplina. Todo eso, acompañado del estudio, hace que todo cueste más. Por eso, el desafío allí es tratar de “mantener la misma responsabilidad”.

Vallarino, como campeón mundial, intenta transmitirle su experiencia, pero su rotundo éxito internacional lo maneja con cautela ya que no quiere que los alumnos sientan “una carga o una presión”. “Uno sabe que el alumno se proyecta y dice: ‘Pero si el profesor estuvo allá, podría hacer lo mismo’. Uno trata de transmitirle que lo importante es participar, tomárselo sanamente el desafío, como una meta para avanzar en el futuro, tanto en lo deportivo como en sus vidas personales”, dice.

Les cambió la vida

Practicar jiu-jitsu les transformó el enfoque de sus vidas. “Se aplica en todos los ámbitos de la vida. En el estudio, en todo”, cuenta Fabricio.  Dice que sirve para “descargar” los problemas que tiene en su vida.

A Romina le transformó “el punto de vista” de “cómo encaminarla”. Ejercer este arte marcial le cambió, incluso, la óptica de cómo encarar el liceo. “No tengo  el mismo punto de vista hacia el estudio antes de hacer jiu-jitsu a cuando empecé”, cuenta.

Tienen los pies sobre la tierra. Saben que es difícil vivir del jiu-jitsu.  Sienten la dificultad, seguramente transmitida, de que es difícil dedicarse a una actividad que, el propio Vallarino, tuvo que pagar muchas veces de su bolsillo. Por eso, Romina, que está en 5°, quiere estudiar Administración de Empresas, mientras que Fabricio quiere ser profesor de Educación Física. Pero saben que seguirán teniendo al jiu-jitsu como un faro, el faro  que les cambió la vida.

¿Qué es el jiu-jitsu?

Es un arte marcial milenario, de unos 2.500 años, creado por monjes tibetanos que tenían la necesidad de defenderse de saqueadores. Sus técnicas para el combate son golpes, rodillazos, empujones, luxaciones articulares, estrangulamientos, entre otros.  Según sus practicantes, con este deporte se pueden trabajar cuerpo, mente y espíritu. 

El arte marcial que les cambió la vida

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