El abuelo marcó el destino

Cuando niño recibió de regalo un equipo completo de golero y hoy, defendiendo a El Tanque Sisley, se transformó en uno de los mejores del Clausura

Cada tarde Nicola salía de la escuela y ahí estaba su padre esperando para subirlo al ómnibus y recorrer juntos los 45 kilómetros que separan Isidoro Noblía de Melo.

Claro que había tardes en las que don Pérez, empleado de OSE, no podía llegar en hora y Nicola marchaba de la mano de su abuelo para ir a entrenar en el club Continental de baby fútbol.

Eran tiempos de sacrificio. Nicola se había decidido luego que Adán, un empleado de la carpintería del abuelo, insistió en que lo llevaran a la capital del departamento. Muchas veces, cuando se complicaba, se quedaba a pasar la noche en la casa de algún compañero.

El botija de la villa de 2.331 habitantes tenía claro su futuro. Quería llegar. Y se comprometió en cuerpo y alma con una causa que era familiar.

El paso del tiempo le regala una sonrisa a Nicola Pérez, el dueño del arco de El Tanque Sisley que se gana un lugar entre los tres mejores goleros del campeonato Uruguayo.

De aquellos tiempos de baby fútbol pasó al club Artigas y de ahí a las selecciones juveniles del departamento y la sub 17 de Uruguay fue apenas un paso.

A partir de ese momento la historia marca un giro. “En la sub 17 tenía a un par de compañeros  que jugaban en Nacional y siempre me incentivaban para que fuera al club. Entonces por intermedio de mis representantes llego a Nacional. Era increíble”, dijo Pérez a El Observador.

Nicola cambió la tranquilidad de su pueblo por las luces de la ciudad. Y le cambió el mundo.

“Ah, los primeros seis meses fueron duros. Montevideo era algo nuevo que me impactaba. Me chocaba todo, la cantidad de gente, el movimiento. Imaginate, yo andaba todo el día en la calle allá y acá, no tenía ni idea. Moverme en los ómnibus fue complicado. Me tenía que tomar dos. Una vez volviendo a casa me perdí. Vivía en 18 de Julio y Paraguay y me bajé en la plaza Independencia. ¿Qué hice? Me tomé un taxi”, recuerda el golero de aquellos primeros meses de adaptación a la nueva vida.

Claro que en los tricolores llegar al arco del primer equipo no es sencillo. Es común que siempre venga alguien de afuera.

“Jugué dos años en Quinta, uno en Cuarta y cuando llega Pelusso me ascendió. Al segundo año, hablando con Tabaré Alonso, tomé la decisión de salir. Tabaré me dijo que era complicado porque Nacional siempre traía goleros y ya había cumplido un ciclo en Tercera. Entonces tomé la opción del préstamo”, rememoró.

La opción era El Tanque Sisley. Alguna vez Raúl Möller dijo que “era la última opción que tomaba un jugador”.

“No estoy ni un poquito arrepentido. El primer año no tuve suerte porque Góngora anduvo bien. Luego vino el Polillita Da Silva que me hizo debutar en Primera y luego Möller optó por sacarme del equipo. No es sencillo esperar. Es obvio que te bajoneás cuando no jugás, pero tenés que apoyarte vos y apoyar al que le toca jugar”.

Hasta que el tiempo y sus actuaciones lo marcaron como titular en el equipo fusionado.

“Nunca se me pasó por la cabeza largar el fútbol cuando no jugaba. Este era mi sueño”.

Pero El Tanque Sisley es un club con determinadas particularidades. El propio presidente Freddy Varela reveló a El Observador: “Acá no se le miente al jugador. Se le dice que no va a cobrar todos los meses y el que viene acá sabe que viene a sufrir”.

“Es verdad, el presidente jamás te miente, nos dijo que íbamos a cobrar salteado, pero si sabés las carencias hay que sacrificarse día a día para que te salga algo. Como quien dice, si querés hacer algún mango El Tanque es una vidriera”.

A las diferencias económicas se suman las carencias de infraestructura que generan que la campaña del equipo llame más la atención.

“Hoy se mejoró mucho, pero los jugadores sabemos a lo que vamos y con lo mínimo hay que hacer algo grande. Si tenés una pelota, por la cabeza te tiene que pasar que tenés cinco. Hoy estamos atravesando por un buen momento y estoy agradecido a todo el grupo. Esto viene del semestre pasado cuando demostramos que las carencias que podamos tener con relación a otros equipos, quedan de lado porque en el pasto verde somos todos iguales”, dijo Pérez.

El golero no se queja de su presente. “Económicamente vivo al día. Me da para vivir bien pese a que Montevideo es caro. Pero este es mi esfuerzo. No me olvido de dos personas a las que les tengo que agradecer por esto, que son mi abuelo y a un empleado que se llama Adán que le insistió en llevarme a Melo”.

El destino de Nicola está marcado por su abuelo. Es que no solo fue el que lo puso en el camino del fútbol. El hombre marcó su historia con el arco: “El primer regalo que me hizo fue un equipo completo de golero”.


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