NBA

Durántula, el nuevo rey

Kevin Durant fue electo como el jugador más valioso de la temporada regular de la NBA, en medio de un llamativo cambio de personalidad

Dos vendas, calzado deportivo y una Biblia. Eso es todo lo que cabe en el bolso deportivo de Kevin Durant, el jugador de los Oklahoma City Thunder señalado como el mejor de la actual temporada regular de la NBA.

De perfil bajo y dueño de una gran conciencia social, el alero se dio el gran gusto de desplazar a LeBron James del cetro en plena disputa por el anillo de mejor en la NBA. El jugador, que sumó su galardón como el mejor del año a su cuarto trofeo como máximo anotador de la liga y superó la marca del mítico Michael Jordan, al firmar 41 partidos seguidos anotando más de 30 puntos, se impuso a King James con un total de 1232 votos, contra los 891 del jugador de Miami Heat.

Su romance con la NBA comenzó el 28 de junio de 2007, cuando fue seleccionado por Seattle SuperSonics en la segunda posición del Draft, y no demoró en demostrar su valía. El alero promedió 20,3 puntos por juego para consolidarse como Rookie del Año (jugador debutante más valioso) por delante del interno de Atlanta Hawks, Al Horford.

Pero su incursión en el básquetbol dista de mucho tiempo atrás. Durant cargó con el lastre de un trauma de su niñez. Con sus 2,06 metros a cuestas, siempre fue el más alto de su clase, un rasgo que supo transformar en ventaja competitiva una vez que disputó sus primeros partidos en la secundaria de Maryland.

Fue allí que la vida le dio su primer golpe. Su entrenador, Charles Craig, falleció a los 35 años de edad y esa muerte lo marcó para siempre. En la actualidad, el alero campeón olímpico en 2012 utiliza el 35 como dorsal en su camiseta, como homenaje a su mentor.

Su paso universitario fue un éxito. Comandó a la Universidad de Texas a la final de la conferencia oeste ante Kansas Jayhawks, donde volvió a superar la barrera de los 25 puntos como promedio y recibió el premio a mejor jugador universitario del año. Dos meses más tarde fue seleccionado por Seatlle SuperSonics para iniciar su camino hacia el éxito.

Durant no solo ha dado la nota en la cancha, donde sus registros no se cansan de romper récords, sino también fuera. El 22 de mayo de 2013, y mientras Estados Unidos miraba impactado las imágenes del destrozo que causaba el tornado en Oklahoma, Durant, rápido de reflejos, donó US$ 1 millón para los damnificados del desastre natural, que dejó 21 fallecidos (12 adultos y 9 niños) y 237 heridos.

“A medida que veo las imágenes y el número de víctimas, mayor es mi tristeza, pero a la vez el convencimiento de que juntos vamos a salir adelante. Es el momento de estar más unidos y más juntos para ayudar y demostrar que es ahora cuando tenemos que apoyarnos más que nunca, como los aficionados lo hacen con nosotros cuando estamos en el campo”, expresó en un comunicado.

Dos temporadas atrás, en 2011, Durant se bajó del vehículo que trasladaba a su equipo rumbo a disputar una serie decisiva en los playoffs con una Biblia en su mochila. “Voy a la capilla antes de cada partido, y tengo un director espiritual con el que hablo y que me ayuda enormemente en mi camino hacia el Señor. Cuando era más joven iba mucho más a la iglesia, pero desde que entré en la Universidad voy menos de lo que me gustaría”, dijo cuando fue consultado por sus colegas.

El vestuario se contagió de su fe y del legado que dejó en el grupo el veterano base Kevin Ollie, ya retirado, quien apoyó en todo momento a Durant en su camino religioso. Esos gestos lo transformaron en el asesino con cara de niño que toda competición debe tener para hacerla entretenida.

La contradicción entre un moreno grandote que aplastaba rivales y la imagen de solidario y bonachón enloqueció sanamente a sus fanáticos y lo convirtió en un precioso producto para explotar desde el punto de vista comercial.

Ese giro puede ser peligroso en la vida del astro. Con promesas de relanzar su nombre como una marca de prestigio en el mundo deportivo, el jugador fue tentado por la agencia Roc Nation Sports, propiedad del rapero Jay-Z. La nueva empresa dueña de su imagen comenzó una operación de cambio profunda.

Atrás quedó el Durant sonriente y simpático, para dar lugar a un jugador tipo de la competición. Dientes apretados, ceño fruncido, cruces violentos con rivales, gestos desafiantes y frases picantes forman parte de su nueva carta de presentación, que lo transformaron en el mejor del año.


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