Dos alumnos de la escuela del 3 de Abril

Rodrigo Aguirre y Gastón Rodríguez hicieron los goles más importantes del fin de semana pasado para Liverpool y Wanderers; ambos salieron de este club de baby fútbol que es un ejemplo en el corazón de Paso de la Arena

Se respira barrio al llegar a la Asociación Cultural y Deportiva 3 de Abril. Se respira fútbol en una canchita que tiene su historia.

No es un simple club de baby fútbol. De allí salieron jugadores con renombre como Osvaldo Streccia, Gustavo Varela, Leonel Pilipauskas, Fabián Césaro y el último y más renombrado: Maximiliano Rodríguez, actualmente en Gremio de Porto Alegre. También Emanuel González, quien defendió a la celeste sub 17 en el Mundial de Emiratos Árabes.

No es un simple club de baby fútbol. De martes a viernes, los 140 niños que juegan en sus categorías reciben gratis la merienda.

En pleno corazón del Paso de la Arena, este club que el 25 de agosto celebró 32 años también tuvo en sus filas a los dos hombres que hicieron los goles más importantes de la fecha pasada: Rodrigo Aguirre en Liverpool contra Nacional, y Gastón Rodríguez en Wanderers ante Danubio que llegaba invicto.

La cantina típica de un club de barrio tiene un cartel que dice: “Tres requisitos para pasar bien: no pedir fiado, no fumar adentro y traer buena onda”.

Tanto Rodrigo como Gastón hoy tienen sus corazones en los respectivos equipos. Pero dejaron mucho en esa canchita que tiene césped y todo. E hicieron celebrar y calentar a Álvaro Ponti, el técnico que los dirigió a ambos, más allá de que tienen dos años de diferencia. Claro que también dirigió a Maxi, el hermano mayor de Gastón.

“A Maxi lo dirigí todos los años. Con su padre somos como hermanos y también dirigí a Gastón. De Rodrigo lo que más recuerdo es la humildad, el amor propio y la entrega”, recuerda Ponti.

La cantina sirve también para ver la enorme cantidad de copas ganadas y las fotos de estos y otros jugadores cuando eran chicos.

Por allí corre detrás de una pelota Lautaro, el hijo de un año y medio de Gastón. Lo tuvo muy joven.

– “¿Y vos Rodrigo? ¿Para cuándo?”, inquiere el periodista.

– “Primero tengo que tener novia”, dice el hombre de Liverpool entre risas y hace delirar a los presentes. 

Los dos eran tan buenos que siempre jugaron en la selección de la Liga del Prado.

Rodrigo llegó del Iriarte a los 8 años. Gastón vive al lado de la cancha. Juega desde antes de nacer.

“El técnico Ponti me sacaba porque yo era medio calentón, me sentaba un rato afuera y después me hacía entrar de nuevo”, dice Gastón.

“Yo también era bastante calentón, pero a mí nunca me sacó”, retruca Rodrigo.

Los dos fueron campeones en diferentes categorías, pero entre ellos, el hombre de Wanderers, consiguió más títulos con el 3 de Abril.

“La vez que salimos campeones, no pude jugar porque había ido con Liverpool a un campamento en Paysandú y me picó una avispa en la mano. Tuve una reacción alérgica y me perdí ese partido”, recuerda Rodrigo.

Su extécnico escucha sin opinar, hasta que se le consulta: “Gastón baboseaba a los técnicos contrarios. Un día mandó callar a uno haciéndole un gesto. Era fatal. Hacía calentar a un perro. Lo sacaba de la cancha, pero después lo tenía que poner porque hacía un gol con la espalda. El equipo en el que jugaba Rodrigo, no era tan bueno como el de Gastón, y un día jugábamos con San Francisco una final. Lo fui a buscar y lo encontré jugando descalzo en su barrio. Se cortó el pie. Lo vendamos y jugó igual y fuimos campeones”.

Claro que hoy viven un presente diferente. Rodrigo con la alegría de la revancha. “Sí, esto que me pasa es una especie de revancha. Cuando el 29 de mayo me internaron ocho días con pericarditis y una semana después se fueron mis compañeros de selección al Mundial sub 20, fue un golpe tremendo. Pero tenía amigos y familiares que me decían que en el fútbol como en la vida hay revanchas. Y la del sábado fue muy buena. Pude hacerle un gol a Nacional en el Parque Central casi en la hora para dar vuelta el partido. Liverpool nunca había ganado en el Parque y hacía cinco años que no le ganaba. Fue como un sueño”, explica.

Y agrega: “Además, no sabía si iba a jugar porque no entrené durante casi toda la semana. Ganar en esa cancha que es chica en la que había mucha gente, que te cuesta concentrarte y con toda su hinchada en contra, tiene un sabor especial”.

Gastón afirma que el gol que le hizo a Danubio “sirvió para el grupo. Veníamos golpeados de no ganar en seis partidos. Le habíamos ganado solo a Liverpool (y se queda mirando a su amigo que juega allí”. “Ni nos cruzamos en la cancha”, le retruca Rodrigo.

Los ojos, las manos, los pies y la vida de Gastón están puestos en Lautaro, su hijo. “Es lo más lindo que me pasó en la vida. Voy a dar todo por él. Mi sueño es jugar en la selección”, afirma.

Habla Rodrigo: “Después de perderme el Mundial por ese problema de salud, ahora estoy disfrutando de este momento”.

Y su amigo Gastón –quien no oculta que venera a su hermano Maxi y se nota que lo extraña– lo apoya: “No es fácil perderse un Mundial. Él usó esa camiseta que es la más linda”.

Lautaro ya terminó de correr por ahí. Las copas del club 3 de Abril, del que ambos salieron, son testigos mudos de la charla. Su extécnico allí, está feliz: “Verlos triunfar hoy me emociona y me llena de orgullo a mí y al club. Gastón, que vive acá al lado, es ídolo en el barrio. Rodrigo, cuando pasa por acá, también. No se dan cuenta lo que significan para los chiquilines”.

EL PRESIDENTE DE ENFERMERO
El presidente del club, Andrés Salazar, es, a su vez, enfermero del CTI de Médica Uruguaya. Casualmente, a fines de mayo, cuando fue internado durante ocho días Rodrigo Aguirre con su pericarditis y no se sabía bien qué tenía, él lo veía todos los días y tenía noticias de primera mano. Entonces, cuando ya la cosa estaba un poco mejor, le pasaba el celular medio a escondidas a Rodrigo para que pudiera hablar con los amigos y vecinos del 3 de Abril. “La gente del barrio me levantaba el ánimo en un momento complicado. Estuvo muy bueno y es otro gran recuerdo”, dice Rodrigo.

CÓMO LLEGARON AMBOS A SUS CLUBES ACTUALES
Rodrigo Aguirre estaba jugando el campeonato de selecciones de baby en la cancha de La Lata. Entonces lo vio Gonzalo Mattos. Tenía 12 años y lo llevó a la Preséptima que dirigía entonces Diego De Marco. Con el paso del tiempo, dio la casualidad que fue el mismo técnico quien lo hizo debutar en Primera con tan solo 16 años. Por su parte, a Gastón lo llevó a Wanderers Gastón Machado. “Estaba en Danubio y no jugaba, no me tenían en cuenta y él me llevó a Wanderers”, recuerda. Tenía 15 años y fue directo a la Séptima que dirigía el Canario Márquez. Su hermano mayor Maxi –hoy en Gremio– fue quien le dio  los principales consejos en el club.


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