Diogo Silvestre cambió la verdeamarela por la mirasol

El nuevo lateral izquierdo de Peñarol fue subcapitán del Brasil vice campeón mundial sub20 2009 y ahora recaló en el fútbol uruguayo

"Vení, presioná, volvé, cubrí, baja, agresivo sin falta, andate, apoyate”. Todas esas palabras fueron lanzadas en forma de gritos. Los emisores: Pablo Migliore, Darío Rodríguez, Damián Macaluso y Sebastián Píriz, los cuatro jugadores titulares de Peñarol que más hablan en la cancha para ordenar al compañero que parece perdido. ¿El receptor de todas las indicaciones? Es uno solo: Diogo Silvestre Bittencourt.

El brasileño nacido en Paranavaí hace 25 años es una de las nuevas caras de Peñarol y pese a que ya pasaron más de 30 días de su arribo, sigue en el proceso de adaptación a una nueva ciudad, a un equipo grande, al reconocimiento de los hinchas en la calle que le gritan cosas que no entiende y lo principal, a un nuevo idioma que lo tiene a maltraer.

Tímido y reconociendo sus problemas con el idioma español, enfrentó a la prensa en conferencia luego de la victoria amistosa ante Sud América por 2-0, para luego atender en soledad a El Observador para contar su historia y detalles de una corta carrera que lo llevó a vestir siete camisetas: San Pablo, Toledo y Goiás, Anderlecht, Sporting Braga, Fériense y ahora en Peñarol.

“Estoy muy tranquilo. Enfocado en dar el máximo y ayudar al equipo en todo lo que sea posible. Hay un gran compañerismo en este plantel de Peñarol y gracias a Dios me encontré con un plantel espectacular”, suelta apenas se prende el grabador, al tiempo que confiesa que Emilio MacEachen es su socio dentro del equipo mirasol, ya que fue el encargado de mostrarle la ciudad y dialoga con él en portugués, para alivar un poco el dolor de cabeza que le provoca esforzarse para entender el español con que le gritan sus compañeros.

“Fossati también me habla en portugués y lo hace en privado para ayudarme a comprender las indicaciones tácticas y no perderme en la cancha, pero en la cancha él habla español, porque tiene que ser así, si habla en portugués la mayoría de los compañeros no entiende. Entonces habla español y cuando no entiendo yo pregunto”, confiesa a las risas.

Diogo sabe que en Peñarol tiene una posibilidad única: mostrarse en un equipo que de por sí es una vidriera internacional para volver a pegar el salto internacional a Europa, donde ya estuvo defendiendo a clubes de Bélgica y Portugal.

Pero hay una experiencia que le quedó marcada a fuego: la Copa del Mundo sub 20 de Egipto de 2009, cuando, como subcapitán de Brasil, eliminó a Uruguay en octavos de final en Puerto Saíd. Ese partido, reconoce, fue fundamental para que el equipo brasileño ganara en confianza rumbo a la final del certamen. Brasil fue demasiado para ese equipo de Diego Aguirre, que apenas pudo descontar por intermedio de Jonathan Urretaviscaya, luego de los goles de Alan Kardek y un doblete de Alex Teixeira.

Luego de eliminar a los celestes, Brasil superó a Alemania y Costa Rica en cuartos de final y semifinal respectivamente para enfrentarse a Ghana en la final, cuando un empate sin goles y la posterior definición por penales los dejó en la puerta de la gloria.

La pregunta se imponía. ¿Qué pasó en el medio para que un finalista de un Mundial juvenil con Brasil firme su vinculación a Peñarol?

“Antiguamente fui subcapitán de la selección sub 20 de Brasil, pero eso no me imposibilita de jugar en Uruguay. Para mí es un privilegio jugar en un equipo como Peñarol, que es un grande del mundo y en el cual han jugado muchos jugadores de renombre y jerarquía. Yo estoy aquí como un jugador normal y quiero dar todo de mi para ayudar a Peñarol”, se sincera Diogo, serio, como jugó ante Sud América, partido del cual salió sentido en un tobillo producto de una dura entrada de un jugador rival.

Genéticamente pícaro, como todo jugador oriundo de Brasil, se presentó en la conferencia de prensa y la única palabra que dijo en español fue “patada”, lo que generó las risas de los periodistas presentes y hasta del propio futbolista, quien reconoció no tener timidez en devolverlas.

Desde su llegada a Peñarol, Fossati lo utilizó en un sistema táctico 3-3-2-2, como integrante de la segunda línea de tres hombres volcado hacia la izquierda, con la misión de descolgarse hacia el ataque cuando el aurinegro está en posiciones ofensivas y replegarse como lateral por su banda cuando toca defender.

De ahí los gritos de sus compañeros, para que entienda un sistema que nunca utilizó y está ensayando.

Diogo tiene claro que el fútbol uruguayo es más áspero que el brasileño y el portugués, pero asegura estar preparado para el reto, pese a que se lo observó con poca predisposición defensiva a la hora de relevar a sus compañeros cuando perdía la pelota en tres cuartos de cancha rival: “Los brasileños tenemos la caracteristica de irnos al ataque y no volver, pero yo soy consciente de que estoy jugando en Uruguay y tengo que aprender la forma del juego acá. Cada día en los entrenamientos voy ganando condición física, voy llegando a mi nivel para los relevos y para poder adaptarme al nivel que tienen mis compañeros. En un mes más voy a estar en plenitud y recuperar mi mejor versión”.

La última Copa del Mundo de Brasil no podía faltar en la charla con el lateral mirasol, quien sufrió el desempeño de su selección desde el televisor de Los Aromos: “Quedé muy triste, esperaba mucho de la selección brasileña, pero son cosas del fútbol, momentos y circunstancias donde la selección no estuvo fuerte de cabeza. Brasil tiene muchos títulos, es un equipo con mucha historia y no debe pasar vergüenza ni bajar la cabeza por un mal momento. Los hinchas de brasil deben estar agradecidos, la camiseta verdeamarela tiene mucha gloria y debemos caminar con la frente en alto”.


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