Diego Rossi, el pibe que no se quiere marear

En su segundo partido en Peñarol hizo su primer tanto y dio una gran mano para darlo vuelta y ganarle a Rentistas; hoy juega y estudia, y dice: "Mi trabajo es hacer goles"

El lado manya de Solymar se estremeció. Era la noche del domingo y uno de sus hijos pródigos, Diego Rossi, había tenido su bautismo de gol en su debut en el Campeonato Uruguayo y en su segundo encuentro con la camiseta de Peñarol.

"Je, a ver si ahora vienen varios goles más. Eso espero", dijo sonriendo el delantero a Referí el día después de esa noche mágica para él.

Y agregó: "El gol fue algo inexplicable porque era como el inicio de la culminación luego de tanto tiempo esperando por poder debutar en la Primera de Peñarol".

Aparenta más de 18 años por su forma de hablar y expresarse. "Me siento maduro y creo que el fútbol ayuda porque te va dando esa madurez. Hay que madurar obligado", dice.

Entonces contó que "cuando llegué a casa, mis viejos –quienes habían ido a verme al Centenario– estaban como locos. Fue una emoción terrible verlos allí felices. Porque entre los dos me llevaron a todas las prácticas que tuve a lo largo de mi carrera como juvenil, dejando otras cosas de lado. Fue como una devolución hacia ellos".

Empezó en el baby fútbol en Uruguay Solymar, en el mismo equipo que había jugado años antes Carlos Valdez.

Cuando integró la selección de la Liga de Baby que tenía un convenio con Peñarol, fue a jugar a Brasil y lo vio Néstor Gonçálvez (h). Tenía 10 años y a partir de allí ya hace ocho que está en el club. "Pasé por todas las inferiores del club. Somos de la generación que inauguró el Centro de Alto Rendimiento (CAR)", añadió.

Al mismo tiempo que juega, Diego también estudia en el Liceo Alternativo de Solymar. Está cursando sexto año de Medicina, pero está seguro que no será médico. "No, médico no voy a ser. Voy a ver qué es lo que estudio cuando termine el liceo", dice sonriendo. Y, a su vez, admite que "jugar y estudiar es un poco cansador, es complicado, pero voy a seguir haciéndolo".

Reconoce que "mis viejos me inculcaron el estudio, y de grande me di cuenta que es fundamental para mi futuro cuando algún día pueda dejar el fútbol y también para jugar con otra cabeza. Te sirve para no marearte, porque el estudio te va abriendo la cabeza y te va ejercitando para todo".

"Si hay algo que tengo claro, es que sigo siendo el mismo que antes de debutar con Peñarol. No hay por qué cambiar", indicó el delantero.

También dice que el domingo "fue el día más feliz de mi vida en mi carrera, porque pude hacer un gol y era un sueño que buscaba desde chico".

No lleva un cuaderno ni un Excel con sus partidos y goles, pero tiene claro que "hasta ahora son 120 en juveniles. Voy llevando la cuenta".

Si bien admite que en su familia atravesaron "momentos difíciles en lo económico", nunca tuvo que dar una mano a sus padres con el trabajo. "Por suerte, nunca nos faltó nada ni a mí ni a mis dos hermanos menores".

Justamente, su hermano menor, Nicolás, juega actualmente en la Séptima división y siempre está la leyenda mundial de que los hermanos de las figuras (o futura figura en su caso), juegan mejor.

"Sí, debe ser mejor que yo. Juega muy bien", indica sonriendo. "Alterna como media punta o enganche y creo que va a llegar también", se aventura a adelantar. Su hermanita de 5 años "se pone como loca cuando juego. Es que en casa son todos manyas".

Parece un cuento pero hoy comparte vestuario "con figuras que antes solo veía por televisión, los admiraba. Ahora son compañeros que te dan toda su confianza".

Y recuerda la anécdota de Diego Forlán en el Mundial de Sudáfrica: "Cada vez que Uruguay avanzaba en sus partidos, salíamos todos a la calle acá en Solymar y gritábamos y festejábamos. Él nos dio el sueño de creer en aquella selección de Sudáfrica. Con las vueltas de la vida, hoy comparto vestuario con él y recibo sus consejos. ¡Es increíble!"

En La Escuelita de Peñarol, ni bien llegó al club se conoció con Federico Valverde. "Somos diferentes. Él tiene mucha técnica, yo soy movedizo, juego por todo el frente de ataque, pero nos complementamos bien. El sueño de jugar juntos se cumplió y justo cuando me di vuelta para festejar mi gol, lo hice con él porque era quien venía al lado mío".

Su ídolo es "Luis Suárez por la forma de juego que tiene y la posición que se mueve en la cancha. Tenemos estilos parecidos, pero él está en otra dimensión. Es un fuera de serie".

Pasó por las selecciones nacionales sub 15, sub 17, sub 18 y ahora está en la sub 20 y tiene más de 20 goles. Tuvo como técnicos a Santiago Ostolaza, Alejandro Garay y a Fabián Coito.

Y habla de Tabárez: "El Maestro siempre está mirando los entrenamientos de los juveniles. Nos saluda, nos conoce y nos aconseja. Es importante que se fije en las generaciones que se vienen y abarca muchas áreas".

En Peñarol lo dirigieron el Chueco Perdomo, Robert Lima, Ramiro Martínez y Álvaro Regueira en un solo partido. Reconoce que con el trabajo de Víctor Púa, Juan Ahuntchain y ahora Fernando Curutchet, "el club se organizó mucho más y se está apostando a cosas mejores".

La aventura ya comenzó. El Polilla le abrió las puertas de Primera y él no quiere desentonar, aunque tiene claro que hay que ir despacio. De todas formas, también sabe qué escribir cuando viaja en avión y le preguntan por su profesión en un formulario: "Mi trabajo es hacer goles".



EL PRIMER GOL CON LA AURINEGRA

Hacía 10 minutos que había ingresado en lugar de Diego Forlán y recibió la pelota en tres cuartos de cancha. "Vi cómo venía la jugada, fue muy rápida, eludí a dos e intenté colocarla contra el palo".


20 goles. Y algunos más son los que dice que ha convertido en todas las categorias juveniles de las selecciones nacionales.

120 tantos. Lleva anotados en las distintas divisiones menores de Peñarol desde su debut.

8 años. Hace que está en Peñarol. Llegó de la mano de Néstor Gonçálvez (h) cuando tenía tan solo 10.


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