Dibuje Diego, dibuje

Peñarol venció a Liverpool con la magia de Forlán y alcanzó a Nacional en la cima del torneo
La jugada permanecerá prendida en las retinas de los hinchas de Peñarol durante muchos años.

Diego Forlán amaga a patear de derecha y engancha para la zurda. La sensación de gol aparece de súbito. Como en el Holanda-Uruguay del Mundial 2010.

Pero el 10 decide encarar, con quinta a fondo a pesar de los 36 años. Pasa de largo Sebastián Rodríguez, queda desairado Cristian Almeida, no llega Damián Macaluso, se zambulle Facundo Mallo y nada puede hacer. La saeta rubia –impulsado por el corazón de hincha y determinado por su condición de líder– llega al fondo y asiste. A Luis Aguiar solo le toca empujarla.

Peñarol pasa a ganarle 2 a 1 a Liverpool. En el momento menos pensado. Cuando el negriazul mandaba y el aurinegro se veía sometido.

Así son los cracks. Y así de gravitante fue Forlán para explicar el resultado que llevó al carbonero a compartir la cima del Apertura con Nacional que el sábado cayó ante Sud América.

Porque el primer tiempo fue parejo, pero bastaron que aparecieran un par de destellos de la clase de Forlán para que Peñarol se pusiera a ganar en su visita a Belvedere.

En un partido cerrado y parejo donde el balón largo predominó sobre el juego asociado, el 10 apareció con un tremendo derechazo desde afuera del área para que Marcelo Zalayeta abriera el marcador a los 17' al pescar un rebote largo de Jorge Bava.

Primer acto de magia de Forlán: hizo que Zalayeta rompiera una sequía goleadora de 12 partidos.

Después metió un tiro libre en el que Bava respondió bien.

Con un 4-3-3 en el que Forlán rotó de la punta derecha al medio con Zalayeta e intentó replegarse para armar juego con Aguiar, Peñarol controló el primer tiempo.

Liverpool, que no fue agresivo con la presión alta de su dibujo 4-2-3-1, mostró sus cartas en el arranque con un par de desbordesde Renato César por el costado que ayer custodió Gianni Rodríguez, sustituto de Diogo.

Pero después se las guardó y no generó más acción de riesgo que un centro cruzado de César en el que Matías Aguirregaray llegó justito para cerrar la aparición de Junior Arias por el centro del área.

Con un Aguiar participativo, Peñarol encontró en la velocidad de Martín Luque las vías para inquietar a Liverpool.

Pero el gol de ventaja con el que cerró el tiempo inicial, modificó la actitud del equipo.

En el segundo tiempo, Peñarol fue una cautela más parecida al miedo que a la actitud agazapada para salir de contragolpe.

Liverpool creció con el ingreso de Rocky Balboa para acompañar a Arias en el centro del área y cuando Paulo Pezzolano sustituyó a un opaco Nicolás De la Cruz, encontró a un conductor confiable y a un guía que empezó a liderar el fútbol del local con zurda por banda derecha.

Tanto se inclinó la cancha que la primera conexión entre Pezzolano y Balboa –solito en el área–, a los 56', terminó en la red.

Retrasado en el campo por su actitud cautelosa y sitiado por el ímpetu de malón de Liverpool, Peñarol quedó al borde del golpe de gracia.

Gastón Guruceaga no pudo resolver con solvencia las pelotas áreas que le llegaron, los laterales se vieron desbordados y una aparición en la línea de Carlos Valdez –ayudado por el horizontal– sostuvo al equipo angustiosamente.

Entonces apareció Forlán. Con Peñarol dominado. El 10 encontró el camino y en la jugada del campeonato hizo que Aguiar pusiera el 2 a 1.

El local acusó el impacto. Píriz creció al límite de hacerse impasable en el medio. Guillermo Rodríguez blindó la extrema retaguardia elevando el nivel al que venía jugando Carlos Valdez.

El ingreso de Nicolás Albarracín, además, le dio un aire distinto en ofensiva. Un toque de frescura, pese a que sus primeras jugadas naufragaron en pases estériles.

Así llegó el toque de gracia. Del Vasquito Aguirregaray tras pase de Albarracín, enganche y gran definición.

Y así Peñarol se trepó a la cima del campeonato. En el escenario más difícil –el que plantea Liverpool en Belvedere– y en el momento más complicado. Porque lo tiene a Forlán.


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